«Es hora ya de un cambio radical. Tal es la revolución que la civilización humana de nuestro tiempo debe lograr»

En otras palabras, «el mundo de después», sobre el cual muchos proyectan ya sus esperanzas, debe comenzar ahora, con otros medios de producción e intercambio, con una jerarquía diferente de normas y prioridades. El interés general, la salvación común, la ayuda mutua, la planificación ecológica, eso es lo que debe prevalecer de ahora en adelante y sin demora.

Ya lo hemos dicho, nosotros no votaremos este texto. En conciencia, y después de haber deliberado entre nosotros, los 17 diputados de nuestro grupo de la Francia Insumisa, pensamos que éste es nuestro deber, pues no creemos que las medidas que contiene estén a la altura de la situación tal y como la analizamos.

Antes de resumir nuestras razones, me gustaría decir una vez más, cual es nuestro principio de acción en este momento. Nosotros somos una oposición y una fuerza de proposición y lo seremos en toda circunstancia.

En una democracia, la oposición contribuye al interés general por intermedio de su solidaridad, pero también por sus críticas. Esta permite que nunca se olvide el postulado fundamental de la democracia y de la razón: que en todas las situaciones otra vía es siempre posible. Es por eso que el derecho y el deber de la mayoría parlamentaria, es evidentemente, el de tomar las decisiones que considere necesarias y exigir que se apliquen.

Pero también, el derecho y el deber de una oposición es el de proponer una alternativa a éstas, y, ciertamente, el de presentarse como un recurso alternativo que se ofrece a la disposición de los ciudadanos. Este es el papel el que estamos asumiendo en este momento, basándonos en nuestro plan de urgencia, en nuestras enmiendas y en nuestras intervenciones en esta Cámara.

La pandemia es ciertamente un hecho biológico. Pero es antes que nada un fenómeno social resultante de las condiciones en que la humanidad ha producido, intercambiado y definido sus prioridades hasta hoy. Hemos llegado a esta situación porque el egoísmo social, la libertad de mercado y la competencia libre y no distorsionada han dominado sin freno alguno, han debilitado y destruido casi todos nuestros medios de defensa colectiva.

Es con todo esto que debemos romper definitivamente. No sólo para crear un nuevo mundo mañana, sino para poder librarnos de este desastre a partir de hoy mismo.

En otras palabras, «el mundo de después», sobre el cual muchos proyectan ya sus esperanzas, debe comenzar ahora, con otros medios de producción e intercambio, con una jerarquía diferente de normas y prioridades. El interés general, la salvación común, la ayuda mutua, la planificación ecológica, eso es lo que debe prevalecer de ahora en adelante y sin demora.

En nuestra opinión, en la actual situación de peligro común estos principios no deben tener límites. Desde nuestro punto de vista, los mejores artesanos del cambio en esta situación son quienes hacen que el país viva, en cada momento, por obra y gracia de su trabajo.

El confinamiento forzoso es necesario e indispensable en este momento. Y yo hago un llamado a todos a ser solidarios con las autoridades sanitarias y el gobierno. Esta situación de confinamiento conlleva, evidentemente, problemas psicológicos graves. Pero no es un horizonte infranqueable de la acción colectiva para el futuro.

Francia dispone de todo los medios materiales, morales e incluso espirituales para poder hacer frente a esta situación y así poder alcanzar sus objetivos sanitarios. Para ello, el sector de la salud debe contar sin demora con todas las mascarillas que sean necesarias, tantos respiradores como sean necesarios, tantas pruebas para saber quién está enfermo y necesita estar confinado y bajo cuidado, y quién no lo está y debe ser capaz de hacerse útil.

Para ello, las 1000 empresas textiles y los 100.000 empleados que cuenta nuestro país deben ser requisados para producir y así priorizar los cientos de millones de mascarillas que necesitamos. Los miles de puestos de trabajo en las empresas especializadas en mecánicas deben ser requisadas para poder producir los miles de respiradores que necesitamos de manera urgente y necesaria.

Las empresas cerradas o en situación de quiebra cuyas producciones afectan directamente a los medios sanitarios que necesitamos deben se nacionalizadas, reabrir y producir sin demora. Todo este aparato de producción puede y debe ser movilizado día y noche para detener el desastre antes de que la epidemia alcance su punto máximo.

En todas las empresas afectadas, los propios empleados deben decidir sobre cuáles son las mejores condiciones sanitarias para la producción; éstos deben estar equipados adecuadamente para su propia protección; organizar la continuidad de la cadena de suministros necesarios a través del contacto con las empresas proveedoras.

Se debe garantizar a cada persona sus ingresos económicos, su alojamiento y sus suministros básicos estarán asegurados, de modo que ésta pueda y deba aceptar incondicionalmente el confinamiento. Un impuesto sobre las grandes fortunas y los ingresos del capital deben contribuir inmediatamente a la financiación de las medidas de la urgencia común por la cual atravesamos.

Francia debe movilizarse no sólo para sí misma sino también para participar solidariamente con los pueblos que pidan nuestra ayuda, en particular y según prioridades a los de la zona francófona. El actual plan del Gobierno no prevé la participación ni la contribución de todas las fuerzas vivas y los actores del país, ni la planificación de los medios de producción necesarios.

No extraen ninguna enseñanza sobre la manera en que el egoísmo de las naciones que componen la Unión Europea se ha impuesto contra todo sentido común y en total desprecio a los valores que ellos proclaman.

Seguramente sus decisiones serán implementadas. Les deseamos de todo corazón que tengan éxito, y lo decimos sinceramente, aunque no creemos en ellas. Pero si fallan, el país necesita saber que tiene a su disposición, al interior de la Asamblea Nacional una alternativa con otra coherencia.

El gobierno y las autoridades sanitarias saben que estamos disponibles para cualquier ayuda que puedan necesitar. Y el país también.

Ni ahora, ni nunca, olvidamos que nuestras vidas son nuestras son nuestras obras según lo permitido por Prometeo. No luchamos contra otro enemigo que los errores y abusos de una manera de vivir.

Es hora ya de un cambio radical. Tal es la revolución que la civilización humana de nuestro tiempo debe lograr.

*Jean- Luc Mélenchon, lider de la oposición del movimiento politico de
la Francia Insumisa

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