Un virus (potencialmente) oportuno

Piñera no es una persona apta para enfrentar una crisis como la que puede detonar el contagio masivo del COVID 19. La población chilena está viviendo horas de mucho peligro. No tanto por el virus que tiene alarmado al mundo, sino por el uso que Sebastián Piñera querrá darle el compresible temor de la gente.

El advenimiento del COVID 19 está siendo tratado por el gobierno y sus órganos de inteligencia, como una oportunidad para retomar el mando del país, hasta ahora en manos de las FF.EE. de carabineros.

De la buena administración del pánico generado por el temido virus, dependerá lo que resta de gobierno y de historia.La idea de vaciar las calles de estudiantes fue malamente adelantada por los alcaldes. La medida estaba pensada para después, para más cerca del plebiscito, cuando el número de contagiados fuera alarmante y ya se supiera de muertos.

Piñera está jugando con el miedo de la gente.

En breve, cuando el número de infectados aumente, el gobierno sacará su peor cara y llamará a la unidad nacional ante el peligro que reviste el aumento descontrolado de una infección que podría dañar a gran parte de la población.

Y nuevamente veremos a los mismos de siempre con sus caras de contrición y de real preocupación por la gente llamando a quedarse en casa, no juntarse en grupos y atender las orientaciones del gobierno.Rol destacado van a jugar los militares que van a salir a custodiar las calles para evitar que los desordenados de siempre pongan en riesgo la salud del resto de la población obediente y temerosa.

La idea será matar la mayor cantidad de pájaros, con la misma peste.

No será para nada extraño que se decrete algún estado de excepción que limite, esta vez por razones estrictamente de salud pública, el desplazamiento y reunión de las personas.

Tampoco resultará extraño que la plaza Dignidad amanezca un día tomada por tropas del Ejército, debidamente cubierta con ropas de guerra biológica, para evitar que se reúna la gente, argumentando el riesgo de contagios mayores.

Sebastián Piñera no es una persona apta para enfrentar una crisis como la que puede detonar el contagio masivo del COVID 19.

Se trata la suya de una psicología que obra de mejor manera bajo presión pero solo cuando se trata de tomar decisiones para ganar dinero. No cuando se trata de salvar vidas o evitar riesgos en la población. En esos casos, Piñera simplemente no sabe qué hacer.

Esas variables que tienen que ver con las personas y sus vidas, no entran en las ecuaciones que dominan un cerebro solo apto para la ganancia y la acumulación de dinero sin sentido.

Si se trata de ganar plata, no f alla. Si se trata de entender lo que la gente exige, no atina  siquiera a escuchar.

Experto en el arte de simular, propio de los que se dedican a la especulación financiera, no vacilará en mentir de la manera más descarada, convencido que nadie se atreverá a desdecirlo.

Esta es su única oportunidad.

Piñera intentará por todos los medios presentarse como el líder que salvará al país de la tragedia. Sus equipos de inteligencia estarán en estas horas definiendo los cursos de acción y las operaciones psicológicas para instalarlo como el gran líder que salvó al país.

Así, el COVID 19 se transformará en la gran oportunidad que estaba esperando y en breve veremos que los número de las encuestas que le han sido tan esquivos en los últimos cuatro meses, ahora comenzarán a subir como por arte de magia.

En este estado de cosas, resulta increíble que nadie o muy pocos saquen la voz para denunciar el manejo interesado de una crisis en extremo peligrosa.

Las organizaciones de trabajadores hasta ahora no han dicho esta boca es mía para denunciar el manejo que se intenta de una enfermedad que puede diezmar la población chilena, expuesta a un sistema de salud público en pésimas condiciones.

Y a un gobierno que no gobierna.

Así como van las cosas, no sería raro que los mismos de siempre nuevamente se tomen de las manos luego de firmar un acuerdo que suspende el proceso constitucional, decreta estado de sitio, ordena vaciar las calles e impone penas del infierno al que ose protestar en la plaza.





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