La rebelión del clima toma las calles: «Avanzamos hacia la extinción»

El movimiento de desobediencia civil Extinction Rebellion lleva la protesta contra el cambio climático desde Reino Unido a 50 países.

El coche fúnebre con caballos dejaba el ataúd en Trafalgar Square, con un rótulo en el que podía leerse «Nuestro Futuro». El conductor decidía luego encadenarse a las ruedas, mientras los integrantes del cortejo hacían el muerto en plena calle. Medio kilómetro más allá, a las puertas de Downing Street, cientos de manifestantes se sumaban a una «sentada» al grito de «¡Acción climática, ya!». En el Parlamento, la protesta se trocaba en tamborilada, con la complicidad de las huestes anti-Brexit.

Han sido en total 12 los puntos elegidos para el ‘cerrojazo’ a Londres convocado por Extinction Rebellion o XR, como se conoce ya en todo el mundo al grupo desobediencia civil creado hace un año en el Reino Unido, en su segunda convocatoria internacional seguida en más de 50 países y con epicentro Berlín, París, Nueva York, Melbourne o Madrid.

«La Rebelión Climática 7-O ha comenzado», ha sido la consigna lanzada a las ocho de la mañana del lunes en el paseo de La Castellana. Más de 300 activistas del clima se han sumado a la protesta que ha culminado con la ocupación del puente de Raimundo Fernández de Villaverde y la acampada ante el Ministerio de Transición Ecológica para exigir «acción urgente frente a la emergencia climática».

A última hora de la tarde, el número de activistas detenidos ascendía a 276. Entre ellos, Sarah Lasemby, 81 años, ex trabajadora social y cuáquera, una de las manifestantes más veteranas. Y también un abuelo de 83 años, Phil Kingston, por hacer una pintada en el Ministerio de Defensa: «Vida y no muerte para mis nietos».

Los organizadores no han ocultado su intención de superar la barrera de los 1.000 arrestos que alcanzaron en el mes de abril. Esta vez son más de 4.000 los activistas enseñados en técnicas de resistencia «no violenta», con instrucciones como renunciar al pago de fianzas para recuperar las libertad. El alcalde de Londres, el laborista Sadiq Khan, ha dado su apoyo a los objetivos pero ha condenado las «tácticas disruptivas» de los activistas del clima. En Nueva York hubo más de 20 detenidos en las acciones Extinction Rebellion, la mayoría de ellos escenificando una matanza con sangre falsa ante el toro de Wall Street.

A medio camino entre el carnaval y la tragedia griega, los activistas de XR han celebrado una «ceremonia de apertura» el domingo por la noche en Marble Arch, donde quedará instalado durante las dos próximas semanas el campamento climático, siguiendo la estela de movimientos como el 15-M y el movimiento Occupy.

«No podemos tolerar la destrucción de nuestro bello planeta», puede leerse en el manifiesto de Rebelión contra la extinción, con el apremiante reloj de arena como símbolo. «Tenemos que decir la verdad: estamos avanzando hacia la extinción. Hasta este punto hemos llegado a pesar de décadas de activismo ambiental. No podemos seguir gritando en la oscuridad. Para pararnos tendrán que meternos en la cárcel».

Fergus Partridge, 47 años y padre de tres hijos, se ha sumado a la sentanda junto a Downing Street y ha dicho estar dispuesto a dar con sus huesos en la cárcel. «Los chavales nos han dado a todos una gran lección sumándose a las huelgas de Fridays for Future, a pesar de los ataques desesperados que han lanzado contra Greta Thunberg«, advierte Fergus, con su cartel de «Rebelde por la vida» colgando de su jersey. «Ahora nos toca pasar a la acción a los adultos: no nos queda mucho tiempo si queremos evitar el colapso ecológico».

