George Floyd y la búsqueda de justicia: Retorno de Anonymous sin olvidar a Julian Assange.

El fondo de las manifestaciones que se viven en EE.UU, la desesperanza de la población ya estaba presente, en ese mandato a retornar a una normalidad de manera rápida, cuando ese regreso a sus trabajos, por ejemplo significa que los más pobres, los que no pueden autoaislarse, se contagien y las probabilidades de morir sean altas.

Desde el pasado 25 de mayo las publicaciones de diferentes medios internacionales, nacionales y locales comparten un contenido: Las manifestaciones y protestas que se extienden a lo largo de Estados Unidos. Es curioso que la información circulando en estos persista siendo manipulada y adoptando la perspectiva y/o lecturas que cada medio quiere brindar a sus lectores o espectadores. Lo cierto es que en el fondo de estas protestas no hay presencia de una razón específica, sino más bien una mezcla de violencia, racismo, xenofobia y tolerar los abusos por parte de las fuerzas policiales en contra de los ciudadanos de raza negra.

Ahora bien, el gatillante de estas olas de rabia desatadas de forma masiva fue la cruel e inhumana muerte de George Floyd en el vecindario de Powderhorn, en la ciudad de Mineápolis, Minesota (Estados Unidos), tras ser arrestado por 4 policiales, fue  asfixiado por estos. En diferentes evidencias que hay circulando por las  redes sociales se ve que George suplicaba que levantaran las rodillas que uno de los  policiales mantenía sobre él, ejerciendo presión contra su cuello-. Tras su muerte la rápida masificación de estos registros audiviosuales una oleada de  indignación y protestas comenzaron a desencadenarse.

En medio de la crisis mundial que se vive producto de la pandemia del Covid-19 y, tras el cese del alza descontrolado respecto de las cifras de muertes o contagios en algunos países, tras la extrema sensibilidad social, el escenario se asemejaba a ese momento casi utópico o mágico que nos entrega la película “Armagedón” (1998) dirigida por Michel Bay, en el cual, tras el primer fracaso de la tan ansiada perforación la humanidad se impregna de desesperanza por la presencia latente de posible fin de mundo, en instante se muestran imágenes de diferentes países – no es casualidad que los países que se muestran en esas escenas son los que mantienen severos conflictos políticos-.  Se exponen variadas escenas de personas abrazadas, rezando en comunidad: unidad, paz, Humanidad.

Antes de ese cruel e inevitable final y extinción de la humanidad, el amor, la unidad y la paz reinando. Esa realidad proyectada en el cine se extrapolaba en cierta medida al estado en el cual la humanidad se mantenía -o el escenario que se añoraba-. La llegada de este enemigo invisible identificado como Covid-19, trajo consigo un freno a los diferentes estallidos sociales que se habían desencadenado previamente al ingreso de la pandemia a algunos estados, tras los desastres y el inicio de los periodos de cese de aumentos de contagios el retorno a una normalidad o ilusión de lo que ocurría no era tan terrible comenzaban a manifestarse.

La muerte de George Floyd generó que ese retorno a una normalidad se evitara. Junto con las olas de manifestaciones en Estados Unidos, y tras la rápida proliferación y masificación de la información, los demás países tomaron una suerte de identificación con el caso. Rememorando las muertes que se han producido como consecuencia del abuso de poder no solo de las fuerzas policiales, sino de diferentes dispositivos de sus respectivos países. En ese contexto, emergió otro inesperado regreso: el de Anonymous quienes tomaron el centro de la atención internacional, dada su declaración en la cual amenazaba al Estado, a las fuerzas policiales y a diferentes personajes exigiendo justicia, dando a conocer diferentes casos previos de muertes que ocurrieron en la obscuridad y el silencio. El retorno de Anonymous sin duda trajo consigo un gran revuelo y conmoción, por ser un grupo que busca que la verdad salga a la luz. Esta carrera por la verdad pública, fue también una empresa que inició Julian Assange fundador de WikiLeaks, quien tras dar a conocer diferentes “Secretos” fue perseguido y encarcelado.

Hay dos puntos a considerar y sobre los cuales reflexionar: primero, la muerte de George  Floyd si bien es repudiable no es la única, hay cientos de muertes en un contexto similar.  Segundo, la llegada de Anonymous no es una lucha única, es una lucha y una búsqueda de la verdad como otras tantas. Esto no significa dejar de apoyar, sino que el punto  importante es NO OLVIDAR. No olvidar a todos los muertos y prisioneros que tras mantenerse en el camino de una búsqueda de la justicia social; de la verdad; de la equidad; e incluso de la dignidad: han sido cruelmente callados.

Este escrito apela a esto, letras que buscan no dejar atrás a nuestros muertos y, cuando escribo “nuestros muertos” no me refiero a un país en específico, sino a todos los que no tuvieron opciones de alzar la voz, a dejar atrás la ilusión de un progreso, de libertades, porque no es más que eso: ilusiones. Lo cierto es que muchos siguen siendo violentados, vulnerados y encerrados injustamente.

El escenario actual, lo describe Slavoj Žižek (2020) quien manifiesta: “Nuestro mundo se está ahogando gradualmente en la locura: en lugar de una acción global solidaria y coordinada contra la amenaza del Covid-19, no sólo están proliferando los desastres agrícolas, lo que aumenta la posibilidad de hambruna (…) sino que también está estallando la violencia política, a menudo ignorada por los medios de comunicación (…) volver demasiado rápido a la “normalidad”, como propugnan Trump y su administración, expone a muchas personas a la amenaza mortal de la infección, pero no obstante la exigen, ocultando así cualquier rastro del delito de Trump (y del capital) hay  que contrastar estas protestas contra el encierro con la continua explosión de rabia provocada por otra muerte en el paraíso americano, la muerte de George Floyd en Minneapolis.

Aunque la rabia de los miles de negros que protestan contra este acto de violencia policial no está directamente relacionada con la pandemia, es fácil discernir de sus antecedentes la clara lección de las estadísticas de muertes por Covid-19: los negros e hispanos tienen muchas más posibilidades de morir debido al virus que los estadounidenses blancos. Así pues, el brote ha puesto en manifiesto las consecuencias muy materiales de las diferencias de clases en EE.UU: no solo es cuestión de riqueza y pobreza, sino que también es literalmente, una cuestión de vida o muerte, tanto en lo que respecta a la policía como a la pandemia del coronavirus”.

Del análisis del autor esloveno, podemos extraer el fondo de las manifestaciones que se viven en EE.UU, la desesperanza de la población ya estaba presente, en ese mandato a retornar a una normalidad de manera rápida, cuando ese regreso a sus trabajos, por ejemplo significa que los más pobres, los que no pueden autoaislarse, se contagien y las probabilidades de morir sean altas. Este mandato a la normalidad también exige un retorno a mantener el silencio de las violencias políticas, a mantener bajo llave los secretos de las redes de pedofilia, etc. Un regreso a una normalidad es volver al adormecimiento, a tolerar todas las injusticias por las cuales muchos han muerto.

En “Azul» la primera película de la trilogía de los colores escritas, producidas y dirigidas  por el polaco Krzysztof Kieślowski, hay un diálogo que se repite, tras las desgracias y desesperanza  que le tocan a la protagonista, en diferentes escenas le aconsejan que siempre hay que guardar algo, nunca hay que desprenderse de todo. Si tenemos suerte y el destino nos acompaña tras todo lo que acontece y todo lo que vendrá, espero que tengamos la opción de guardar algo, aunque sea un poco de humanidad.

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