Canallas…..

Como es sabido, nuestro campo de flores bordado es la copia feliz del Edén… Amén de ser la tumba de los libres y el bacilo de la opresión

El destino de la mano de obra inmigrada en Chile no tiene nada que envidiarle a la sufrida por los voltaicos inmigrados hace 40 años en Costa de Marfil… Los habitantes del país que hoy se llama Burkina Faso, desterrados en Abidjan, solo eran miserables entre los miserables…

El jueves 5 de septiembre, de la casona ubicada en calle Ejército Libertador 648, fueron desalojados y lanzados a la vereda, cincuenta y dos inmigrantes, en su mayoría peruanos, algunos haitianos y colombianos; hombres, mujeres y niños.

En mi camino hacia la oficina, les he visto salir por las mañanas, sobre todo a niños acompañados de sus madres, dirigiéndose a la escuela… Asimismo, a hombres con sus enseres de trabajo: carros de supermercado con naranjas y adminículos para exprimir jugo que venderán a mil pesos el vaso; también con herramientas de albañiles y carpinteros.

Mujeres a trabajar de empleadas domésticas (nanas, les dicen los momios siúticos de este país de cursis), o a otros variados menesteres y labores, que en esto de trabajar, las féminas siempre nos llevarán la delantera, aunque se les pague bastante menos que a los varones.

Hace tres años, un grupo reducido de «okupas» penetró en la vieja mansión abandonada. Mas, como buenos «emprendedores», al mejor estilo Piñera y Cómplices S.A., urdieron un pingüe negocio: subdividir las cuarenta habitaciones en cuartuchos miserables para cobijar a individuos más miserables que ellos, alquilándoles diez metros cuadrados por 200 ó 250 dólares al mes, dinero «sagrado», que si no pagaban puntualmente, les acarreaba de inmediato una violenta expulsión…

Pues bien, ocurrió lo previsible; los propietarios del inmueble -o sus representantes-, interpusieron una demanda judicial que culminó en el desalojo, alcalde Alessandri mediante, carcamal de la Derecha que está empeñado en «limpiar» Santiago, comenzando por los inmigrantes y vendedores callejeros. Su destino lógico será el de los campamentos de la periferia, que en cuatro años han proliferado un 25%. Es decir, relegarlos a donde sean menos visibles, porque lo que no se ve suele ser menos amenazante… contra el máximo valor de este sistema: la propiedad privada.

Esta noticia no ha sido del interés mediático de ningún canal de televisión ni de esas radio donde dialogan los periodistas «amarillos» -léase Tele13 Radio-, blanqueando a militares y carabineros, dando tribuna a directivos de AFP y empresarios forestales, entre otros «próceres» del Chile edénico y expoliador.

De regreso de la oficina, a las siete de la tarde, los desalojados permanecían en las veredas… Un viejo que salía de un edificio de departamentos aledaño, comentó:

-Pero ha sido un desalojo pacífico, sin estruendo.

-Tiene razón -le digo. La miseria es silenciosa, salvo cuando se enciende la mecha de la revolución.




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