Desempleo, inflación y sequía agudizan la crisis económica

Este gobierno que desconoce la pérdida de miles de puestos de trabajo,  la carestía creciente de todo aquello  que es indispensable y la crisis social que está presente hace tiempo,  a lo que se suman las imprevistas emergencias climáticas…

Aunque la última cifra de crecimiento se elevó por sobre lo previsto, la ola de despidos que envuelve a Chile va a la par con el aluvión de alzas que cae inclemente sobre la población en medio de la actual crisis social agravada por la emergencia climática que hace pensar que esas calamidades se acentuarán progresivamente en el tiempo.

Tales azotes que castigan a los desposeídos porque son propios del modelo neoliberal depredador se agudizan ahora por el fenómeno de la sequía que está a la puerta, ya finalizado el invierno, afectando a la zona central del territorio nacional y causando inquietud a lo largo del país.

Acaba de subir el transporte público y sobre la masa de usuarios desprotegidos se viene una nueva alza de las tarifas eléctricas de otro 10% (la luz ya subió dos veces este año) según determinación de las transnacionales que controlan éste y demás servicios que fueron públicos, ante la  pasividad de las autoridades gubernamentales.

Entre otras alzas, en septiembre pasado se reajustaron las contribuciones de bienes raíces y tres millones de pasajeros sufrieron el aumento desmedido de las tarifas de buses interregionales en fiestas patrias, mientras todos los jueves suben puntualmente los precios  de los combustibles y se sabe que Chile tiene los medicamentos más caros del continente. Todo acrecienta su precio en forma abrumadora por sobre el IPC oficial.

El sindicato de Wallmart, controladora de la cadena de supermercados Lider, denunció el despido de 400 trabajadores a nivel nacional como represalia por la huelga legal de seis días en julio último. Los nuevos cesantes se suman a las decenas de miles de “desvinculados” de sus empleos en el país aun antes de la automatización  que cambiará a personas por máquinas.

Por su parte,  la Asociación de Municipalidades de la Quinta Región Cordillera advirtió que a causa de la sequía,  junto a los efectos de la producción agrícola y ganadera, en el acceso en el agua potable e incluso en la salud, habrá un aumento profundo de la cesantía. Allí se registra no solo la muerte de innumerables animales, sino también hay  muchos agricultores que han dado por descontada la cosecha en algunos sectores porque los productos no están como corresponde para su exportación. Este tipo de catástrofe está en seis regiones del país.

La Moneda sostiene que el presupuesto 2020 es reactivador y antisequia, pero da la mayor importancia a la modernización de las policías, a la nueva “ley de inteligencia” y al mejoramiento de  la infraestructura y equipamiento de las “fuerzas de orden”. Se incrementan en 3.000 los carabineros en la calle, sin precisar si un número igual o superior de trabajadores marcharán  a nuevos empleos formales y estables.

El mensaje presidencial que dio a conocer el presupuesto mencionó los términos empleo, salarios y oportunidades, en momentos en que la ciudadanía – con la confianza perdida hace rato  – teme que todo ello quede en el papel, como se ha visto hasta ahora. En el último año únicamente han ido en aumento la cesantía,  la inflación, el sobreendeudamiento y la venta de humo.

Si hay realmente una voluntad reactivadora tras el reciente Imacec se conocerá ahora que la mesa del sector público ha solicitado un reajuste salarial de un mesurado 7%. En años anteriores,  con una ANEF masivamente movilizada, los gobiernos neoliberales de turno no han otorgado más allá que la cuarta parte de lo requerido.

Este gobierno que desconoce la pérdida de miles de puestos de trabajo,  la carestía creciente de todo aquello  que es indispensable y la crisis social que está presente hace tiempo,  a lo que se suman las imprevistas emergencias climáticas, parece descolocado a la hora de prestar la necesaria protección a los amplios sectores populares que están pagando las consecuencias. Nadie vive de ficciones y las familias no se alimentan con promesas ni cancelan sus deudas con voladores de luces.

Mientras en La Moneda aún se celebra el 3,7% de crecimiento, que se sepa no se ha considerado la posibilidad de mejorar sustancialmente los ingresos del pueblo, del otorgamiento de un reajuste extraordinario de salarios y pensiones,  o de un sólido bono compensatorio para aliviar la carga y afrontar las adversidades. El dinero está y en grandes cantidades, pero hay que activar los mecanismos para sacarlo de su sueño eterno, echarle mano con responsabilidad y redistribuirlo, aun a riesgo de importunar e irritar a los superricos que constituyen la oligarquía.




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