La hipocresía nacional

Podríamos seguir hablando de una centena de sinvergüenzas que han visto en la angustia una forma de salir del entuerto que es el rechazo a su complicidad con el gran empresariado nacional, que ha permitido todas las violaciones a los derechos y generado una sociedad injusta, de extrema riqueza que se alimenta de la extrema pobreza…

Hoy todos son anti-AFP. Es feo no serlo, casi parece una rotería propia de un Piñera revolcado en el fango político. Es como estar fuera de moda o no tener el último modelo del 4X4. Unos lo muestran como la solución a la pobreza, que se escurre por todos lados. Otros lo engalanan con el manido «patriotismo». Y están los melodramáticos que nos hablan, como la telenovela de media tarde, con lágrimas en los ojos y rostros compungidos del drama de la Sra. Juanita. 

Lo cierto es que no les creo a ninguno. Todos buscan reposicionarse en la alicaída política nacional, más aún, cuando se vienen elecciones y quieren ponerse en primer plano para que el inocente ciudadano caiga una vez más en sus redes. La Rincón, que ganó salario millonario trabajando como leal empleada para las AFP, hoy aparece en todos lados defendiendo el derecho del 10%. ¿Estará de acuerdo con terminar con las AFP y pedir indemnización por todos los daños y apropiaciones de los dineros de los trabajadores que se han llevado a los paraísos fiscales? Claro que no, ella solo está buscando visibilidad para las próximas elecciones, para la constituyente donde pretende seguir defendiendo a quienes siempre le han pagado: el gran empresariado.

Girardi aparece recordándonos (algo que nadie recuerda) que fue el gestor de No Más AFP. Nos dice que estuvo desde 1996 en contra de ellas y de las ISAPRES, pero no nos dice que votó en el Congreso todas las leyes que Ricardo Lagos benefició aún más a las AFP las votó silenciosa y alegremente, tal como votó el bono por hijo de Bachelet que también beneficiaba a las AFP.

El señor Mulet se declara de izquierda sin ninguna vergüenza, solo porque votó por el 10 %. Pero no recuerda nada de las acusaciones de corrupción que investigó el Ministerio Público de Copiapó, en una confusa relación con el Alcalde de Tierra Amarilla a quien habría intentado soborno con 400 millones para que hiciera un alza precautoria que permitiera cobrar 4 millones de dólares pagados por la minera Tierra Amarilla de propiedad de capitales canadienses a la parejita Ramón Briones y Hernán Bosselin. 

Para qué decir el sentimentalismo de Moreira, quien ha pasado de director de burdel durante la dictadura a político fascista defensor del dictador, a su actual conversión al evangélico que clama al cielo por el 10%, que puede ser su salvación si es que llega como el «hombre nuevo» a la constituyente, pues, a parte de no hacer nada en el Congreso, no sabe hacer nada más que le permita la nonada de 12 millones mensuales.

Isabel Allende, quien ha vivido del capital que heredó de su padre, se negaba a votar contra las AFP hasta que los caceroleos y las encuestas la convirtieron en súbita defensora del 10%, porque es otra que espera seguir viviendo del nombre paterno en una constituyente.

Otro creyente de las últimas horas fue Letelier, el otro que ha vivido de la muerte de su padre,  pero haciendo pingües negocios gracias a su carácter mafioso que le permite sostenerse en el Congreso durante 20 años, sin hacer nada por su distrito.

Podríamos seguir hablando de una centena de sinvergüenzas que han visto en la angustia una forma de salir del entuerto que es el rechazo a su complicidad con el gran empresariado nacional, que ha permitido todas las violaciones a los derechos y generado una sociedad injusta, de extrema riqueza que se alimenta de la extrema pobreza, dejando en calidad de sándwich a una clase desclasada que vive en el aire en este sistema.El viejo Marx decía que «Si no luchamos por algo que deseamos, es imposible que consigamos nuestro propósito y objetivo.» Lo mismo digo y creo que es una sentencia que corre para todos los tiempos.

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