¿Qué hacemos con Carabineros?

El que todo indique que en Carabineros existe una cultura del matonaje criminal y cobarde, viene a sumarse a lo menos otros dos hechos gravísimos: un fraude de cifras estratosféricas de los altos mandos y al montaje para inculpar a inocentes conocido como “Operación Huracán”.

A pocos minutos de comenzar el toque de queda, tres funcionarios de Carabineros le solicitan su carné a un ciudadano en la calle… a lumazo limpio. La persona en cuestión caminaba por un barrio acomodado y es un joven abogado, derechista en verdad democrático y liberal, blanquito y con una pinta que está lejos de la de un saqueador. ¿Por qué tanta explicación? Ya sabrá el lector que en un país tan clasista, la pinta, esa especie de carné socioeconómico, no es un detalle; tampoco lo es el barrio. Entonces, ya imaginará Ud. cómo pudo ser y está siendo la represión en otros sectores.

En el marco de las actuales movilizaciones, a raíz de agresiones de funcionarios de Carabineros van más de 200 personas con pérdida de visión en un ojo; sea por graves daños o derechamente por explosión del globo ocular. E, incluso, ya tenemos a un joven ciego por disparos de Carabineros: Gustavo Adolfo Gatica Villarroel, estudiante de psicología de 22 años. Es un infame récord mundial del país… En serio. Le ganamos por lejos nada menos que a un régimen tan deleznable como el israelí: “La única estadística mundial que se acerca un poco a lo que hemos visto en Chile, es de Israel, donde hubo 154 pacientes con ojos lesionados, pero en seis años”.[1]

Todos quiénes hemos participado de alguna forma en las movilizaciones, hemos sido testigos directos del violento actuar de Carabineros. El cual no se atiene para nada a lo que el presidente Piñera indicó a la BBC como un protocolo establecido de cómo deben “funcionar las fuerzas policiales”: “En primer lugar, tienen que tratar de actuar solo con su presencia. Luego, deben intentar convencer a las personas cuando están cometiendo disturbios y luego, solo en casos extremos y de manera proporcional, pueden usar gases lacrimógenos o agua”.[2]

Haya Ud. ido o no a una marcha, a estas alturas habrá visto en redes sociales innumerables videos del verdadero actuar de nuestra policía y muchas veces sin su identificación oficial o ocultándola: apaleos, incluso a personas ya reducidas, uso indiscriminado de gases, hasta dentro de viviendas, atropellamientos, trato agresivo y grosero, detenciones arbitrarias, golpes a quienes los graban con sus teléfonos, etc. Todo ello Carabineros se lo ha hecho a personas que ejercían su derecho constitucional a manifestarse pacíficamente y ni siquiera alteraban el orden o impedían el libre tránsito de automóviles. Es más, asimismo han agredido a niños.[3]

En lo personal, de todo lo que he visto, se quedaron en mi memoria dos hechos. El “callejón oscuro” de lumazos que una docena de funcionarios le infligieron a ciudadanos y ciudadanas absolutamente pacíficas que fueron obligadas a bajar la escalera de una calle de Valparaíso mientras eran golpeadas. Y el lanzamiento de una lata de gas en Concepción a personas que se manifestaban sentadas en una plaza.

La no por triste menos irónica guinda de la torta, fue la agresión que sufrió una propia funcionaria policial a manos de sus compañeros institución.[4] Un ejemplo que sí es generalizable del actuar de Carabineros y que deja fuera de juego a los defensores de una supuesta conducta de los funcionarios de la institución ajustada a sus protocolos y, más relevante aún, a derecho.[5]

No obstante, si ya todo lo anterior es inaceptable e injustificable en un régimen democrático, la pregunta que se puede hacer es si estamos ante una situación puntual. Lamentable y preocupantemente la experiencia nos dice que no. Más allá de la actual discusión de si estamos o no frente a una violación sistemática de los DDHH por parte del Estado a través de Carabineros, todo indica que podemos identificar una especie de cultura de la violencia irracional, ilegítima, cobarde y criminal entre los funcionarios policiales.

