La pandemia COVID-19 como punto suspensivo al movimiento social emancipatorio chileno

Esta realidad eventualmente habilita condiciones de posibilidad para un Acontecimiento “real” –aquel que pueda instituir un cambio radical al capitalismo neoliberal en aras de una -por ahora imposible- democracia radical participativa e inclusiva.

En el seno del estallido social de octubre del 2019 se vislumbró la pregunta politológica  acerca de si ¿Hay un imaginario social que sustente un giro radical al neoliberalismo de un modo sustentable? ¿Algo de ese imaginario es susceptible de escritura en un proceso constituyente para Chile? ¿Hay sólo demandas sectoriales (derechos de la mujer y las disidencias sexuales, mejores pensiones, mayores ingresos, educación gratuita de calidad, etc.) o todo este conjunto de demandas son una puesta en jaque del modelo en sus aspectos centrales? ¿Existe una contra-hegemonía al Capitalismo a la chilensis, de característica familiarista, clasista, neo-colonial, extractivista? En otras palabras, nuestro modelo institucional, económico y cultural es ¿Terminable o interminable?”

Más precisamente, ¿Qué factor cumplirá el ocaso de la pandemia COVID-19 en los proyectos emancipatorios de los movimientos sociales chilenos? Constatamos en el día a día la emergencia de noticias desmoralizantes que amenazan la integridad física y psíquica del pueblo de Chile -las tasas de contagio abismales que vive nuestro país, los desgarros sociales de la pobreza extrema, la vulneración de derechos de infancia, las violencias simbólicas de las malas decisiones políticas del gobierno, entre otras- ¿Es este escenario sólo un punto suspensivo o una puesta en jaque a la articulación política contra-hegemónica del capital? ¿Dado el mayor descontento social y la aguda crisis económica, tendremos un movimiento aún más poderoso y masivo post COVID-19, o bien, se volverá al individualismo narcisista cual introyección del mandato al “aislamiento social”?

Jorge Alemán (2019) en su libro “Capitalismo, Crimen perfecto o Emancipación”, lo plantea en estos términos: ¿Cómo pensar la emancipación en el escenario del crimen perfecto del capitalismo neoliberal? Pregunta que se superpone con la adversidad agregada de una pandemia desmoralizante. En otras palabras, como dijo alguna vez el crítico marxista del posmodernismo Fredric Jameson, “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”.

Los idearios alternativos al capitalismo han sido más bien particulares: disolver los estados-nación y retornar a una suerte de primitiva ligadura con la naturaleza con pequeños grupos organizados bajo lógicas económicas colaborativas y de ecoaldeas de funcionamiento político sociocrático. El eco-feminismo, los humanismos ancestrológicos, o los enfoques neo-chamánicos se acercan a estas propuestas. Hay experiencias de rotundo fracaso traumático e inclusive perversiones sectarias y gurús disfrazados de blanco, y hay otras tantas exitosas y sustentables. No obstante, no han sido soluciones globales, sino particulares (generalmente para grupos de élite progresista).

Así mismo el marxismo clásico se ha mostrado inadecuado para pensar las particularidades del mundo contemporáneo. Los filósofos posmarxistas serían aquellos que han renunciado a aquella necesidad histórica del marxismo esencialista que concebía al proletariado como el sujeto histórico cuya misión revolucionaria estaba inscrita en su ser social mismo, en su clase, y era discernible mediante el análisis científico objetivo de la historia entendida como lucha de clases. Desde la postura lacaniana de Jorge Alemán, esta renuncia al sujeto histórico se realiza en nombre del vacío constitutivo del sujeto, que impide que pueda ser subsumido por la Historia, ni pasada ni futura. El vacío es por tanto una potencia creativa.

