Bolígrafos, manos y papeles: ¡Los escritores los acompañamos en su lucha!

Nosotros vamos tras ellos, acompañando sus luchas, alzando la voz por todos los que no tuvieron acceso a la educación y hoy están desconectados. Nosotros estamos con ellos, con “Los siempre olvidados” con los que salen a pelear a las calles porque sienten hambre y frio.

La llegada del Covid-19, trajo consigo una innegable revolución teórica, en el escenario latinoamericano los mundos de las Ciencias Sociales y Humanidades no tardaron en articular diferentes documentos abordando desde sus respectivas disciplinas profundos y certeros -algunos no tantos- análisis respecto de las consecuencias a mediano y/o largo plazo que nos dejaría la pandemia. En palabras de Camus (2008) “La verdadera generosidad con el porvenir consiste en darlo todo en el presente”. En este sentido, cada escritor desarrolló ya sea individual o colectivamente reflexiones; análisis; columnas; paper; charlas; estados en redes sociales, etc. Han entregado todo desde lo que mejor saben hacer: Escribir. Como resultado de estas producciones teóricas; científicas y reflexivas se comenzó a hablar de una sobreinformación y saturación de información.

Me parece curioso que los profesionales; pensadores; intelectuales; investigadores o incluso lectores comprometidos manifiesten que se produce una saturación de la información y olviden que, en medio de la pandemia, las brechas sociales se aumentaron, los que se tradujo en que el grupo de “los siempre olvidados” termine: desconectado; aislado. Entonces, ¿Realmente se puede hablar de algún tipo de saturación de la información a la ciudadanía general cuando los que tienen acceso a estos profundos análisis son solo un grupo específico de la población?

A propósito de las brechas sociales que se incrementaron con la llegada de la pandemia, una vez que los Estados comenzaron levemente a sentir el impacto del virus en sus economías, las medidas implementadas en muchos países de la región se enfocaron precisamente en que la crisis económica se frenara. Sin mirar el no menor detalle de que al privilegiar la apertura de mall por sobre la vida humana se produciría una crisis humanitaria, significando que las muertes alcances cifras inigualables; que los contagios se disparen sin frenos; que los sistemas de salud colapsen. Estos elementos para muchos líderes; presidentes, diputados; instituciones; y partidos políticos no importaron. Pero, para quienes llevamos estudiando desde algún tiempo el modo de operar de estos modelos denominados como Capitalistas-Neoliberales, nada de lo ocurrido es motivo de gran sorpresa, es parte del devenir de los sistemas. Es parte del fluir natural del mundo globalizado. ¿Es momento de comenzar a pensar en un mundo con permanentes crisis de todo tipo y recurrentes explosiones sociales exigiendo poder vivir?

La llegada del virus pandémico, uniendo se con el virus ideológico, no tardó en dejar consecuencias sociales y humanas devastadoras. Específicamente en Chile tras la implementación de los periodos de aislamiento obligatorio, en ubicaciones geográficas de extrema pobreza, el despertar no vacilo en iniciarse. Se produjo un despertar desde la desgarradura, desde la herida, desde el trauma, la violencia, pero sobre todo se retorna a las calles por el hambre y el frio.

Intentar decir que como escritores formamos parte de su lucha, es egoístamente robarnos un escenario que no nos corresponde, que fácil decir ¡yo lucho contigo! Desde la comodidad de nuestras casas, mientras tras nuestros ordenadores y nuestros privilegios podemos analizar y escribir mensajes que jamás llegaran a quienes representan. Sin embargo, nosotros vamos tras ellos, acompañando sus luchas, alzando la voz por todos los que no tuvieron acceso a la educación y hoy están desconectados. Nosotros estamos con ellos, con “Los siempre olvidados” con los que salen a pelear a las calles porque sienten hambre y frio. Nosotros estamos con ellos, tras ellos, mirando su valentía, compartiendo su dolor y entregando nuestras manos para escribir y dar a conocer la lucha que nuestros compañeros y compañeras están desarrollando en contra del silencio; la violencia y la represión.

Lacan escribía que “El lenguaje entrega su sentencia a quien sabe escucharlo” ¿Cuál es la sentencia que hoy cubre el lazo social chileno?  ¿Hay un porvenir que no surja desde las profundidades de nuestras esperanzas por sentir, ver y vivir un Chile más justo? ¿Cómo hablar de un mañana lleno de vida si hay un grupo que desde hace décadas está muerto en vida? ¿Cómo soltar esa ilusión que nos cubrió tras el 18/O? ¿Hay que soltar ese recuerdo que lentamente se desvanece con el mensaje de un: ¡Chile Despertó!? ¿Es momento de rendirnos cuando los ojos perdidos de la primera línea no se recuperarán jamás?

Hay muchas preguntas que día a día nos despiertan profundas reflexiones, ideas incluso contradictorias entre si que nos permiten escribir otros tantos documentos más. La cuestión es que mientras la pandemia avanza, el dolor también. Por eso escribo y, creo que muchos nos encontramos en este sentir, en despertar y ver en los noticieros ya sean nacionales o internacionales a madres llorando por no tener comida para sus hijos/as. Escribo por esos hijos/as que piden por sus padres y madres postrados. Los siempre olvidados, aquellos olvidados por el Estado, por las instituciones, los siempre olvidados que los escritores NO OLVIDAMOS. Alzamos la voz, o mejor dicho utilizamos nuestros Bolígrafos, hojas y manos para dejar con nuestras letras registros de que en pleno 2020 el pueblo muere por hambre.

A modo de conclusión, dejo un fragmento antiguo, pese al paso del tiempo, e incluso a pesar del polvo que hay en estas letras, son capaces de impregnar nuestros días, Camus (1972) escribía:

“Me hablaron de un hombre a cuyo amigo lo habían encarcelado y que se acostaba todas las noches en el suelo de su habitación para no disfrutar de una comodidad de la que habían privado a ese hombre al que tanto quería. […] Sí, un día todos nosotros seremos capaces de hacer algo así, y ese día habrá llegado la salvación”

Los que escribimos seguimos acompañando la lucha del pueblo, porque conocemos de su extrema solidaridad, de su humanidad y bondad porque sabemos que su dignidad ha sido desbaratada.

Nicol A. Barria-Asenjo

Columnista y Colaboradora en  Le Monde Diplomatique, edición Chilena

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