Colombia se moviliza de forma masiva contra el Gobierno de Iván Duque

Los incidentes se han concentrado en Bogotá y en Valle del Cauca, donde hubo tres muertos. Las manifestaciones, en su mayoría pacíficas y rematadas por un cacerolazo, suponen la mayor ola de protestas contra el presidente

Miles de colombianos salieron este jueves a las calles de todo el país para expresar su descontento con el Gobierno de Iván Duque, que pasa por sus horas más bajas al frente de la presidencia. El ambiente de miedo previo a las protestas, tras los registros policiales a colectivos de artistas y a medios de comunicación, contrastó con el tono festivo y mayoritariamente tranquilo de las movilizaciones. Los incidentes, en su mayoría aislados, se han concentrado en Bogotá y en la ciudad de Cali, la capital del Valle del Cauca, una de las más violentas de Colombia, donde se decretó el toque de queda ante algunos saqueos. Tres manifestantes murieron en medio de los disturbios en hechos que son materia de investigación, dos en Buenaventura y otro en Candelaria, ambas poblaciones en el Valle del Cauca, ha confirmado el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo. En todo el país hubo 122 civiles con heridas leves y 151 miembros de la fuerza públicas lesionados, según el balance oficial.

En la noche, el descontento se expresó en estruendosos y masivos ‘cacerolazos’, inusuales en Colombia, que resonaron por más de dos horas en varios vecindarios de Bogotá, Cali y Medellín. Varios grupos de manifestantes, muchos de ellos en piyama, volvieron a salir a la calle en la capital, en un gesto que consiguió evitar que los protagonistas de los disturbios al final de la jornada se quedaran con la última palabra.

En Bogotá, el clima lluvioso y frío no amilanó a la población a unirse a la protesta. Entre los manifestantes había numerosos estudiantes, que han estado constantemente en la calle durante el Gobierno de Duque para reclamar mayores fondos para la educación pública. Desde antes de las nueve de la mañana, varios grupos se fueron reuniendo en distintos lugares para marchar luego hacia la plaza de Bolívar, el corazón de la capital colombiana. La jornada de huelga que se ha convocado este jueves ha transcurrido en un ambiente festivo de cánticos y música, acompañado en ocasiones por el ruido de los helicópteros de la policía que sobrevolaban la zona, hasta que a las cuatro de la tarde, cuando la manifestación llegaba a su fin, un grupo ha tratado de tomar la alcaldía de la ciudad y ha sido dispersada con gases lacrimógenos que han inundado la plaza de Bolívar.

El Gobierno ha informado de que las protestas reunieron a 207.000 personas en todo el país, aunque el líder de uno de los sindicatos convocantes califica esas cifras como «absolutamente ridículas». «Tenemos reporte de movilización en 1.100 municipios de Colombia. Solo en las principales ciudades se reunieron dos millones de personas. Ha sido espectacular», aseguró Diógenes Orjuela de la Central Unitaria de Trabajadores. En cuanto al número de detenidos, el Ejecutivo asegura que son 10 —dos de ellos menores— aunque, la campaña Defender la Libertad, una red de organizaciones que denuncia la criminalización de la protesta social en Colombia, dice que 34 personas han sido arrestadas en todo el país.

El ambiente festivo marcó la mayor parte de la jornada de movilización en Colombia. Así fue durante la mañana en Bogotá.
El ambiente festivo marcó la mayor parte de la jornada de movilización en Colombia. Así fue durante la mañana en Bogotá. CAMILO ROZO

“Yo marcho inicialmente por los derechos de las mujeres”, aseguraba Juliana, una estudiante de diseño gráfico de 22 años de la Universidad Santo Tomás que prefiere reservarse su apellido. Sostiene un cartel que dice: “Con represión no se educa al pueblo, abajo su pedagogía de miedo y control”. “Los impuestos han subido, mis padres tuvieron que irse a Estados Unidos porque no hay trabajo. Amo mi país, pero cada día me dan una noticia peor”, menciona. La manifestación ha reunido a estudiantes, a trabajadores, que rechazan la flexibilización del mercado laboral y la reforma del sistema de pensiones, y a indígenas, que exigen protección tras el asesinato de 129 campesinos desde que tomó posesión Duque. A esta lista de reivindicaciones, Juliana añade que el Ejecutivo “atenta contra derechos adquiridos” y falla en la implementación del acuerdo de paz. Se queja de que ahora ni siquiera puede aspirar a ganar el salario mínimo por ser joven. “Tengo miedo, no tengo garantías y ya ni siquiera quiero salir de la universidad”, comenta.

