Chile: ¿desarrollo frustrado o subdesarrollo forzado?

Roberto Pizarro abrió un interesante debate sobre el tema «el desarrollo frustrado de Chile». El lector encontrará su texto al final de la nota de Luis Casado, quien aborda el aspecto relativo a la ausencia de autonomía, o independencia, de los países del Tercer Mundo a la hora de decidir de su propio destino.

Nuestro amigo Roberto Pizarro acaba de publicar en América-economía una muy interesante nota cuyo título nos interpela: “Chile: otra vez el desarrollo frustrado”.Pizarro es un economista digno de crédito. Cuando sostiene que en nuestra corta historia se dieron algunos periodos de crecimiento algo más coherentes que el desorden reinante, lo hace escarbando con cuidado en el pasado, buscando autorizadas referencias.

Cuando afirma que la responsabilidad de la triste frustración de un desarrollo económico sustentable, –cuyos frutos hubiesen podido beneficiar a la inmensa mayoría de población–, recae en la ausencia de “una política industrial”, Pizarro apunta con justeza a la incuria, la irresponsabilidad, la incompetencia y la sumisión a intereses foráneos de los sectores sociales que han conducido los destinos del país durante décadas.Pizarro sabe, porque participó en ello, que en los años 1960 y siguientes la simple definición de lo que es el “desarrollo” fue objeto de encendidos debates en América Latina y el mundo.

Quienes sostenían –y sostienen aun– que el “desarrollo” se resume al crecimiento de algunas cifras y de ciertos índices, o aun peor, al crecimiento a secas, han dominado la “ciencia” económica formando parte de los areópagos que difunden el dogma de Washington a Buenos Aires y de Chicago a Santiago, y están presentes en todos los centros del pensamiento oficial y autorizado.Todo lo cual plantea una cuestión ausente de la nota de Pizarro, ausencia que se explica por la necesaria brevedad de las notas periodísticas que hace imposible un análisis exhaustivo de cada tema.

Esa cuestión es la de la división internacional de trabajo o, si se prefiere, la del dominio sin contrapeso ejercido por los sucesivos imperios que se repartieron el mundo, o aun, la de la colonización de las economías del Tercer Mundo, simples apéndices de las estrategias económicas de las metrópolis.

En una monografía que escribí en la segunda mitad del año 1981, “América Latina: transferencias de tecnología y desarrollo”, subrayé las constataciones a las que habían llegado todos los economistas que se ocuparon seriamente del tema, incluyendo las muy inútiles organizaciones internacionales como el Banco Mundial, el FMI y la OCDE: solo se transfieren tecnologías obsoletas y siempre en el interés y en provecho de quien las transfiere.

“…la riqueza más segura consiste en la multitud de pobres laboriosos… Para que la sociedad sea feliz y el pueblo esté contento incluso de su penosa suerte, es necesario que la gran mayoría permanezca tan ignorante como pobre. Los conocimientos desarrollan y multiplican nuestros deseos, y mientras menos desea un hombre, más fáciles de satisfacer son sus deseos.” (Bernard de Mandeville. “The Fable of the Bees.” 5a Ed. 1728. Citado por Karl Marx. El Capital).

Mejor aun, las tecnologías tienen esa maravillosa propiedad que hace que quien las “cede” –cualquiera sea el precio– sigue siendo su propietario y sigue gozando de todos los derechos de esa propiedad.De ese modo fueron transferidas al Tercer Mundo las manufacturas más contaminantes, así como las tareas productivas más embrutecedoras, logrando con ello mantener en un nivel muy bajo la formación profesional de la inmensa mayoría de los trabajadores asalariados y el de sus respectivos salarios.¿Desarrollo? Pizarro hace referencia a la baja productividad de los trabajadores chilenos y la insuficiente formación profesional que prevalece en el país: la explicación es tan sencilla que ningún economista neoliberal podría entenderla.

El papel que los imperios le asignan al Tercer Mundo en la división internacional del trabajo no requiere una alta calificación, ni siquiera –y sobre todo– en los empresarios.El crecimiento basado en el llamado modelo extractivista y el recurso a las exportaciones masivas de materias primas y productos básicos no se diferencia mucho de lo que precede.Acelerar la depredación de las riquezas básicas y la destrucción del medio ambiente, dejando atrás –a cargo de los pueblos– las benditas externalidades negativas, no puede ser asimilado a la noción de desarrollo.

