Lula: «la lectura es un acto político»

La lectura es un acto político, no es casual que nuestros adversarios, al mismo tiempo que intentan criminalizar la política e impedir toda forma de activismo, atacan con tanto odio el saber y el conocimiento, quieren más armas y menos libros

Quieren más jóvenes presos y abatidos por disparos de helicópteros, que con acceso a la enseñanza pública de calidad, dispararon su artillería pesada contra la educación en su conjunto, y la universidad en especial, agreden la ciencia, estrangulan la investigación.

Leer es resistir.

Y nosotros resistimos en las trincheras cavadas con tanta garra y tanto cariño por gente como Paulo Freire, Darcy Ribeiro, Anísio Teixeira y cada profesora y cada profesor anónimo de este país, que nuestros adversarios intentan inútilmente destruir. Y nosotros resistimos, porque la vida nos enseñó, y porque aprendemos con nuestros maestros.
Nuestros adversarios odian el hecho de haber creado más universidades e institutos tecnológicos que todos los que gobernaron antes que nosotros. Distribuimos becas de estudio, garantizamos acceso al crédito estudiantil y colocamos jóvenes negros y pobres en la enseñanza superior como nunca antes en la historia. Creamos políticas públicas de acceso al libro y a la lectura y esparcimos bibliotecas fuera del país.

La educación ha sido y será siempre nuestra mayor riqueza y nuestra principal forma de resistencia. Es por eso que nuestros adversarios se sorprenden y se asustan cuando una juventud esclarecida llena las calles en defensa de la educación, luchando contra los retrocesos de un gobierno que tiene al pueblo brasileño como su principal y más temido enemigo.

Leer es ser libre.

Hace más de un año estoy preso por el «crimen» de soñar y trabajar por la construcción de un país donde un padre de familia ya no estaba obligado a elegir entre comprar un pan o un cuaderno para sus hijos. Cuando una madre de familia no tuviera que partir un lápiz en el medio para que sus hijos pudieran estudiar. Por ese «crimen» estoy preso, y, sin embargo, más libre que nunca, gracias a los libros y a la lectura.

En estos 13 meses de casi soledad -salvo las visitas de parientes y amigos y el cariño de la incansable vigilia en la puerta de la cárcel en Curitiba – he leído muchos libros. Cabalgué con Riobaldo y Diadorim por las praderas del gran sertão de Guimarães Rosa. En el extraordinario romance, «Un accidente de color» de Ana María Gonçalves, crucé el Atlántico en barco negrero al lado de Luisa Mahin.

Me he volcado más a la ficción y a los libros llamados políticos. Pero desde que leer es un acto político, un libro de poesía, romance, cuentos, filosofía, sociología, economía, arte o ciencias políticas, es un libro político. 

Pero es al libro propiamente político, razón de ser de este Salón, que quiero saludar ahora. Es principalmente gracias a los libros que, cuando la justicia sea restaurada en este país, saldré de la prisión sabiendo más que cuando entré.



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