La aprobación del retiro del 10% y la alta expectación ciudadana

Como en todas las crisis, siempre los más perjudicados son los más débiles. El gobierno liderado por Piñera no ha tenido la empatía para dar una ayuda consistente a las familias de los sectores más vulnerables ni a la clase media ahogada con tantas deudas.

Por Juan Pablo Pezo Dalmazzo

Ayer 8 de julio en el congreso se votó el proyecto de ley para legislar el retiro del 10% de las AFP. La expectación por seguir la votación de los diputados fue como si estuviese jugando selección chilena de fútbol, las redes sociales estaban inundadas de links con la transmisión en vivo de la histórica votación, que incluso colapsó el sitio web de la cámara de diputados que tuvo 70 mil visitas por minuto.

Por su parte, el gobierno de Piñera desplegó toda su artillería para disciplinar a los diputados del oficialismo, con un brutal lobby que incluyó la oferta de un nuevo paquete de mejoras al plan clase media. No obstante, la Sala de la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de reforma constitucional que autoriza a los afiliados de las AFP a retirar hasta el 10 por ciento de sus fondos acumulados, en el contexto de la pandemia.

Finalmente, y en un sorprendente resultado, dadas las gestiones que se desplegaron durante el transcurso de la jornada, fueron 95 los votos a favor, 25 en contra y 31 abstenciones. Por dos votos se superó el quórum de tres quintos, lo que terminó por sepultar la estrategia del Gobierno tras una jornada maratónica de más de diez horas de debate.

A pesar de todo el lobby del gobierno, 13 parlamentarios oficialistas votaron a favor del proyecto: se trata de los UDI Celso Morales, Cristhian Moreira, Pedro Álvarez Salamanca y Virginia Troncoso; los RN Eduardo Durán, Miguel Mellado, Leonidas Romero, Ramón Galleguillos, Érika Olivera, Hugo Rey, Aracely Leuquén y Andrés Celis, además del independiente pro RN Pablo Prieto.

Además, otro grupo de RN optó por la abstención, como fueron los casos del timonel de la tienda Mario Desbordes, Francisco Eguiguren, Bernardo Berger, Sofía Cid, Harry Jürgensen, Andrés Longton, Karin Luck, Paulina Núñez, Ximena Ossandón y Alejandro Santana, además de los UDI Sergio Bobadilla y Joaquín Lavín, y el Evópoli Sebastián Álvarez. A ellos se sumó el otrora PPD Pepe Auth, el único voto opositor que se abstuvo.

Lo  interesante de la contingencia, desde una  perspectiva de la participación política del mundo social, fue que la ciudadanía siguió con mucha expectación y atención esta votación. Seguramente, los diputados oficialistas que votaron  a favor  sintieron esa presión, lo hicieron a  conciencia, a sabiendas que las encuestas mostraron que un 83% de los encuestados apoyaban la medidas del retiro del 10% de los fondos de las pensiones.

Los argumentos de los diputados que votaron en contra no variaron en demasía, como de costumbre,  esgrimieron argumentos para sembrar el miedo, con excusas inconsecuentes alejadas de la realidad de miles de familias chilenas que están sufriendo por el gran desastre económico que está dejando esta pandemia. Una gran mayoría de chilenos  y chilenas, sabemos que todo ese grupo de diputados que se opusieron al proyecto son serviles al capital financiero y no reales representantes del interés o la voluntad general del país.

Lista de los diputados que votaron en contra del proyecto

Durante esta crisis sanitaria los afiliados han perdido alrededor de un 20% de sus ahorros por las fluctuaciones del mercado y ninguno de estos diputados se pronunció. De este sistema de pensiones se financian los bancos y las grandes empresas, pero cuando hay pérdidas los únicos que pierden son los contribuyentes. Otros, como Pepe Auth, el diputado más desprestigiado del congreso por  alinearse constantemente con el gobierno, argumenta que el sistema de pensiones en chile es un sistema de seguridad social, algo que es completamente falso, porque el sistema chileno es un sistema privado de capitalización individual de ahorros obligatorios del cual lucran las AFP con las cotizaciones de los trabajadores.

Un gobierno sin corazón ni alma

Como en todas las crisis, siempre los más perjudicados  son los más débiles. El gobierno liderado por Piñera no ha tenido la empatía para dar una ayuda consistente a las familias de los sectores más vulnerables ni a  la clase media ahogada con tantas deudas. Es evidente, que  desde un comienzo la pandemia fue horrorosamente mal  gestionada y no sería nada de extraño pensar que fue a propósito. Simplemente  porque  a mediados de marzo  el estallido social se había profundizado en el tejido social del país y que se preveía una  victoria  aplastante del « Apruebo « en el  anulado plebiscito de abril.

Para Michel Foucault los periodos de peste en Europa a fines del siglo XVII  fueron situaciones ideales para vigilar, disciplinar y volver dóciles los cuerpos de los individuos. En ese contexto, al gobierno de Piñera la pandemia le cayó como un regalo del cielo,  un poder tan  cuestionado y resistido como el suyo  sueña con una situación pandémica para volver a  tomar control de todo el cuerpo social. Este gran filósofo francés autor de vigilar y castigar, explica que en la  ciudad apestada toda  profundización jerárquica de  vigilancia, de miradas, de escritura, la ciudad inmovilizada por el funcionamiento de un poder extensivo que llega de manera distinta   a todos los cuerpos individualizados−Es la utopía de la ciudad perfectamente gobernada−[1]

Así, con la excusa de la llegada del COVID-19  se decretó toque de queda, los militares salieron a vigilar y a penalizar por las noches, cuando las calles estaban vacías, con la contradicción de dar prioridad por el día a la economía y no a las vidas de las personas. Fue de esa manera que todas esas medidas desastrosas permitieron que el virus se propagara en la ciudadanía. La gestión de Mañalich fue completamente desastrosa, pero en una entrevista de Radio Bío Bío el pasado 25 de junio, el subsecretario de Redes Asistenciales Arturo Zúñiga confesó a Tomas Mosciatti que todas las decisiones respecto al coronavirus en Chile las toma el presidente Sebastián Piñera.

Después vino el show de las cajas para ayudar a las familias pobres,  las cifras arregladas que no incluían a miles de fallecidos por el COVID que le costó el puesto a Mañalich. Y para rematar, este gobierno indolente veta el proyecto que prohíbe el corte de los servicios básicos a las familias que no puedan pagar y ofrece más deudas a la clase media en lugar de ayudarla.

Por todo lo anterior, El gobierno del eslogan de los tiempos mejores está cavando su propia tumba en la historia  de Chile, será recordado como un gobierno inconsciente, sin empatía ni corazón ni alma. Queda el consuelo que el pueblo chileno está aún despierto,  ejerciendo presión en las redes sociales, participando en la contingencia política del país y estará muy atento de las votaciones que se vienen para aprobar  definitivamente el proyecto. El pueblo no es tonto, se da cuenta quien es quien, tiene en la mira a este gobierno, a  los diputados, senadores serviles al capital financiero, oportunistas, corrompidos y sin un ideal de−justicia social−


[1] M. Foucault, Surveiller et punir, Gallimard, 1975, p.123

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