¿Para quién gobierna el milmillonario Sebastián Piñera?

Cuando Piñera se vaya, habrá que cuidar que no se vaya solo. Lo perverso es el sistema. Piñera es una consecuencia de la «transición» negociada por quienes se han beneficiado de ella. Nueva Constitución redactada por una Asamblea Constituyente, otro modelo económico, recuperación de las riquezas básicas, protección del medio ambiente, Salud y Educación públicas, salarios decentes, fin de las AFP, elección de un Parlamento digno para remplazar a este Congreso de pachanga…

Comienzo esta nota transcribiendo las palabras que el periodista Fernando Paulsen pronunció en su programa diario en Radio La Clave: “Piñera no hará ningún cambio, porque cualquier cambio compromete sus negocios (…) Es una anomalía tener de presidente a una de las personas más ricas de Sudamérica porque todo lo que tenga que hacer para que haya más equidad, perjudica su patrimonio”.

Reconozco que estoy plenamente de acuerdo con la opinión de Paulsen, y además sostengo que siempre que el mandatario realiza acciones gubernamentales, le interesa que ellas no sean perjudiciales para sus negocios sino que, he aquí lo más grave, les sean beneficiosos en una u otra medida.

Hace algunos años escribí un artículo cuyo título preguntaba lo siguiente: “¿Es posible estructurar, honestamente, una fortuna en Chile?”. Fue publicado por varios medios de prensa electrónica el 2011, y en esa nota aseveré que “no existe ultra millonario que haya llegado a ese nivel de riqueza utilizando exclusivamente métodos legales y morales; todo ultra mega millonario amasó su fortuna robando, estafando al fisco y a los particulares, mintiendo, evadiendo impuestos, y en algunos casos, como ocurrió con ciertos terratenientes de la Araucanía en los siglos precedentes, asesinando indígenas con el apoyo de un Estado que ellos mismos controlaban a placer, para agenciarse legal y gratuitamente las tierras ancestrales de esas etnias”.

Las masacres cometidas en la Patagonia contra Alacalufes, Onas y Yaganes, en el siglo diecinueve y primeras décadas del veinte, para agenciarse enormes extensiones de tierras, también dan fe de lo dicho. Hoy, varios descendientes de esos genocidas, son considerados ‘gente bien’, ricachones inescrupulosos que con el billete verde han pretendido lavar la brutalidad de sus antepasados.

Más adelante agregué en el artículo de marras: “como se pudo leer en un muro parisino en la época de la revolución de aquel ya desteñido mes de mayo de 1968: Cuando el dinero habla, la verdad calla. Y no sólo calla, sino además abre puertas para alcanzar cargos superiores en la conducción del país, independiente de la real capacidad de administración que las personas puedan tener”.

El origen de la fortuna de Sebastián es tan oscuro como recorrer un bosque en noche sin luna. Varias ilegalidades e inmoralidades subyacen en él. Lo confirma la orden 531, formulario Nº 22, emanada del Segundo Juzgado del Crimen de Santiago, firmada por el ministro en visita, señor Luis Correa Bulo, el 27 de agosto de 1982, decretando la aprehensión por parte de la Prefectura de Investigaciones de Santiago, del señor Miguel Juan Sebastián Piñera Echeñique, domiciliado en Otoñal Nº 1015, Las Condes, por el delito de Infracción a los artículos 26 y 26 bis de la Ley General de Bancos, y Defraudación al Banco de Talca… todo ello bajo apercibimiento de rebeldía.

Años más tarde, lo anterior se refrendaría con la escabrosa actuación de tatán en el asunto de las tarjetas o ‘dinero plástico’ (Ricardo Claro Valdés, se lo cobraría caro en un programa en Megavisión, con la grabación escuchada en una radio Kioto). Luego vendría el lío gigantesco de LAN, que hoy lo tiene próximo a ser imputado por la justicia de Estados Unidos… más tarde llegó lo de EXALMAR, cuestión que bordeaba una traición a la patria… después, la colusión de las farmacias… y así, suma y sigue hasta hoy.

Pero, volvamos al quid de esta nota. ¿Para quién gobierna entonces el ultra millonario Sebastián Piñera? ¿Para un grupo de megaempresarios, banqueros y especuladores financieros… o para el país en general? El origen de la fortuna amasada por Sebastián permite sospechar que su administración no ha sido precisamente bondadosa con la “gente de a pie” (obreros, temporeras, trabajadores en general, funcionarios, empleados, pequeños comerciantes, pequeños agricultores) que en Chile representa al 80% de la población.

Todo proyecto de ley impulsado por él ha terminado privilegiando a los poderosos capitalistas, sea ello directamente o a través de la infumable ‘letra chica’. No da puntada sin hilo. Lo hace incluso cuando propone incremento del sueldo mínimo, ya que en estricto rigor mantiene el sueldo existente y lo aumenta a través de un bono que no pagarán los empresarios sino el Estado, ergo, todos los chilenos… o más claramente, los mismos beneficiados.

Ejemplos de lo dicho abundan y sobran. Basta el ya mencionado para graficar la verdadera intención del mandatario. Ella otorga la razón al periodista Fernando Paulsen. No hará cambio alguno (desatendiendo olímpicamente las demandas de la mayoría de los chilenos) porque cualquier cambio que hiciese perjudicaría sus negocios… lo cual, es necesario reiterar, toda acción que el mandatario ha realizado o quiera realizar estará siempre sólidamente emparentada, enlazada, con el beneficio a sus negocios.

Por ello, por lo apuntado en estas líneas, es posible entender las razones de la tozudez del presidente en cuanto a ningunear y soslayar las exigencias de millones de chilenos. Los negocios son los negocios, ‘sus’ negocios…y no permitirá que ninguna plebe -por alzada que parezca- le embadurne el libro de contabilidad.

Una policía bruta y una prensa canalla, le sirven de apoyo eficaz. Tal pertinacia enfermiza por privilegiar sus negocios sacrificando el bienestar del pueblo de Chile, es lo que le permite realizar las payasadas que él encuentra graciosas, hacer el ridículo dentro y fuera del país, provocar vergüenza a sus compatriotas y malhumor a sus socios. No le preocupa… Sólo sus negocios son importantes.

En definitiva, Sebastián Piñera Echeñique no puede ni debe seguir al mando de la conducción del país. A estas alturas de los acontecimientos, eso ni siquiera acepta mayor discusión.




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