Los estudiantes: esa levadura

La PSU, esa medición que aparte de ser un rentable negocio para los rectores que salen a cazar altos puntajes para obtener más dinero, solo es un instrumento de segregación brutal que no hace otra cosa que hacer patente la diferencia entre los colegios que pueden y los pobres.

Detrás del virulento ataque a los dirigentes de la enseñanza media que han tenido la valentía de enfrentar al sistema en sus aristas más representativas de su tremenda desigualdad, se ha alineado todo aquel que no ha aportado un poroto a lo que ahora hace temblar al sistema.

Cualquier pelafustán se limpia el hocico con la ACES.

Desde hace mucho que los estudiantes vienen denunciado que el sistema de admisión universitaria, así como todo el resto del sistema escolar, no es sino una reproducción calcada de todas las otras vergonzosas diferencias.

El que nace rico, muere rico, el que nace pobre, ya se sabe.

La PSU, esa medición que aparte de ser un rentable negocio para los rectores que salen a cazar altos puntajes para obtener más dinero, solo es un instrumento de segregación brutal que no hace otra cosa que hacer patente la diferencia entre los colegios que pueden y los pobres.

Bastaría preguntar en qué comuna vive un postulante para asignarle de inmediato un puntaje. Y una universidad. Y una carrera. Y un futuro.

Los estudiantes han tenido el decoro de hacer coincidir discursos con acciones concretas. De ser por la actividad de algunos gremios y centrales, la cosa habría seguido pasando hasta el fin de los tiempos, esperando aquello que sí sea la forma.

¿Cuántas miles de marchas inofensivas, provistas de alegres comparas musicales, con dirigentes afirmados de un cartelito y provistas del permiso otorgado buenamente por la autoridad, se habrán hecho en treinta años?

Nada se logró con esa mecánica aburrida e ineficiente, abúlica y perfectamente cómoda para los poderosos.

Bastó que los estudiantes se rebelaran y persistieran con una voluntad digna de elogio en resistir a los embates del fascista alcalde de la comuna de Santiago, para que la cosa tendiera a cambiar.

¿Recordamos la ocupación policial del Instituto Nacional con sus techos llenos de yuta? ¿Recordamos el gaseo indiscriminados el interior de las salas de clases? ¿Los apaleos infames y las agresiones sexuales a las niñas que se movilizaban?

Siempre han existido los acomodados de la cabeza y de todo el resto, que han tenido a bien tomar distancia de los que luchan y ofrecen un camino.

De vez en cuando la derecha los saca al pizarrón para dar explicaciones. Hablamos de la ultraderecha, esa que en la historia de Chile es la responsable de casi todos los muertos no adjudicables a terremotos u otros desastres o causas naturales.

¿Habrá que recordar que la Revolución Octubrina nace precisamente por la irrupción masiva de estudiantes que se negaron a pagar el pasaje ante una nueva alza del Metro, cosa que ninguna organización de estudiantes o de trabajadores siquiera pensó hacer?

¿Habrá que repetir que ahora no es tan difícil resistir, si se compara con aquellos días previos a los de octubre del año pasado, cuando el que quería mostrar su buena conducta denostaba a los estudiantes que no hacían otra cosa que abrir las alamedas?

Más respeto con los que abren camino. Y menos respeto con los que matan y volverán a matar.

Está en tránsito la ocupación militar del país por la vía legal. El Congreso Nacional ha asumido la defensa del sistema por la vía de evacuar leyes que hagan perfectamente legal hasta le crimen más atroz.

Se está preparando ahora el plan de la ocupación total para un marzo que viene complejo.

El gobierno y sus aliados han optado por la vía de la violencia. Ante la incapacidad de dar respuestas a las demandas que hay en el levantamiento, la única respuesta que conoce la ultraderecha, es la matanza.

Ahí está la historia para demostrarlo.

Veremos cómo se comportarán los que ahora atacan a los únicos que han hecho algo más que hablar. Eso afiliados al paradigma de No es la forma. Esos ilusos que por alguna razón extraña, son capaces de creer en la ultraderecha que ha mentido y matado en lo que va de historia.

Veremos si tendrán tiempo del arrepentimiento estéril y tardío, como ha sido siempre.

Mientras tanto, los estudiantes, esa levadura, aún estarán en el frente sin detenerse ni al cálculo del pusilánime ni a la amenaza del malvado.



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