Estos son los motivos de por qué Chile ya es un Estado fallido

En Chile casi todos los servicios públicos se han privatizado. Estos servicios se han estado dando por corruptas e ineficientes empresas privadas. Esta gravísima situación es particularmente relevante en los temas de salud, educación y muchos otros servicios básicos esenciales como son el transporte y las pensiones.

En la introducción de su clásico artículo titulado “Desarrollo Político y decadencia Política”, Samuel P. Huntington describe las características principales de una sociedad en decadencia política. Esta es la razón por la que se hace a continuación una traducción literal de la introducción de este artículo publicado en el libro escrito por Roy C. Macridis y Bernard E. Brown y titulado Comparative Politics. Notes and Reading. Este libro se publicó por Dorsey Press Illinois año 1968 (PGS: 521-538) A continuación se incluye la traducción de la introducción de este artículo en referencia.

Huntington comienza su artículo citando a de Tocqueville “Entre las leyes que regulan el funcionamiento de la sociedad humana, hay una que parece ser más precisa y clara que todas las otras. Si los hombres quieren seguir civilizados, o civilizarse, el arte de asociarse políticamente debe crecer y mejorar en la misma proporción en que crecen las condiciones de igualdad” (de Tocqueville Democracy in America   Philips Bradley Edn, New York 1955 II, pg.  118).

Huntington continúa su introducción señalando que en la enorme mayoría de los países del tercer mundo hoy día la igualdad en la participación política está creciendo mucho más rápidamente que el difícil arte de asociarse políticamente. Las tasas de movilización social y participación política masiva son sumamente altas. Pero las tasas de organización e  institucionalización política son sumamente bajas*.

De esta forma, las precondiciones que señalaba de Tocqueville, para la existencia de una sociedad civilizada, están en gravísimo peligro. En estas sociedades la discrepancia entre la altísima y masiva movilización por un lado y la bajísima institucionalización política por otro, es el tema central de la política en el tercer mundo. El tema de la institucionalización política, recibe poca o ninguna atención.

Los autores en el tema del desarrollo político en el tercer mundo solo enfatizan el proceso de modernización y también el fenómeno estrechamente relacionado de la movilización social y el aumento de la participación política de masas. Una visión más balanceada de la política en Asia, África y América Latina, demandaría más atención al llamado estudio del “arte de asociarse políticamente juntos” y el crecimiento de las instituciones políticas existentes. Para este propósito, es necesario distinguir el tema de desarrollo político del tema de la modernización socioeconómica. 

También es necesario identificar el desarrollo político con el proceso de institucionalización de las organizaciones políticas existentes y también de sus procedimientos. Los rápidos aumentos en la movilización y participación de las masas (que son los aspectos principales del proceso de modernización) minan y destruyen a las instituciones políticas existentes. La rápida modernización socioeconómica, en breve, no produce desarrollo político, solo produce decadencia política”. Aquí termina la introducción al artículo de Huntington.

Ahora se hace necesario tratar de ilustrar estos conceptos huntingtonianos. Para hacer esto se podría presentar el caso del espectacular crecimiento económico de China en las últimas tres décadas. En este caso particular se produce todo lo contrario a lo que Huntington señalaba en el desarrollo político del tercer mundo. En estos países tercermundistas el desarrollo socioeconómico se produjo sin el suficiente desarrollo político previo. Es decir, en los países tercermundistas no se dieron partidos políticos fuertemente organizados y capaces de controlar y dirigir el proceso  modernizador. El resultado de esta verdadera catástrofe politológica, ha sido el surgimiento de los llamados Estados fallidos.

No obstante, en el caso especial de China, primero se produjo desarrollo político y este alto nivel de desarrollo político permitió guiar y controlar adecuadamente el desarrollo socioeconómico posterior. En efecto, después de la victoria del partico comunista sobre las fuerzas chinas pro occidentales en 1949, el partido comunista chino se dedicó a crear las condiciones suficientes y necesarias para un acelerado proceso de desarrollo político. De esta forma se gastaron más de cuatro décadas, (1950 – 1990) para fortalecer y consolidar las organizaciones principales que conforman el partido comunista chino y también las distintas organizaciones que componen el actual Estado chino.