Jeffrey y Joanne Sanders, frisando los 60 y pensando ya en sus nietos, se sumaban también a la sentada ante Downing Street y se han traído aprendida la lección. «¿Qué es lo que pretenden con estas protestas?», les preguntamos. «Antes que nada, que nos digan la verdad y asuman la gravedad de la situación. La segunda meta es poner una fecha mucho más cercana para el objetivo de ‘emisiones cero’: el 2050 no nos vale, debería ser el 2025 o antes del 2030, como ya se han comprometido decenas de municipios británicos. Y finalmente la creación de la asambleas ciudadanas, como la que funciona ya en Oxford, para encontrar soluciones desde lo local».

«La ciencia nos lleva advirtiendo desde hace 30 años: estamos llevando al planeta a una espiral destructiva», advierte Grail Bradbook, «madrina» del movimiento, profesora de Biofísica molecular y madre de dos hijas. «Como científica, sé lo que está en juego: tenemos apenas 10 años para frenar la destrucción ecológica y para evitar un cambio climático incontrolable. Pese a todas las alarmas, los políticos siguen sin actuar y sin cambiar este sistema económico que nos está matando. No podemos seguir siendo obedientes si el contrato social se ha roto».

La primera oleada de acciones de XR -de la ocupación de los puentes de Londres al ‘striptease’ en Westminster en plena sesión del Brexit, pasando por la ‘pegada’ en la Bolsa y en el Ministerio de Economía- desembocó en la declaración simbólica de «emergencia climática» en el Parlamento (auspiciada por el laborista Jeremy Corbyn) y con el postrero compromiso de la entonces premier Theresa May para llegar a «cero emisiones» en el 2050.

Michael Gove, a la sazón secretario de Medio Ambiente, se entrevistó con una delegación de XR y hasta los tabloides conservadores acabaron reconociendo el gran impacto en la opinión pública de las acciones que coparon durante dos semanas las portadas de los periódicos, incluido el espectacular ‘die in’ bajo el esqueleto de la ballena azul en el Museo de Historia Natural.

La buena predisposición ha cambiado en cuestión de meses, y ahora son los tabloides los que acusan a los activistas de estar dispuestos a bloquear las emergencias de los hospitales en su afán disruptivo. La policía ha pasado a la carga incautando de antemano la parafernalia e irrumpiendo en la infraestructura del colectivo. «Están usando tácticas muy cuestionables que infringen directamente el derecho a manifestarse pacíficamente», denuncia Richard Ecclestone, un ex oficial de policía que se ha sumado al grupo indignado por la «parálisis política ante la crisis climática».

Cathy Eastburn, una de las 1.000 detenidas en las acciones de abril, ha vuelto estos días a la carga en las páginas de ‘The Hourglass’ («periodismo riguroso para tiempos frágiles»), el periódico mensual que pasa de mano en mano entre los activista de XR: «El 17 de abril me subí a un tren en Canary Wharf y fui detenida. Fue una de las experiencias más dolorosas y más poderosas de mi vida. Francamente, no sé por qué estoy haciendo esto… Quizás porque el futuro de nuestros hijos y de la humanidad está en peligro».

«El miedo no nos puede paralizar»

CARLOS FRESNEDA

«El miedo no nos puede paralizar, tenemos que pasar a la acción», advierte Clare Farrell, diseñadora y cofundadora de Extinction Rebellion. Farrell es uno de los rostros más visibles del grupo tras la ‘cerrojazo’ a la London Fashion Week, denunciando la contribución del mundo de la moda al cambio climático. «La desobendiencia civil masiva es la manera más rápida de propiciar el cambio social, la Historia está llena de ejemplos», asegura. «Estamos ante una situación de emergencia climática. Por eso estamos dispuestos a protestar sin violencia, a causar disrupción y a dejarnos detener si hace falta… La gente tiene que abrir los ojos ante la verdad del desastre ecológico al que nos enfrentamos si no cambiamos de curso. Por eso, demandamos la creación de asambleas ciudadanas, para propiciar el cambio desde lo local y propagar el mensaje a escala global. Los políticos no pueden responder con la inacción ni demorando las obejtivos hasta el 2050. ¡Necesitamos soluciones ya! «




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