¿Quiénes son los culpables de que vivamos la peor emergencia sanitaria de este siglo?

Mañalich y Piñera llamaban a la «nueva normalidad», dando como base lo que estaba sucediendo en Europa, donde la contención de la pandemia tenía explicación en una larga y obligada cuarentena, donde el Estado había resuelto los problemas básicos de la población.

La pandemia no solo es responsabilidad de un gobierno que privilegia la riqueza de unos pocos por sobre la vida de las mayorías. También se lo debemos a 30 años de gobiernos que han engordado las fortunas de unas pocas familias, en detrimento de las mayorías que viven en los bordes de la pobreza con leyes que han liberalizado las relaciones laborales, que ante la más mínima crisis dejan su orgullosa clase media y pasan directamente a ser pobres. Eso sin contar con la miseria dura que bordea las ciudades o se hacinan en viejas viviendas que convierten en zonas tuguriales. 

 Si bien en este caso, Mañalich y Piñera deberían ser llevados ante un tribunal por el genocidio causado a más de cuatro mil chilenos (hasta ahora), cifra que en tres meses ha superado la masacre de la dictadura en diecisiete años; sabemos que hay toda una pomposa llamada «clase política» que ha callado, que ha sido cómplice pasivo  de este genocidio.

Hemos visto a senadores y diputados peleando sus privilegios mientras Mañalich y Piñera llamaban a la «nueva normalidad», dando como base lo que estaba sucediendo en Europa, donde la contención de la pandemia tenía explicación en una larga y obligada cuarentena, donde el Estado había resuelto los problemas básicos de la población. 

Hemos visto el silencio ante la negación de cerrar los puertos, como San Antonio y Valparaíso para favorecer a los exportadores, como el ministro Walker que es el gran exportador de manzanas, producto que va a los mercados internacionales en mayo. 

Hemos visto la burla y sinvergüenzura de la «cajita feliz», que supuestamente paliaría el hambre en las zonas más afectadas por el coronavirus y la pobreza dura, sin que los honorables hicieran nada, no denunciaran el negocio de Paullman y  Hallmark, dueño de Líder, no pidieran a contraloría una investigación sobre a quienes favorecieron estas compras del Estado.

Hemos visto los extraños negocio de las residencias sanitarias que no favorecen a los pobladores de la Pintana, La Legua, Puente Alto, migrantes y otras personas que pertenecen a zonas periféricas, pero sí hemos visto en TV a alcalde de Las Condes pavoneándose en una residencia pagada por la Municipalidad de Las Condes, (con recursos públicos). Lavín es uno de los hombres millonario de este país, dueño de la universidad del Desarrollo y su patrimonio en 2017 era de $1.300.261.129 millones.

Hemos visto tanta injusticia junto a la desidia de quienes teniendo la facultad para detenerla e investigarla, han decidido juntar fuerzas con el gobierno, a través de un acuerdo nacional. Acuerdo que entregó migajas, no resolvió problemas de fondo, mantuvo la defensa de la riqueza de los más ricos y sólo logró darle más visibilidad a Piñera.

Aún sigue pendiente los 30 años de deuda, aún sigue pendiente derribar a quienes se apropiaron de la riqueza de los trabajadores, aún sigue pendiente recuperar los mares, el cobre, las aguas, las riquezas forestales y la nacionalidad de las comunidades ancestrales para vivir en un país más justo.

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