Una vez que esta tarea fundamental de desarrollo político se consolidó, es decir, se creó y fortaleció un sofisticado sistema de instituciones estatales y políticas, y ellas dieron abundantes pruebas de poder gobernar efectivamente al país; se procedió a implementar un acelerado y exitoso proceso de desarrollo económico. Así, durante las siguientes tres décadas (1990 – 2020) China pasó de ser una potencia regional y secundaria a la primera potencia industrial, financiera y comercial del planeta. En otras palabras, China siguió los consejos de Huntington al pie de la letra. El desarrollo político debe crearse primero y así este desarrollo es capaz de dirigir y controlar el acelerado crecimiento de la economía y la sociedad.

En los últimos cuatro meses, Chile ha tenido un gigantesco y rápido proceso de movilización política, masiva y acelerada. Millones de furiosos manifestantes, la mayoría de ellos jóvenes, han participado en innumerables marchas en casi todas las ciudades del país. En la mayoría de estas marchas se han producido incidentes donde se ha destruido propiedad tanto pública como privada. Las fuerzas policiales han sido incapaces de mantener el orden público y la paz social.

Todo esto a pesar de una furiosa represión policial por parte de las autoridades nacionales. No cabe la menor duda de que la enorme mayoría del sector explotado de la sociedad chilena, ha manifestado su enorme descontento con la actual situación socioeconómica que la afecta. Este sector mayoritario conforma el 80 por ciento de la población chilena y tiene un ingreso familiar igual o menor a 550 mil pesos al mes.

Las actuales demandas sociales, en su gran mayoría son plenamente justificadas. Pero ellas no podrán ser satisfechas por el sistema político chileno. El Estado y las organizaciones que conforman su administración pública, no están ni remotamente preparadas para dar una respuesta adecuada y satisfactoria a las justas demandas de la población nacional. Ya van más de 47 años donde la nefasta ideología neoliberal ha destruido la capacidad del Estado chileno para dar respuesta a las justas demandas de la ciudadanía.

Las distintas organizaciones burocráticas que conforman la administración pública del Estado son casi todas, ineficientes, incapaces y también corruptas. Las causas principales de esta incapacidad de la burocracia estatal para responder a las demandas de la ciudadanía, están en las políticas neoliberales que necesitaban destruir la capacidad estatal para dar servicios públicos adecuados.

Toda esta estrategia estaba destinada a crear espacio adecuado para el desarrollo del sector privado nacional. En Chile casi todos los servicios públicos se han privatizado. Estos servicios se han estado dando por corruptas e ineficientes empresas privadas. Esta gravísima situación es particularmente relevante en los temas de salud, educación y muchos otros servicios básicos esenciales como son el transporte y las pensiones.

El aparato público se redujo y achicó a partir del año 1973 y lo que queda de este aparato público, es corrupto e ineficiente. Por todo lo anterior es absolutamente predecible, que el actual gobierno del presidente Piñera, a pesar de sus mejores intenciones, será totalmente incapaz de dar una respuesta adecuada a las demandas que hoy día la población le está haciendo al sector público nacional. Toda esta inmensa tragedia politológica ( incapacidad estatal para procesar y satisfacer las demandas básicas de la sociedad) llevará al país eventualmente al caos total y al desorden generalizado. Es así como el resto de América Latina, Chile habrá caído en la categoría de Estado fallido.

Como lo explica muy bien el profesor Huntington, en su artículo citado previamente, los países tercermundistas tienen un gravísimo problema al no ser capaces de procesar y resolver adecuadamente las justas y urgentes demandas de la sociedad. En Chile el Estado es sumamente débil, corrupto y altamente ineficiente. Por lo tanto, la extrema y rapidísima movilización política que ha sufrido Chile en los últimos meses probablemente terminará trágicamente.

