Publicado Febrero 20, 2021
Carabineros: Lo que hay que refundar es el pacto social
Cuerpo
La crisis de Carabineros de Chile, es en realidad la crisis de Chile y de la legitimidad de sus instituciones. Porque las policías están para resguardar el orden público, no para crear el orden público.

El debate sobre la actual situación de Carabineros de Chile y el futuro de la institución se ha tomado la agenda de manera intermitente, al menos desde el 18 de octubre de 2019. El diagnóstico común es que los excesos policiales, que han llegado a constituir violaciones a los Derechos Humanos, deben detenerse. Las vías planteadas son las que podríamos llamar la “moderada”, que plantean reformas importantes al cuerpo policial uniformado y la “radical”, que plantea la refundación de la policía.

Matices entre y dentro de la vía moderada y de la radical son varios. No obstante, lo que quiero defender en estas escuetas líneas, es que ambas han adolecido de manera casi patética de una comprensión sistémica de la labor policial en el Estado moderno, lo que puede llevar al fracaso las tentativas de solución y a la frustración de las ingenuas buenas intenciones del mundo progresista.

La crisis de Carabineros de Chile, es en realidad la crisis de Chile y de la legitimidad de sus instituciones. Porque las policías están para resguardar el orden público, no para crear el orden público. El fracaso de carabineros está dado en lo fundamental, porque están haciendo un trabajo que ninguna policía puede hacer: cuidar un orden en el que nadie cree.

Lo que ha sucedido en el país, es que la ruptura del consenso, de la promesa neoliberal que garantizaba la aceptación de las reglas del juego, se ha resquebrajado. Eso es una crisis de legitimidad, la caída de una fantasía que mantiene funcionando las relaciones de explotación porque la parte derrotada de la sociedad las asume como justas.

En Chile esas fantasías eran “el chorreo” y “la meritocracia”. La gente creyó que el crecimiento económico, que significó el crecimiento del PIB de US$ 33,11 millones en 1990 a US$ 298,2 millones en 2018 (¡casi un 1000%!), en algún momento llegaría a sus bolsillo y que ello ocurriría según el esfuerzo de cada uno. Esas fantasías fueron heridas de muerte en 2011, como antesala de su derrumbe en 2019. Lo que llevó a Carabineros de ser los guardianes del orden, a ser la contención del desorden.

El éxito social de la Concertación había sido ese, cimentar una fantasía en un sector lo suficientemente importante de la sociedad, como para que el capitalismos en su versión neoliberal siga funcionando con algunas pequeñas concesiones. Bien digo en un sector importante, no en toda la sociedad, porque al fin de cuentas lo que no se le perdona a Carabineros es que haya aplicado en contra de los estratos medios las técnicas de represión que habían sido exclusivas para los mapuche y los barrios marginados.

De esta forma, los contornos del problema se vuelven a dibujar. El problema no es Carabineros en sí, tanto como el lugar que Carabineros tienen en este nuevo escenario social. En la encuesta CADEM de octubre de 2018, Carabinero tenía un 67% de aprobación ciudadana, en la misma encuesta de diciembre de 2020 su aprobación era de 40%. Los mismos carabineros, su misma formación, pero defendiendo un pacto social agonizante.

Todo esto no quiere decir que Carabineros no deba ser intervenido, para evitar claros problemas internos como el fraude por $28.300 millones o la invención de 7 mil efectivos fantasma para aumentar ficticiamente su presupuesto. O que no deba intervenirse su formación para que sepan que está mal torturar gente (¡¿enserio?!).

Pero lo que si quiere decir, es que da lo mismo la profundidad de la reforma o si hay una refundación, si es que no hay un pacto social que confiera autoridad a quienes deben resguardar el orden público, pacto que no existirá si no es percibido como justo por las grandes mayorías.

Pero…. ¿y si no? (Continuará…)

 

 

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