Tanto más cuanto que el instrumento para medir el crecimiento que asimilan al desarrollo, –el PIB–, no sirve para eso según advirtió en su día su propio creador, Simon Kuznets, economista ruso avecindado en los EEUU.En el prólogo al texto ya citado más arriba, escrito para la edición del año 2001, yo escribía:“Por todo lo que se agitan con el “modelo exportador” los “empresarios moscas” de América Latina y unos cuantos gobernantes que olvidaron su pasado progresista, en el año 2000 la región representaba sólo 5,5% de las exportaciones mundiales comparado con un 10,6% en 1948.

La participación de América Latina en los intercambios económicos planetarios se reduce. Vaya crecimiento… Por otra parte, profundas mutaciones tecnológicas anuncian una sociedad post-industrial, relativizando el interés que supusieron antaño las manufacturas y los grandes conglomerados industriales.En el ámbito de las nuevas tecnologías, no solo Chile sino América Latina en su conjunto están completamente ausentes en la investigación y desarrollo (I+D) de productos innovadores, así como de su producción.

América Latina continua exportando sobre todo materias primas y productos básicos: 85% del total de exportaciones en el año 2000, -el mismo porcentaje que en los años 1980-, situación que como destaca Pizarro no ha cambiado significativamente al día de hoy.Entre los 30 primeros exportadores de productos de fuerte contenido tecnológico del mundo a principios de siglo, de América del Sur sólo figura Brasil con 4 mil millones de dólares sobre un total de 1,087 billones, o sea un ridículo 0,00367 del total.

Si sumamos las exportaciones tecnológicas de México (con inversión fuertemente dominada por los USA en el seno de la ALENA) las exportaciones tecnológicas “latinoamericanas” sumaban 42 mil millones de dólares, o sea sólo 3,86% del total (PNUD. Rapport mondial sur le développement humain 2001).La conclusión me parecía extremadamente clara: la inversión extranjera y las políticas neoliberales fueron definidas, adoptadas e implementadas desde el extranjero, en el marco de la protección de intereses foráneos.

“Un rápido examen de la situación de América Latina en la hora actual, y el análisis de las cifras disponibles, nos muestran que ambas han contribuido más bien a perpetuar y a agudizar los viejos problemas: subdesarrollo, miseria, dependencia, endeudamiento, retrógrada e injusta distribución del ingreso, deformación de las economías locales, déficit de educación y de formación profesional, salud pública a niveles indignos, etc.”

Por otra parte no quiero pasar por alto un elemento que me parece importante: la cuestión del valor añadido.Un cuidadoso análisis de la contabilidad y de los Balances (Annual Report) de las principales compañías mineras presentes en Chile muestra que el trabajador minero más modesto genera más valor añadido que un ingeniero o que un cirujano. Es poco probable que el procesamiento de los minerales en Chile –por deseable que sea y desde luego lo es– pueda generar una masa de valor añadido similar a la de la extracción del mineral.Paul Krugman, en su libro “La mundialización no es la culpable”, muestra que diferentes sectores productivos, a priori sin ninguna sofisticación particular, ostentan los valores añadidos más altos de la industria.

Si hago el alcance, es porque países del llamado Primer Mundo tienen una estructura productiva en la que el aporte de los sectores primario, secundario y terciario son similares a los del Tercer Mundo, y en los que las materias primas juegan un papel no despreciable.Es el caso Noruega, país en el que la distribución del PIB por sector de la economía es el siguiente:• sector primario: 3 %• sector secundario: 32 % (14 % para los hidrocarburos)• sector terciario: 65 %Chile ostenta una distribución muy similar:• sector primario: 4 %• sector secundario: 31 %, (14 % para la minería)• sector terciario: 65 %Desde el año 1986 los noruegos trabajan 7:30 horas cinco días a la semana, lo que da una semana laboral de 37 horas y media.

La Confederación de sindicatos (LO) busca lograr la jornada laboral de seis horas (30 horas semanales) en el año 2020… o sea el año próximo. Curiosamente, Noruega no se ha hundido…El caso de Noruega prueba al menos que disponer de riquezas básicas no es necesariamente una “maldición”. “La maldición de sus riquezas básicas” es la explicación que suelen entregar los economistas para el subdesarrollo de países ricos en materias primas.¿Y si la explicación residiese más bien en el grado de autonomía o de independencia de cada país con relación a los imperios que dominan el mundo? Dicho de otro modo, en su capacidad a definir políticas económicas que beneficien a su propia población, no a los capitales foráneos.

