Cambio climático: Medidas de adaptación y mitigación

Por Ricardo Andrés Moreno Pelizari

Sólo desde la realidad humana comunitaria es posible que nazcan las soluciones locales apropiadas a los problemas que presenta el cambio climático: soluciones humanas, creativas, complejas, integradoras y colaborativas.

Los expertos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático dicen que, si el cambio climático sigue su curso, se producirán con mayor frecuencia eventos meteorológicos cada vez más extremos.

Los principales efectos que estos eventos tendrían en la población son predecibles: Escasez de agua debido a las sequías, desabastecimiento de alimentos debido a las pérdidas de cosechas, aumento de enfermedades infectocontagiosas debido a la falta de agua y comida, y alta inestabilidad social.

Lo que conviene hacer a corto plazo es potenciar y acelerar el desarrollo local y asegurar a la población estableciendo medidas como: Priorizar la formación de pactos nacionales y regionales por sobre los acuerdos internacionales, fomentar las iniciativas locales, robustecer y darle mayor autonomía a las comunidades y asociaciones pequeñas, reubicar a las personas que habiten zonas de riesgo, educar a la población sobre distintas estrategias de supervivencia, establecer cadenas alternativas de producción de alimentos, asegurar la disponibilidad de agua y comida, y buscar formas de mantener las telecomunicaciones operativas. Son medidas que tomaría cualquier dueña o dueño de casa.

Considero que disminuir las emisiones de CO2 es una meta irrelevante e injusta para un país tan pequeño como el nuestro. Nuestro país contribuye con una fracción minúscula del total de emisiones y no tenemos un presupuesto ilimitado. Antes de pretender reducir nuestras emisiones de CO2 nos conviene establecer medidas locales de adaptación y mitigación, medidas factibles y realmente útiles que consideren nuestra configuración geográfica, nuestras desventajas, y todas nuestras ventajas y fortalezas.

Somos un país pobre, subdesarrollado y altamente desigual. La extrema desigualdad que se vive en los países sudamericanos permite que haya personas que viven como si estuvieran en un país desarrollado como Noruega o Francia, estando dentro de Chile. Los ricos no ven a los pobres. La increíble desigualdad que existe en nuestros países crea un excelente escenario para no vernos, para escapar de nuestros deberes sociales y negar al otro. Por eso se diseñan leyes y se programan gobiernos sin aceptar un hecho comprobable y fundamental: somos un país pobre y subdesarrollado.

Preocuparnos por bajar las emisiones de CO2 es como querer comprar una bufanda muy cara que no va a alcanzar a cubrir nuestras vergüenzas. Porque, en realidad, no queremos desarrollarnos. Lo que queremos es adquirir ciertos distintivos para poder decir que somos desarrollados.

Si se puede invertir en algo, que se invierta en todos los objetivos básicos de desarrollo que aún no hemos alcanzado. Que se reforme el sistema de salud y educación, que se reforme el sistema de pensiones, que se reajusten los sueldos, que se mejore el sistema de transporte…

Si no se quiere o no se puede invertir recursos en realizar reformas profundas, entonces que al menos se solucionen necesidades más inmediatas. Que se invierta en viviendas sólidas para quienes viven mal, viviendas con saneamiento básico y agua potable, que se invierta en reubicar a las personas que viven en zona de riesgo de inundaciones, marejadas, erupciones volcánicas, contaminación o extrema sequía. Que se establezcan reservas de alimentos no perecibles, que se generen alternativas para obtener comida fresca, que se asegure la provisión de agua y que se invierta en construir plantas de desalinización, que es la tecnología para obtener agua potable del agua de mar. Que se diseñen buenas alternativas de transporte. Que se invierta en acomodar las ciudades para los eventos climáticos que van a ser más frecuentes en este tiempo, que se regularice el alcantarillado y la red de aguas de lluvia. Que se trabaje para proteger nuestra frágil actividad agrícola. Que se mantengan limpios los bosques, con los cortafuegos y todas las medidas de seguridad que corresponda…

Hay otras medidas que no requieren dinero, pero que sí exigen aceptar nuestra realidad, para disponernos a “arar con los bueyes que hay”.

Lo más importante que podemos hacer y que no significa gastar dinero es fomentar iniciativas de asociación y cooperación, empleando los canales ya existentes.

Lo que ha hecho fuerte a la humanidad no es el desarrollo tecnológico sino la voluntad de construir y cultivar en comunidad.

Lo urgente es dejar de ver a los demás como enemigos. Necesitamos recuperar la confianza en nuestros vecinos, necesitamos volver a confiar en nuestras propias familias, muchas veces divididas por tonterías. Lo más importante que podemos hacer es entender que, para poder adaptarnos, necesitamos estar juntos, necesitamos derrumbar las estúpidas murallas que hemos inventado, para poder aceptarnos, congregarnos y colaborar.

Es importante es que reconozcamos que el individualismo es una gran trampa: sólo somos fuertes cuando SOMOS. Es en la intimidad del convivir humano donde surge nuestra mayor riqueza y nuestra fuerza verdadera. Sólo desde esa realidad humana comunitaria es posible que nazcan las soluciones locales apropiadas a los problemas que presenta el cambio climático: soluciones humanas, creativas, complejas, integradoras y colaborativas.

Si nosotros como país lográramos adaptarnos adecuadamente a estos cambios que estamos experimentando, desde nuestra realidad concreta, podríamos ayudar a que otros países también entendieran cómo adaptarse. Esa podría ser una contribución mucho mayor que bajar nuestras emisiones de CO2.

Nadie velará por nosotros. Somos nosotros los que debemos informarnos y decidir qué información creer, nosotros debemos prepararnos y protegernos, nosotros debemos atrevernos a asociarnos y conformar nuevas comunidades. Es mejor que nos demos cuenta de que ningún gobierno será capaz de hacerse cargo de nosotros.




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