Piñera en jaque: la resistencia a profundizar la agenda social

En Palacio afirmaron estar conscientes de que el paquete de medidas económicas presentado el lunes no logrará apagar el estallido social, pero sí esperan que sea tomado como una señal, considerando lo reacio del Presidente a realizar cambios, el hecho de que hay una billetera fiscal cada vez más delgada y que el escenario a futuro es complejo, pues nadie se atreve a pronosticar una salida.

En un sector de Chile Vamos ya asumieron que el Mandatario tiene un formato, una forma de ver las cosas que le hace difícil cambiar de opinión y que guarda directa relación con el sello especulador que ha caracterizado a su desempeño en el mundo de los negocios, donde sí se mueve a sus anchas. En este cuadro, algunos en la derecha agregaron que, por más que se le ha insistido cientos de veces en la necesidad de extremar las medidas sociales, no lo han logrado.

No quiere ceder. Eso afirman tras bambalinas en el Congreso y en sectores del Gobierno. Esto porque, a pesar de un respaldo ciudadano que llega apenas al 10%, de las siete semanas consecutivas de manifestaciones y las presiones políticas que recibe desde el propio oficialismo, el Presidente Sebastián Piñera no se ha movido un ápice en sus directrices, porque todas las medidas anunciadas en este complejo periodo gatillado por el estallido social son mejoras, parches, bonos y medidas para enfrentar una crisis económica, pero que no resuelven el problema de fondo de la demanda ciudadana, que es corregir los abusos del sistema con una agenda social profunda.

El 3,4 % que marcó el Imacec de octubre, el más bajo desde la crisis subprime del 2009, sin dudas que generó en La Moneda un impacto, donde siguen insistiendo en que “no lo vimos venir”. Una de las primeras implicancias que arrastró este bajón de la economía, fue el diseño de un plan pro empleo anunciado por el ministro de Hacienda, Ignacio Briones, y que, si bien fue aplaudido por muchos sectores empresariales y políticos, una de las primeras conclusiones internas en el Gobierno es que se gestó a contrapelo, que “se dio de manera obligada”.

El paquete anunciado por Briones puede efectivamente servir a La Moneda como una tabla de salvación por un rato, pero en el propio oficialismo reconocieron que uno de los problemas que tiene dicha jugada es que considera un gasto de cerca de 5.500 millones de dólares,  dineros que serían los mismos contemplados para la agenda social, por lo que queda un margen muy estrecho para una eventual profundización de esta que satisfaga las demandas de fondo.

No solo eso. A más de 45 días de comenzado el estallido social, la brújula del Gobierno sigue inclinándose por la vereda de la seguridad, tal como lo ratifica cada discurso e intervención tanto del Presidente Piñera como del ministro del Interior, Gonzalo Blumel. El problema que advierten a nivel parlamentario sobre esa estrategia es que, si bien hay días en que los saqueos y la violencia «parecen volver a foja cero” según Interior, la posibilidad real de recuperar una “mayor normalidad” pasa necesariamente vrecalcaron casi transversalmente en las bancadas del Congreso– por la profundización de una agenda social que La Moneda no ha querido asumir.

Pero el problema principal que tendría hoy Piñera estribaría en el estrecho margen de maniobra que le queda, gracias al exiguo piso de respaldo ciudadano que posee –el más bajo desde el retorno de la democracia–, lo que sin dudas le quito poder de iniciativa. En Palacio reconocieron que con ese 10% de aprobación el Mandatario ya no se “puede tirar a la piscina como antes” y tiene que esperar a ver cómo se fraguan primero las cosas en el Congreso.

Desde Renovación Nacional, a pesar de los llamados de atención desde La Moneda y los esfuerzos por alinear a sus huestes, ya advirtieron que los “paquetones tienen que ser sentidos por la gente, la gente no come de los anuncios”, aludiendo a que la tabla de salvación a la que apuesta el Gobierno con el anuncio de Briones tiene efectos que se van a demorar demasiado en ser experimentados cotidianamente por la ciudadanía.

En un sector de Chile Vamos ya asumieron que el Presidente Piñera tiene un formato, una forma de ver las cosas que le hace difícil cambiar de opinión y que guarda directa relación con el sello especulador que ha caracterizado a su desempeño en el mundo de los negocios, donde sí se mueve a sus anchas. En este cuadro, en la derecha agregaron que, por más que se le ha insistido al Mandatario cientos de veces en la necesidad de extremar las medidas sociales, no lo han logrado.