¿Y si la explicación del nivel de vida de Noruega, país clasificado en el primer lugar del mundo en el Índice de Desarrollo Humano del PNUD, tuviese que ver con la justa distribución de la riqueza y con el alto nivel de educación y formación profesional de los noruegos?El índice de Gini establece la justicia relativa de la distribución del ingreso en cada país. El índice de Gini de Noruega es de 27,5, uno de los mejores de la OCDE, mientras el mismo índice en Chile es de 46,6, uno de los peores del continente americano.

¿Y si el desarrollo tuviese que ver con la justa distribución del ingreso?Eso pensaba David Ricardo, uno de los fundadores de la economía clásica, cuando en el año 1820 le escribió a Thomas Malthus, uno de sus pares:

“La economía política es, en su opinión, una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza. Yo estimo por el contrario que ella debe ser definida como una investigación sobre su distribución… Cada día me convenzo más de que el primer estudio es vano, y que el segundo constituye el verdadero objeto de la ciencia”.

Volviendo al tema de la dependencia, colonización y sumisión de las “elites” gobernantes, y por vía de consecuencia de las economías que dirigen, me parece útil recordar las palabras de Joan Garcés, en su obra “Soberanos e intervenidos” (1995):«Toda Potencia imperial que haya pretendido dominar ha buscado crear Estados divididos allí donde existía una sola comunidad nacional».

Garcés cita los casos de Panamá con respecto a Colombia, la inhumanidad impuesta a los pueblos de Yugoslavia… y recuerda que en la ONU están reconocidos más de cuarenta Estados con una población inferior a la de la sola ciudad de Valencia (España).Mientras «más de un tercio del intercambio comercial mundial se realiza directamente entre las solas empresas multinacionales».

Así, ciertamente, las organizaciones administrativas de la mayor parte del rosario de Estados son «susceptibles de subordinación y manipulación».Sin embargo, claro está, «a diferencia de los gobiernos, las grandes corporaciones multinacionales no están sometidas a responsabilidades políticas democráticas, ni incluso a los vaivenes de la opinión publica. En cambio sí pueden atacar -someter- a los mercados y finanzas de gobiernos y Estados. Cuentan con agentes en los altos puestos de las Administraciones, en los medios de comunicación y en las agencias donde nace la información».

Rechazan toda organización que las controle. No quieren ni oír hablar de participación de los trabajadores. Desean a los Estados débiles, pasivos, lo menos participativos de sus ciudadanos. Si algún gobierno se rebela en los ámbitos controlados, las fuerzas del llamado ‘mercado libre’ movilizan contra el rebelde la secuencia conocida de intervenciones encubiertas o preventivas, bloqueos financieros, represiones, militarización, dictaduras, guerras internas o externas».Desde este punto de vista el subdesarrollo chileno –el de los países latinoamericanos– no es en el origen una cuestión económica sino una cuestión política.

La cuestión fundamental planteada por Salvador Allende y su gobierno (1970-1973).Allí está la razón de fondo por la que los EEUU y sus yanaconas locales, con el concurso de un puñado de generales felones, frustraron una vez más las posibilidades de desarrollo de Chile. Hasta el día de hoy.A cambio impusieron la búsqueda del “crecimiento” que beneficia principalmente a los capitales foráneos y a un manojillo de familias que pretenden que Chile no es un país sino su Club privado.Los gobiernos que se han sucedido desde 1990 en adelante han sido parte del esquema de dominación impuesta por la “elite” dependiente, colonizada y sumisa, cuyos intereses coinciden con los del imperio de turno.oooOooo


Chile: otra vez el desarrollo frustrado

Roberto Pizarro Economista de la Universidad de Chile, con estudios de posgrado en la Universidad de Sussex (Reino Unido). Investigador Grupo Nueva Economia, fue decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, ministro de Planificación y rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (Chile). 06 de Septiembre de 2019El destacado economista Aníbal Pinto, en su famoso libro, «Chile, un caso de desarrollo frustrado[1]», destaca que en el periodo 1830-1930 el país logró un crecimiento económico sin precedentes, que lo colocaron a la cabeza de América latina y que «… nada tenía que envidiar al de los emergentes Estados Unidos o al de muchas naciones europeas del norte y del viejo continente».

