Cuando el presente se convierta en recuerdos

Entonces, ¿De qué nos sirve la historia? La historia nos sirve para recordar y evitar olvidar, para lograr en cierta medida reconstruir una verdad, un momento histórico y servir como documentos valiosos que otras generaciones puedan utilizar….

En la historia de la humanidad encontramos huellas importantes de momentos históricos similares al que hoy nos vemos expuestos. Las pandemias en regiones específicas o a gran escala desde temprana data han estado presente en las sociedades humanas, en muchos casos, estos mismos desastres naturales que llegaban a invadir a nuestros antepasados de manera brutal -dejando con su llegada innumerables pérdidas humanas y de todo tipo-, son una de las razones para que hoy en día contemos con mejorías o progresos en el sistema de salud -lo cual también es cuestionable-.

Cuando nuestro porvenir es incierto, y la única certeza que tenemos como humanidad es que este enemigo invisible llamado Covid-19 aún nos puede traer otras tantas sorpresas inesperada y consecuencias imprevisibles, lo que podemos hacer o lo que nos queda por hacer, es pensar en que elementos de todo esto que nos impregna podremos tomar y aprender de ellos ¿Qué es lo que perdurará en nosotros de este acontecimiento que nos abraza?

 Cuando nuestro presente impregnado de angustia, melancolía y desesperanza se transforme en un presente que debe comenzar a construir los cimientos de esa nueva normalidad, cuando el virus deje de andar por ahí causando estragos y cobrando vidas ¿se podrá tener un aprendizaje significativo que pueda heredarse a las generaciones futuras? ¿Este trauma psicosocial que nos toca enfrentar será el causante de otro tipo de crisis psíquicas para esos que vienen después de nosotros? ¿A la luz de nuestros recursos y decisiones internacionales estamos en posición de pensar en un futuro de la humanidad?

Tenemos dos perspectivas, la ilusión de un saber de la historia, de un camino que por difícil se vea tiene predeterminado y tiene como dirección única una solución específica y necesaria hacia la cual todos vamos caminando casi por inercia y por otro lado que de la historia no aprendemos nada. Ciertas o no estas posturas, nuestro pasado nos da la respuesta, desde la peste bubónica hay ciertos elementos que podrían ser considerados para evitar la repetición, y sobre todo para evitar que la llegada de pandemias arrase con todo a su paso. La ciencia por su parte llevaba años advirtiendo de esos peligros que inevitablemente debían ser confrontados, pero, se hizo oídos sordos, incluso a nuestra propia memoria histórica, quedando hoy a la deriva.

Entonces, ¿De qué nos sirve la historia? La historia nos sirve para recordar y evitar olvidar, para lograr en cierta medida reconstruir una verdad, un momento histórico y servir como documentos valiosos que otras generaciones puedan utilizar, este último objetivo es poco considerado, siendo ese uno de los grandes males del mundo occidental, donde el individualismo nos ciega, donde estamos totalmente acosados por la muerte y esto no parece ser otro campo de batalla más en el que debemos demostrar nuestras destrezas.

En medio de esta crisis humanitaria, es complejo exigir que sean estudiados los procesos similares para aprender de ellos, muchas de las medidas aplicadas por los gobiernos no son más que meras repeticiones de nuestro pasado, que persisten en ser implementadas pese a las consecuencias que ya se han exhibido. En Chile hemos ya vivido previamente con pandemia de cólera, influenza, que han cobrado cientos de vidas, momentos de nuestro país en donde de norte a sur se ha paralizado el país. Aun así, eso en medio de la crisis es lo menos visualizado, se vive este momento como algo único, novedoso e incluso otro intento más para demostrar que las decisiones serán las correctas.

Con todo lo anterior, no es momento de dejar de soñar con lo imposible, quizás este presente pueda ser el punto de quiebre en esta triste repetición de errores históricos que solo perjudican a los más pobres y desvalidos,  si tenemos esperanza, podríamos esperar que los desastres causados por el Covid—19 sirvan a las generaciones futuras, para cortar los patrones que se repiten.

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