La caída de un tiranuelo al borde del ataque de pánico

El triste final de Sebastián Piñera, un aspirante a tirano

En las imágenes televisivas se ve a un presidente Sebastián Piñera disminuido, frío, seco, indiferente y ensimismado. ¿Es que acaso la crisis política que vive el país lo ha cambiado?

No. Solo ha develado su verdadera personalidad de pobre millonario triste, solitario y final.

A Piñera lo único que le duele en esta crisis política sin antecedentes, es su ego afectado por una realidad de las más duras, su narcicismo que le revela lo poca cosa que ha sido y su incapacidad para hacer algo diferente de ganar dinero al costo que sea.

Quizás nadie sepa, como en la canción, a qué dedica el tiempo libre que debe ser casi todo, abandonada su responsabilidad de gobernar. Buscará en la ideas de otros el modo en que se sale del atolladero con cierta pachorra.

Haría bien Piñera en preguntar al presidente venezolano, Nicolás Maduro, como lo ha hecho para sortear sus complejas situaciones.

Maduro, aquel señor que en palabras de Piñera “es tan  ambicioso con respecto a mantenerse en el poder que  está dispuesto a sacrificar y hacer sufrir a su propio pueblo con tal de aferrarse al poder (sic)”.

¿Recordará esas palabras, Sebastián Piñera en aquellos gloriosos días de septiembre en  Nueva York, cuando el mundo estaba a sus pies?

No. Piñera es alguien que tiene afectada la función del recuerdo de aquellas cosas que le causan temor, angustia, tensión o que le refieren a los terrores de sus errores y fallos.

Más aún, este pobre millonario ha logrado reunir su fortuna enfermiza utilizando los efectos esenciales de una alexitimia que lo aleja de sus emociones y las de los demás.

Sebastián Piñera odia a los demás porque no entiende cómo esos de más allá no son como él.

Alguna vez refiriéndose también a Venezuela, advirtió que para resolver esa crisis todas las opciones estaban sobre la mesa. ¿Están también en el caso del Chile actual?

La mente de tiranuelo al borde del ataque de pánico estará elucubrando la mejor manera de dar un autogolpe de Estado sin que lo parezca.

Ya les ha rendido muchos frutos el haber encubierto esta dictadura con una pátina falsificada que durante tres decenios ha simulado una democracia, con el gentil y entusiasta apoyo de los traidores de la ExConcertación.

Perfeccionada su macabra mente en encubrir delitos económicos como negocios lícitos, estará planificando la mejor manera de volver a la dictadura sin sacar tanques a la calle.

De ahí su ensayo general: llevar tropas de las Fuerzas Armadas a cuidar objetivos definidos como estratégicos.

Piñera no puede ocultar que sus métodos políticos son los que usa para ganar dinero. Aún supuestamente a cargo de gobierno, no deja de ser un miserable gana-dinero, triste y sin gracia.

El fracasado presidente estará tratando de buscar la mejor salida a su histórica desgracia. En su mente perversa, de otro modo no funcionan las finanzas, tendrá ya desplegadas sus opciones que no serán muchas. Y al final del túnel, estará comenzando a tomar forma su caída final.

Es en ese momento en que los tiranos disponen de su faz más temible: comienzan por no confiar en nadie, se aíslan en la soledad de un poder que ven alejarse inexorablemente, su odio en contra los que cree sus enemigos toman un cariz personal, aumenta la miopía y la tendencia a ver como reales los escenarios que se formula en su mente enferma.

Y por sobre todo, lo abruma la visión anticipada de llegar a ser uno más en la galería de despreciables que en la historia han sido.

¿Lo veremos tomando un avión hacia el amparo de los cobardes?

Aunque lograra por la vía de la violencia más desatada, llegar al final de su mandato, jamás podrá revertir los efectos históricos de su caída que no podrán ser amortiguados ni con todos sus millones, los que después de todo no le sirvieron de nada.



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