Ese exitoso crecimiento, con economía abierta, gracias a las exportaciones agrícolas y sobre todo al salitre, tuvo «una pata coja»: le faltó una política industrial. El progreso técnico en los enclaves exportadores no se difundió al conjunto de la economía. Y, sin diversificación de la estructura productiva y de las exportaciones se frustró el desarrollo.El vigoroso crecimiento y la apertura al mundo no ha abierto camino al desarrollo de Chile. Lo señalaba Aníbal Pinto hace décadas atrás. En la matriz productiva y exportadora de recursos naturales radica la limitación al desarrollo y es además la base material de las desigualdades.

Ya es inocultable. Chile nuevamente ha visto frustrado su desarrollo.Posteriormente, con la gran depresión mundial del siglo pasado, Chile se vio obligado a impulsar la industrialización; sin embargo, este nuevo camino fue más bien consecuencia de «la presión de los hechos» antes que el resultado de una política deliberada. Así las cosas, la industrialización no se vio complementada con una diversificación de las exportaciones. Subsistió así la heterogeneidad de la economía, con un sector exportador avanzado tecnológicamente y una actividad manufacturera de baja productividad.Esa historia nos acerca al presente.

Desde la dictadura militar, y luego con el retorno a la democracia, la apertura radical al mundo ha sido el componente más importante de la estrategia de crecimiento de Chile.La apertura económica ha sido posible gracias a la decisión unilateral de las autoridades de reducir las restricciones al comercio, otorgar el mismo trato al capital extranjero que al nacional y facilitar los flujos del capital financiero.

Pero, sobre todo a partir del retorno a la democracia, desde 1990 en adelante, la globalización de la economía ha tenido en las negociaciones bilaterales su soporte más importante: 28 acuerdos comerciales, con 64 países, que abarcan el 64% de la población mundial, y que representan el 86 % del PIB global.

La historia se repite

Pero al igual que en el pasado descrito por Aníbal Pinto, la exitosa apertura de la economía no ha estado acompañada de una diversificación de su estructura productiva ni de las exportaciones. En efecto, de cada US$100 que el país vende al mercado global, US$90 son materias primas en bruto o con escasa transformación, provenientes de los sectores mineros, forestal, pesca y agricultura.La frágil matriz productiva está afectando negativamente la economía. El PIB potencial se ha reducido, la productividad cae desde hace más de una década y la competitividad internacional también ha disminuido.

A esta realidad estructural se agrega recientemente el impacto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China.Al igual que en la época del auge salitrero, el crecimiento económico y los recursos generados por el sector externo no se han aprovechado en diversificar la estructura productiva. Y, hoy día, cuando el mundo está girando hacia el proteccionismo, se pone en evidencia la fragilidad que significa vivir de la naturaleza, de los recursos naturales.Ya en el año 2008, el destacado economista Michael Porter, decía a economistas y políticos chilenos:

«Estoy preocupado por Chile. Cada vez que vengo hay más tratados de libre comercio, pero no hay nada nuevo que vender» (CIPER).En ese cuadro, la guerra comercial que impone Estados Unidos a China acentúa nuestro drama, ya que el 35% de nuestras exportaciones se dirigen a este país. Y la caída del precio del cobre y de otras materias primas de exportación han elevado el precio del dólar, reduciendo nuestra la capacidad adquisitiva.Aunque el nuevo escenario económico internacional está complicando a Chile, es preciso insistir que la diminución del crecimiento no es coyuntural, sino tiene un carácter secular.

En efecto, mientras el crecimiento fue 7,4% entre 1990-1997, en el periodo 1999-2007 fue 4,4% y ahora, en 2014-2018 solo de 2,2%.Los recursos naturales, que produce y exporta Chile, se están convirtiendo en un cuello de botella. Aunque son un negocio de altas ganancias para una minoría de grandes empresarios, estrechan la frontera productiva de la economía y su beneficio no se difunde al resto de la sociedad.La exportación de recursos naturales es frágil frente a los cambios en la demanda internacional.

Y, lo que es peor, priva a la economía de la posibilidad de generar encadenamientos que potencien el desarrollo de nuevas capacidades productivas en el plano interno. Tampoco ayuda a la creación de empleo y, cuando lo hace, ese empleo se caracteriza por su precariedad.Mientras se sobreexplotan las riquezas no renovables, y sus beneficios se concentran en una minoría empresarial que los produce y exporta, el medio ambiente se ha visto crecientemente afectado.

