Al Presidente y sus ministros: aunque nos saquen los ojos, Chile ya despertó

¿Qué espera el presidente Piñera para pedir la renuncia al general Rozas? El mandatario está pasando a la historia como quien autorizó la mayor represión a la ciudadanía desde la dictadura, sus manos se están tiñendo de sangre de manifestantes que solo están demandando una vida mejor para ellos y sus hijos.

Estamos cerca de cumplir el mes desde el inicio de la movilizaciones que a lo largo de todo el país, dieron cuenta del despertar de las familias chilenas, de la rabia e indignación contenida por años y de la necesidad de sepultar el pacto de la transición y a sus protagonistas. Un sentido de estas expresiones ciudadanas profundamente impugnatorio, pero que rápidamente transitó hacia la necesidad de un nuevo pacto social, como fruto de una asamblea constituyente.

Pero el gobierno ha decidido no escuchar. Son 23 días, en los cuales sólo ha impulsado su agenda y no se ha detenido a responder las demandas que la gente ha puesto en la mesa: un nuevo sistema de pensiones que asegure mejores jubilaciones, sueldos decentes, educación y salud garantizadas y por supuesto, una Asamblea Constituyente que garantice una vida digna. 

Junto con no escuchar, el gobierno sentenció, a través del discurso del presidente Piñera, que el orden público era la prioridad -incluso señalando que se encontraba en guerra- y que, por lo tanto, la represión era su respuesta a la movilización social. Las consecuencias quedan a la vista: según cifras del INDH -actualizadas al 10 de noviembre- son 2.009 las personas heridas en hospitales de las cuales 643 son por perdigones; 345 por arma de fuego no identificada, 41 por balines, por golpes o gases 938. De estos son 197 personas con heridas oculares. A estos hechos se deben sumar las 52 querellas que hasta ahora se han ingresado por violencia sexual.

El último caso, y el más grave por cierto, es el de Gustavo Gatica, de 21 años, vecino de Colina y estudiante de psicología de la Universidad Academia Humanismo Cristiano, quien fue herido por balines disparados por Carabineros el pasado viernes 8 de noviembre, mientras fotografiaba las manifestaciones pacíficas en las cercanías de Plaza Italia. Como consecuencia del hecho, perdió la visión en uno de sus y dando pelea para no quedar completamente ciego. Una vida truncada por una política de represión impulsada desde el gobierno, apoyada y fortalecida por el propio presidente Piñera. Él es el principal responsable de que hoy Chile encabece el triste récord de mayor cantidad de heridos oculares por el uso de balines y perdigones en el mundo, concentrando casi el 70% de los casos según cifras dadas a conocer por la sociedad chilena de oftalmología. 

Estos datos se suman a la larga lista de antecedentes que sustentan una acusación constitucional que se lleva adelante contra el ex ministro del Interior, Andrés Chadwick, y contra el presidente Sebastián Piñera, por sus responsabilidades en las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, por el uso excesivo de la violencia, y el no cumplimiento de los protocolos de acción de las policías, que en el caso de la acusación contra el primer mandatario apoyo con mi firma, porque las autoridades de este gobierno deben responder ante la ciudadanía, por su desidia y abandono de la protección de los derechos más fundamentales de los chilenos y chilenas.

El domingo pasado, el ministro del Interior Gonzalo Blumel sostuvo que no se podía detener el uso de este armamento “disuasivo” porque no se podía poner en riesgo la seguridad. Por otro lado, el General Director de Carabineros, Mario Rozas, sostuvo el mismo día que el uso de las escopetas antidisturbios sean usados en situaciones de “real peligro”.

¿Qué espera Blumel para detener esto, más gente ciega por balines? ¿Gente muerta? Su tarea es cuidar la seguridad de las chilenas y los chilenos. Usted señor ministro, está poniendo en peligro la vida de las millones de personas que están en las calles exigiendo dignidad. Le exigimos que deje las murallas de La Moneda y vea con sus propios ojos el constante incumplimiento de los protocolos que usted defiende. ¿Qué espera el general de Carabineros para que los funcionarios apliquen de una buena vez el bendito protocolo que se ha dedicado a leer en diferentes espacios o como lo hizo en la comisión de Derechos Humanos?

¿Qué espera el presidente Piñera para pedir la renuncia al general Rozas? El mandatario está pasando a la historia como quien autorizó la mayor represión a la ciudadanía desde la dictadura, sus manos se están tiñendo de sangre de manifestantes que solo están demandando una vida mejor para ellos y sus hijos. De esta tribuna Presidente,  se lo digo claro: deje de reprimir a la gente que solo pide mejores condiciones de vida, Presidente deje de mutilarnos.

El gobierno, con su acción represiva e indolente, ha logrado aumentar la tensión y hacer crecer un estallido social que está expulsando rabia y decepción, además de exigir respuestas concretas a las demandas ya conocidas. El garrote (y los balines) no son las respuestas que necesitamos, tampoco las que se encierran en instituciones sin considerar a la gente como se ha hecho hasta ahora. Dejar de violar los derechos humanos, primero, y escuchar al soberano es el camino. Esperemos que Piñera y su gobierno se decidan, por el bien de Chile, a tomar este camino.



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