Para hacer este pronóstico, es necesario hacer un poco de historia.  La segunda república liberal, es decir, aquella que sustituyó al sistema portaliano en 1891, hizo catastrófica crisis en la primera década del siglo XX. Chile sufrió un agudo proceso de movilización política entre 1900 y 1910. Esta movilización popular se aplastó finalmente con una implacable serie de masacres populares que se desataron en las principales ciudades chilenas en la primera década del siglo XX. La última de estas masacres fue la que ocurrió en Iquique, donde murieron más de 3 mil obreros del salitre.

Es altamente probable que la actual corrupta elite chilena, tanto de izquierda como de derecha, termine por decidir que la solución a la “actual cuestión social” sea resuelta de manera similar a como se resolvieron los problemas sociales en Chile en la primera década del siglo XX.

En Chile la historia tiende a repetirse. La elite ha aplastado las insubordinaciones populares siempre mediante medidas brutales y en muchos casos medidas criminales. Por otro lado, todo esto se facilita si el presidente Trump gana las próximas elecciones en los Estados Unidos. Trump estará muy de acuerdo en que la “democracia chilena” sea ha salvada mediante una brutal represión popular.

No obstante, la díscola diosa fortuna puede que decida cambiar este terrible y tétrico escenario para Chile. A fines de este año, habrá elecciones presidenciales en los Estados Unidos. En el coloso del norte, también hay un profundo resentimiento popular hacia el catastrófico desempeño del actual modelo neoliberal. Las grandes masas populares también han perdido el “estado de bienestar” que con mucho éxito fue creado por el presidente Franklin Delano Roosevelt a partir del año 1933.

El funesto neoliberalismo iniciado por el presidente Nixon a principios de la década de los 70 del siglo pasado, ha también arruinado el estándar de vida del proletariado y la clase media estadounidense. El funesto neoliberalismo ha borrado casi todos los avances sociales implementados por el estado de bienestar. El proletariado y la clase media estadounidense ha vuelto a revivir las zozobras socioeconómicas experimentadas por el pueblo norteamericano después de la gran depresión del año 1929.

Esta terrible catástrofe ética y económica ha creado las condiciones suficientes y necesarias para que un candidato reformador y popular, tal como lo fue Roosevelt, gane las próximas elecciones a finales de este año. Si este evento llega a ocurrir, entonces esto podría cambiar radicalmente el futuro de América Latina y de Chile en particular. La victoria del senador Sanders (o de otro candidato con ideas parecidas  a las de Sanders), en las próximas elecciones estadounidenses; provocaría un cambio fundamental en el  futuro de América Latina.

Sin el apoyo de un presidente republicano y reaccionario como Donald Trump, las fuerzas neoliberales en Chile perderán toda posibilidad de seguir gobernando. Así a partir del año 2021, la lucha política y socioeconómica en el país, cambiaría radicalmente. El triunfo de la izquierda socialista y democrática en los Estados Unidos, crearía las condiciones favorables externas para que en Chile la verdadera izquierda socialista alcance el poder.  Una vez más así como en el año 1939, las  condiciones internacionales estarán dadas para que un líder chileno verdaderamente izquierdista obtenga el poder y lo consolide exitosamente.

Ojalá esta vez, el nuevo estado de bienestar chileno pueda ser dirigido y controlado por una nueva elite política férreamente organizada en un potente y nuevo partido revolucionario y progresista. Si para esta nueva elite política el modelo chino parece ser inalcanzable, será preciso considerar con sumo cuidado, el modelo cubano.

* Esto quiere decir que las tasas de creación y desarrollo de uno o más partidos políticos bien organizados y potentes, es decir, capaces de guiar y conducir el turbulento proceso de modernización y movilización social, son muy bajas o inexistentes. Los partidos políticos funcionando en el tercer mundo, solo sirven para ganar elecciones que por lo general son ganadas por políticos corruptos.





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