Choques en el camino hacia el aeropuerto

Así se veía la Plaza Bolívar hasta pasadas las 3 de la tarde. Repleta de manifestantes en calma.
Así se veía la Plaza Bolívar hasta pasadas las 3 de la tarde. Repleta de manifestantes en calma. CAMILO ROZO

En el noroeste de la capital, se han producido enfrentamientos entre manifestantes y policías que bloqueaban la vía aledaña al Transmilenio, el sistema de transporte público de Bogotá. Los agentes lanzaron gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes. En total, fueron cerradas 30 estaciones en distintos puntos de la ciudad.

En la avenida que conduce a la terminal 2 del aeropuerto de Bogotá se produjo otro de los momentos de mayor tensión de la jornada. Un grupo de estudiantes se desvió del recorrido de la manifestación y se dirigió hacia el aeródromo. La policía antidisturbios respondió impidiéndoles el paso a los manifestantes con bombas aturdidoras, gases lacrimógenos y un tanque de agua. 

Integrantes del Escuadrón Móvil Antidisturbios lanzan gases y caminan entre escombros después de los enfrentamientos en la Plaza Bolívar cuando unos encapuchados intentaron ingresar a la Alcaldía de Bogotá. En vídeo, imágenes de la represión policial. Foto: CAMILO ROZO | Vídeo: Atlas

“Soy estudiante, no vándalo ni delincuente”, reivindica Cristian Gamboa, un manifestante de 24 años mientras sostenía una pancarta que decía: “La desigualdad social es más violenta que cualquier protesta”. Explica que se separó del bloque de los estudiantes porque temía que por esa ruta hubiera desórdenes, “y la idea es manifestarse en paz”. “No me parece justo que un Gobierno se haga el sordo con proyectos de ley arbitrarios que solo benefician al partido de Gobierno”, señala sobre las reformas laborales y del sistema de pensiones a las que se oponen los sindicatos. El Gobierno asegura que esos proyectos aún no están definidos, pero él defiende que solo tratan de contener el descontento: “Solo lo dicen de labios para afuera”.

En Medellín, donde se temía que hubiera enfrentamientos ante la presencia de un grupo de extrema derecha que anunció la creación de un escuadrón de autodefensas, también primó la tranquilidad. El asesinato de al menos 129 indígenas es otra de las razones por las cuales se protesta en el país. Las comunidades del norte del Cauca, las más afectadas por los homicidios, también se movilizaron bloqueando la vía Panamericana, que conecta Colombia con el sur del continente. “Estamos concentrados cerca de 6.000 personas en total normalidad. Exigimos que se detenga la masacre indígena y el cumplimiento de los acuerdos de paz, entre otros”, dijo a EL PAÍS Hermes Pete, consejero mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca.

La movilización estuvo acompañada de una huelga nacional, pero solo ha comenzado a evidenciarse en la tarde, cuando numerosos comercios decidieron cerrar ante el temor a que hubiera enfrentamientos tras una mañana que transcurrió mayoritariamente en calma. En todas las ciudades se repitieron imágenes de manifestantes que lograron expulsar a encapuchados que querían generar disturbios. En algunos casos, como en Bogotá, los sacaron al grito de “sin violencia”.

La wiphala, un símbolo

En todo el país se vieron las banderas de partidos de oposición y de centrales obreras, los convocantes originales de un paro al que se fueron sumando distintos sectores sociales. Pero también la wiphala, de los pueblos indígenas, fue uno de los símbolos populares entre los manifestantes del paro nacional. “Marchamos por la defensa de la vida, por los hermanos Indígenas que han sido asesinados este año”, afirma Giovani Simbaqueda, docente de la universidad Externado de Colombia que sostiene una wiphala, repetida en varios manifestantes. “(Esta bandera) no pertenece a ningún partido político, la tengo porque es un símbolo y aquí están todos los pueblos indígenas”, afirma. También reivindica que haber visto cómo la quemaban recientemente en Bolivia fue una ofensa para todos los pueblos del continente.



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