¿Exagerado cree Ud.? Preguntémosle a los mapuches por ejemplo y la impunidad respecto a 8 personas asesinadas por Carabineros, fuera de otras agresiones cotidianas que no han terminado en muertes. O preguntémosle a inmigrantes pobres, travestis, prostitutas, jóvenes de sectores marginados, etc.

El que todo indique que en Carabineros existe una cultura del matonaje criminal y cobarde, viene a sumarse a lo menos otros dos hechos gravísimos: un fraude de cifras estratosféricas de los altos mandos (que podemos dudar si no era de público conocimiento entre las y los funcionarios) y al montaje para inculpar a inocentes conocido como “Operación Huracán”.

Cuando hablamos de una cultura es importante recordar que el problema va más allá de que porcentualmente puedan no ser “tantos” las y los funcionarios involucrados en comparación al número total de quiénes pertenecen a la institución. Porque se trata de una manera de pensar y de valores que se manifiestan en las laborales policiales.[6]

Las movilizaciones llegarán a su fin (esperamos que con éxito por supuesto), pero Carabineros seguirá existiendo y cumpliendo funciones en la calle, armados y con el derecho a ejercer violencia. Entonces, ¿qué hacemos con Carabineros? Creo que es otra de las cosas que debemos exigirle al Estado: su profunda transformación e incluso su disolución y reemplazo por una nueva fuerza policial. Una que realmente sea controlada por el Estado y no tenga la actual amplia autonomía heredada de la dictadura cívico-militar, al cual no se condice con un régimen democrático. El matonaje cobarde de estos días podrá olvidarse, pero ello no hace desaparecer el problema de falta de probidad, profesionalismo y no respeto del Estado de Derecho de fondo.

En la actual coyuntura de atropellos y crímenes contra los DDHH nadie ha renunciado, ni siquiera han pedido perdón. Y hablo del oficial a cargo de Fuerzas Especiales, del General Director, del subsecretario de Carabineros, del subsecretario y ministro del Interior… y ni qué hablar del presidente. Aunque, como muchas otras cosas que hoy se alegan, no es un problema de éste gobierno; también se arrastra desde la recuperación de la democracia.

Más allá de las actuales circunstancias, una sociedad estatal como la nuestra requiere de una policía que mantenga el orden público legítimo y por medios legítimos. Incluso, quiero creer que muchos de los propios carabineros y carabineras desean hacer bien su trabajo y recobrar el respeto que alguna vez la ciudadanía les tenía.

A pesar de que hoy lo urgente tiene primacía sobre lo importante, no olvidemos a Carabineros.

[1] “Récord mundial de lesiones oculares durante protestas en Chile”, https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/manifestaciones/record-mundial-de-lesiones-oculares-durante-protestas-en-chile/2019-11-06/124519.html, 06.11.19.

[2] Entrevista a Sebastián Piñera: ‘Estamos dispuestos a conversarlo todo, incluyendo una reforma a la Constitución’ ”, https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-50298552, 05.11.19.

[3] Nancy Yáñez, académica de la Universidad de Chile y directora del Centro de DDHH de la Facultad de Derecho de dicho establecimiento, comentó en una mesa redonda en la Universidad, que en algunas comisarías personas de “civil” han intimidado a defensores de dicho Centro y a personas que van a denunciar violaciones a los DDHH.

[4] “INDH se querella contra Carabineros por golpear a funcionaria policial de civil”, https://www.adnradio.cl/noticias/nacional/indh-se-querella-contra-carabineros-por-golpear-a-funcionaria-policial-de-civil/20191108/nota/3976792.aspx, 08.11.19.

[5] Por ahora han sido formalizados solo 14 funcionarios nada menos que por torturas y uno por dispararles a estudiantes en el Liceo 7. Imaginamos que, evidentemente, deberían haber muchas más formalizaciones.

[6] Recordemos a los policías y militares del régimen nazi que eran considerados  “normales”, no como sádicos asesinos de tiempo completo, y no obstante llegado el momento ejecutaron crímenes atroces.



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