El agua es hoy un recurso dramáticamente escaso, especialmente en las zonas mineras, dónde es utilizada abundantemente para las faenas productivas. La sobrepesca industrial ha provocado el colapso de los principales recursos marinos. El arrasamiento del bosque nativo ha estado acompañado de un aumento en las plantaciones forestales exóticas, especialmente pino y eucalipto.

El camino del desarrollo

Así las cosas, entre 1970 y hoy día el sector manufacturero pasó de representar un 25% del PIB, al 10%. Y, en años recientes, la economía ha perdido competitividad con una productividad estancada. El presidente Piñera cree que esto puede mejorar con sus proyectos de bajar impuestos y llevar a cabo una reforma de trabajo flexible, que permita al patrón negociar individualmente con el trabajador la jornada de laboral. Se equivoca.La matriz productiva existente es la que impide mejorar la productividad y la competitividad internacional.

Agregar valor a los recursos naturales, procesar bienes o generar servicios avanzados es más complejo, exige una creciente innovación e incorporación de nuevas tecnologías. Además, requiere una fuerza de trabajo más calificada y por tanto la elevación de su calidad para el conjunto de la sociedad.Con la estructura productiva actual al sector privado no le interesa invertir en ciencia y tecnología.

Y, el Estado, tampoco lo hace. Evidencia de ello es un presupuesto público que destina apenas de un 0,40% del PIB para la ciencia y tecnología, mientras en la OCDE es de 2,5%.Por otra parte, el Estado no se siente obligado a enfrentar las desigualdades en la calidad en la educación, porque no resulta indispensable para el modelo productivo existente. De allí que los salarios sean muy bajos en Chile.

Y, por cierto, para transformar la matriz productiva se requiere enfrentar la heterogeneidad económica entre empresas grandes y pequeñas para lo cual no existen políticas públicas como tampoco para reducir las desigualdades entre los distintos territorios del país.En suma, para potenciar la economía a mediano y largo plazo e ingresar al desarrollo es insoslayable caminar más allá de la producción de recursos naturales. Lo dice, el destacado economista coreano de Cambridge, Ha Joon Chang:“La esencia del desarrollo económico es impulsar industrias no vinculadas con recursos naturales.

¿Por qué Japón produce autos, Finlandia teléfonos celulares o Corea acero? Porque las ventajas se crean”[2].El actual Ministro de Hacienda, Felipe Larraín, en un estudio del año 2000, junto a los economistas Sachs y Warner, confirma esta tesis:“Chile no se ha integrado a la economía mundial como un innovador independiente o como generador de tecnologías de vanguardia, sino como un proveedor de unos pocos recursos naturales. Y……estos sectores son insuficientes para impulsar a Chile hacia una etapa de elevado crecimiento del ingreso.

Chile tendrá que diversificar su base exportadora o es altamente probable que experimente una caída en su crecimiento.”[3]A pesar de estos señalamientos no ha sido posible introducir cambios sustantivos en la economía chilena. Los anuncios de mediados de los noventa para avanzar una segunda fase exportadora o, a finales del gobierno Bachelet, de agregar valor a los productos, mediante una estrategia de clusters, no se han materializado. Han sido retórica, se han quedado en las palabras.

¿Por qué no hay transformación productiva? Porque consciente o inconscientemente, la clase política y sus economistas están convencidos que el mercado no puede ser intervenido: es el supremo hacedor. Y, quizás más importante, sobre todo en años reciente, ha sido la subordinación de los políticos al gran empresariado; a cambio de dinero para campañas políticas impone leyes y decretos a su favor, que aseguran la permanencia de sus negocios; es decir ha obligado a que se garanticen sus negocios rentistas.Así las cosas, el vigoroso crecimiento y la apertura al mundo no ha abierto camino al desarrollo de Chile.

Lo señalaba Aníbal Pinto hace décadas atrás. En la matriz productiva y exportadora de recursos naturales radica la limitación al desarrollo y es además la base material de las desigualdades. Ya es inocultable. Chile nuevamente ha visto frustrado su desarrollo.

[1] Aníbal Pinto, Chile, Un caso de Desarrollo Frustrado, Editorial Universidad de Santiago, 1996.
[2] Ha-Joon Chang, entrevista en Página 12, 20 noviembre 2010.
[3] Larraín, Sachs y Warner, A Structural Analysis of Chile’s Long Term Growth: History, Prospects and Policy Implications, paper, 2000. Universidad de Harvard.



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