No solo eso, en un sector de Palacio siempre se mostró una amplia resistencia a dichas propuestas en resguardo del cuestionado modelo, que tiene a varios de sus principales autores y guardianes hoy en cargos de alto poder al interior de La Moneda, como consignó la nota “Los rostros de Odeplan, la cocina del modelo en dictadura que aún copa los espacios de poder en el Gobierno”.

Ante las críticas, desde La Moneda defienden a Piñera e insisten en que las medidas propuestas sí tocan el modelo, como por ejemplo los dos puntos de solidaridad en el alza de cinco puntos de la cotización individual y la intervención en la distribución de los medicamentos para la baja en sus costos. El punto es que tanto desde la oposición como en sectores de la derecha recordaron que esa era una discusión que se pidió varias veces antes del estallido del 18 de octubre y que hoy ya parece insuficiente, cuando los cambios que se piden son más profundos. “No se está dando en el punto”, afirmaron desde las filas de Chile Vamos.

En la sede gubernamental afirmaron estar conscientes de que el paquete de medidas económicas presentado el lunes no va a apagar el estallido social, pero sí esperan que sea tomado como una señal, considerando lo reacio del Presidente a realizar cambios, el hecho de que hay una billetera fiscal cada vez más delgada y que el escenario a futuro es complejo, pues nadie se atreve a pronosticar una salida.

Si la «calle» es la causa de los principales dolores de cabeza de Piñera, el flanco empresarial no es un asunto menor. Más allá de las declaraciones públicas, a nivel parlamentario explicaron que se ha hecho notar que desde el mundo privado se considera el actuar de la administración piñerista como errático, con “demasiados vaivenes” y con una falta de liderazgo que les preocupa más de la cuenta.

Desde Renovación Nacional, a pesar de los llamados de atención desde La Moneda y los esfuerzos por alinear a sus huestes, ya advirtieron que los “paquetones tienen que ser sentidos por la gente, la gente no come de los anuncios”, aludiendo a que la tabla de salvación a la que apuesta el Gobierno con el anuncio de Briones tiene efectos que se van a demorar demasiado en ser experimentados cotidianamente por la ciudadanía.

Choque de dos almas

En La Moneda conviven dos almas: los llamados «halcones y palomas». Dicen que tras el último cambio de gabinete, se equilibraron más las fuerzas “blandas” a la hora de aconsejar al Mandatario, que la salida formal del gabinete de Andrés Chadwick y Felipe Larraín flexibilizó un espacio que parecía cooptado por un raciocinio más fundamentalista y que ahora nombres como el de Blumel y la vocera Karla Rubilar han logrado matizar en ocasiones. En este caso, quienes conocen de la interna palaciega no perdieron oportunidad de recalcar que se trata de dos figuras que no cuentan con un peso político real como el de sus antecesores, lo que debilita indiscutiblemente sus posiciones ante los ojos del Mandatario.

No solo eso. Un  factor no menor es la influencia que sigue teniendo en la mesa presidencial el jefe de los asesores del segundo piso, Cristián Larroulet, hecho que guardaría directa relación con la negativa a realizar cambios que corrijan efectivamente el criticado modelo, y la priorización de la agenda de seguridad.

Las presiones que recibe La Moneda desde el oficialismo han constituido otro problema no menor. Si en un principio RN fue el partido dispuesto a “tragarse los sapos”, definitivamente ya no lo es y desde que su timonel, Mario Desbordes, adoptó un fuerte perfil propio –luego de amasar un apoyo interno importante–, las propuestas de su colectividad han ido desde el primer día un paso más adelante, obligando a La Moneda –a regañadientes en varias ocasiones– a tener que seguir sus indicaciones. El último episodio fue el proyecto de modificaciones a las AFP que están trabajando, iniciativa que generó molestia en el resto de Chile Vamos y Palacio por haberse enterado por la prensa.

En la  UDI consideran a sus pares de RN “arrancados”, dicen que en estas semanas han debido cerrar la boca en pos de resguardar la estabilidad de Chile Vamos y que se han sentido en varias ocasiones de manos atadas. Aquello no quita que el gremialismo sea el principal actor que inclina la balanza de La Moneda hacia la agenda pro seguridad.

El caso de Evópoli es diferente. Luego de asumir las dos carteras de mayor relevancia en el contexto que se vive, como lo son Hacienda e Interior, quedaron absolutamente neutralizados e imposibilitados de desmarcarse del Gobierno, como lo hicieron en más de una ocasión en lo que va de este segundo mandato de Piñera. De hecho, debieron asumir la condición del partido “más oficialista”, rol por el que esperarían algunos frutos políticos más adelante.



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