La noción de vacío nos permite reflexionar sobre el concepto de “lo real” en la vertiente politológica lacaniana. Como reconoce Žižek (2011), son Laclau y Mouffe (1985) en su clásico libro “Hegemonía y Estrategia socialista”, a través de su concepto de “antagonismo social”, quienes conciben el campo socio-simbólico como estructurado en torno a un Real, a una cierta traumática imposibilidad que no puede ser simbolizada y que hace inalcanzable la reconciliación final de la sociedad. Es decir, la totalidad de una sociedad lograda y sin fisuras o tensiones es una fantasía ideológica que termina siendo contraproducente para los movimientos emancipatorios. No sólo porque las tensiones son inherentes a la estructura del lazo social, sino porque termina este ideario fantasioso en el impasse “cambiémoslo todo… justamente para verificar que nada cambia y así poder mantenerse inocentes en la queja de que nada cambia”.

En este sentido, y a partir de la constatación del proceso histórico por el que se ha sustituido el privilegio de la lucha económica de clase por la irreductible pluralidad de luchas feminista, ecológica, decolonial, democrática, etc., para Laclau (2008), sólo el significante vacío “democracia radical” (la “invención democrática” de Lefort (1986)) dotaría de horizonte a esas luchas particulares, al concederles la posibilidad de establecer una serie de articulaciones hegemónicas contingentes capaces de llevar a cabo una “guerra de posición” –en el sentido gramsciano– frente a la construcción hegemónica del capitalismo. La articulación de estas distintas luchas mediante “cadenas equivalenciales” las dotaría de una “fuerza común” para transformar las ideas en la sociedad y así intentar instituirlas en la política institucional, sin ir más lejos en el debate por la nueva Constitución de la República.

Lo que está en juego es la posibilidad potencial de generar un acto instituyente. Un acto de esta naturaleza no es cualquier acto, no es un (n+1) dentro de un orden dado; más bien sería un acto que al no ocurrir dentro del horizonte dado de lo que parece ser posible, redefiniría los contornos mismos de lo posible. Slavoj Žižek (2011) lo plantea así: “Un acto cumple lo que, dentro del universo simbólico dado, parece ser ‘imposible’, pero cambia sus condiciones de manera que crea retroactivamente las condiciones de su propia posibilidad”. En definitiva, este sería, según Žižek, un acto auténticamente materialista, porque lograría tocar algo de ese Real imposible.

Para Žižek, la novedad de la fantasía capitalista actual es que se encontraría en la realidad social misma mantenida por lo que Lacan denomina el gran Otro. Si no podemos escapar del capitalismo en su fase actual, o como dice Alemán (2012), si no podemos nombrar el después histórico del capitalismo, es porque nos encontramos siempre dentro del universo simbólico del gran Otro neoliberal. Por ello, únicamente mediante la “destitución subjetiva” de ese gran Otro podremos atisbar la salida de ese dominio de identificación simbólica capitalista y tocar algo de lo Real.

El Otro neoliberal instituye una subjetividad: individual, consumista, emprendedora, competitiva, atomizada, maniaco-depresiva, inmediata y deshistorizada, etc. ¿Otra subjetividad posible? Un lazo social tramado por otros significantes se avizora en las palabras colectivas de “despertar y dignidad”. ¿De qué despertar se tratará post-pandemia? ¿Existirán las condiciones para la articulación sociopolítica o los efectos traumáticos del COVID-19 en Chile serán lo suficientemente desmoralizantes como para retornar al refugio individual? ¿Será que el efecto social del virus en lugar de destituir al modelo, revelando sus severas ineficiencias e injusticias sociales, no hará más que fortalecer al Otro neoliberal que nos señala que debemos preocuparnos de nosotros mismos (mi salud, mi familia, mi economía, etc.)?

Para el filósofo Alain Badiou (1988), la destitución del gran Otro neoliberal es un acto instituyente que recibe el nombre de “Acontecimiento”, un punto de detención inabsorbible en la regla de la lengua, en el saber de la situación, un momento en el que la verdad nos detiene y compromete al sujeto de modo radical, porque es del orden de un acto del que solo se puede estar seguro retroactivamente. El lema de Mayo del 68 “Pedid lo imposible” no entra dentro del juego de lo que está establecido como posible o imposible por el orden dominante, sino que supone pedir una posibilidad que no se encuentra dentro de lo que se dice que es posible o imposible. Y solo el Acontecimiento es capaz de dar lugar a este imposible, porque abre un procedimiento de verdad en el que se resignifica el estado de la situación a partir de dicho Acontecimiento.

