Jaime Bassa propone proceso constituyente en tres pasos: Movilizaciones, plebiscito y asamblea constituyente

El abogado dice que es necesario que la voluntad popular se exprese de manera institucional, logrando que se reforme la Constitución para dar paso a un plebiscito nacional vinculante que pueda terminar en una Asamblea Constituyente.

El abogado constitucionalista y académico de la Universidad de Valparaíso, Jaime Bassa, dice que la idea de realizar una Asamblea Constituyente no es nueva y que hace cinco años presentó una propuesta que descansa en la Cámara de Diputados.

«Con la actual normativa constitucional no es posible empujar un proceso constituyente fuera del Congreso, entonces ideamos una serie de alternativas para hacer esto de la manera más legal posible y es reformando la Constitución de Chile», explica.

«Lo primero que hay que reformar es al artículo 15 para habilitar al Congreso y/o al presidente para que pueda convocar a un plebiscito nacional en el que puedan participar quienes se están manifestando en las calles que es donde está la verdadera potencia constituyente», detalla Bassa.

El abogado dice que piensa el proceso político en tres pasos. «El primero es la movilización social a nivel nacional que es donde estamos, ya dimos el primer paso. Hay un mandato claro en la ciudadanía por un nuevo pacto social, una nueva forma de organización del poder en la sociedad, no solamente en el Estado, sino entre nosotros como ciudadanos», explica.

«La segunda etapa es la manifestación formal de esa voluntad, convocando a un plebiscito para que el pueblo manifieste si quiere asamblea constituyente o por último, si quiere una nueva constitución», dice Bassa.

«La tercera etapa tendría que ser una discusión que trascienda a la clase política y al Congreso nacional, donde veamos cuál será la forma en que nos vamos a convocar para tener un nuevo pacto social y ahí podríamos hablar de los mecanismos de la Asamblea Constituyente. Por ejemplo, cuántos integrantes tendrá, cómo los vamos a elegir, si serán ciudadanos sorteados, etc», explica el abogado.

—¿Es lo mismo pedir Asamblea Constituyente que una nueva Constitución?

«No es lo mismo, el Congreso nacional podría hacer una nueva Constitución, reformarla entera o redactarla de nuevo. La gran diferencia con una Asamblea Constituyente es que ésta supone convocar a un grupo de personas elegidas democráticamente para estos efectos, con el fin de redactar una nueva Constitución. Donde nueva significa recoger esta demanda social  y no solamente reformar las reglas vigentes en la Constitución actual, sino que crear una nueva forma de convivencia política y democrática que tiene que surgir de la ciudadanía que se está manifestando en estos días», aclara el abogado.

Bassa dice que los cabildos que se están desarrollando en distintas comunas y ciudades son parte de la primera etapa. «La gente ya se está organizando y ahora necesitamos que esa organización política se proyecte hacia la institucionalidad del Estado. Para que sea un proceso constituyente democrático debemos reformar la Constitución y así llegar a la segunda etapa», asegura.

«Estamos en un proceso histórico super intenso e interesante porque con estas movilizaciones sociales empieza a morir definitivamente el orden social que heredamos de la dictadura y se empieza a construir uno nuevo, y quienes lo deben protagonizar son aquellos que han salido a manifestarse en las calles. Ahí está la potencia constituyente», dice.

El académico explica que este proceso probablemente tomará algunos años. «Yo creo que el gobierno no tiene mucho margen para desatender estas demandas y debería por lo menos dejar la segunda etapa, del plebiscito, encaminada. Lo más probable es que el próximo gobierno sea el que de el tercer paso de realizar una Asamblea Constituyente», detalla.

Bassa pone énfasis en que es necesaria la manifestación institucional de la voluntad popular. «La clase política en términos de teoría social no tiene cómo entender lo que está pasando, porque va más allá de sus capacidades y es algo que los desborda. Es asumir un fracaso y renunciar al protagonismo que han tenido en estos 30 años», concluye.




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