Un Acontecimiento es la creación de nuevas posibilidades. Se sitúa no simplemente en el nivel de lo posible objetivo, sino en el de la posibilidad de todo lo posible. También podemos decirlo así: con respecto a la situación o al mundo, un Acontecimiento abre la posibilidad de lo que, desde el estricto punto de vista de la composición de esa situación o de la legalidad de ese mundo, es propiamente imposible. Si recordamos que para Lacan, tenemos la ecuación real = imposible, de inmediato vemos la dimensión intrínsecamente real del Acontecimiento. Por ello es que las medidas económicas “parche”, los reformismos insignificantes, o las políticas paliativas no tocan el punto real de la situación.

Aunque imaginar el fin del capitalismo parece la mayor utopía, cabría preguntarse si los que defienden los cambios dentro del horizonte democrático liberal no son los verdaderos utópicos en su creencia de que sus esfuerzos redundarán en un capitalismo con rostro humano –Un eco capitalismo sustentable e inclusivo que es un oxímoron-. Por otra parte, si las demandas sociales del movimiento emancipatorio no son articuladas e instituidas existe un gran riesgo de que advenga lo que Laclau (2008) denomina “populismo de derecha” y Alemán (2019) “neofascismo liberal”. En estas condiciones, parece más urgente que nunca entender que la Historia no está de nuestro lado; sino precisamente la historia no debe ser pensada a partir de la existencia de un gran Otro garante. Ya no se trata de descubrir que somos el agente predestinado por el destino, el proletariado guiado por la necesidad histórica, sino de todo lo contrario, que no existe ningún gran Otro consistente que pueda venir a auxiliarnos – ni siquiera los de “la parte sin parte” de Rancière – si es que lo que pretendemos es tocar, y no solo imaginar, una alternativa real al capitalismo global, en la que los sujetos, como nos dice Alemán, sigan deseando transformar la historia en el sentido igualitario. Parafraseando el lema feminista “la revolución será feminista, o no será”, habría que afirmar que la emancipación/revolución será sin sujeto histórico ni luchas particulares aisladas, o no será.

En síntesis, el COVID-19 no es un supuesto “real a pensar”, sino una realidad biológica con efectos políticos. Esta realidad eventualmente habilita condiciones de posibilidad para un Acontecimiento “real” –aquel que pueda instituir un cambio radical al capitalismo neoliberal en aras de una -por ahora imposible- democracia radical participativa e inclusiva. Conclusión, la realización del plebiscito y el debate constitucional serán un territorio fundamental para intentar acortar la brecha del Estado con su pueblo instituyente.

Rodrigo Aguilera Hunt

Psicólogo clínico (Universidad Católica de Chile – PUC). Magíster en psicología clínica mención psicoanálisis (Universidad Adolfo Ibáñez-UAI). Psicoanalista (Sociedad chilena de psicoanálisis – ICHPA). Docente de la facultad de psicología de la Universidad de Santiago de Chile (USACH). Escritor y supervisor clínicoEmail: rodrigoaguilerahunt@gmail.com

Referencias bibliográficas:

Alemán, J. (2012) Soledad: Común. Políticas en Lacan. Grama: Buenos Aires.

Alemán, J. (2019) Capitalismo: Crimen perfecto o Emancipación. NED: Barcelona.

Badiou, A. (1988) El ser y el Acontecimiento. Bordes Manantial: Madrid.

Castoriadis, C. (1975) La institución imaginaria de la sociedad. Tusquets (1999): Barcelona.

Gramsci, A. (1972) Los intelectuales y la organización de la cultura. Ed. Nueva Visión: Buenos Aires.

Lacan, J. (1969) Seminario XVII El reverso del psicoanálisis. Paidós (Ed.1992): Buenos Aires

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