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Publicado Mayo 30, 2020
Coronavirus: estrategias y reincidencias

Desde el punto de vista global (aunque también local) el conflicto que parece más prominente y al mismo tiempo, más silenciado, es nuevamente el de las diferencias sociales y económicas preexistentes. La población de mayor edad -de las más vulnerables- tiende a tener dificultad en el uso de las tecnologías algorítmicas.

A medida que aumentan las temperaturas y se incrementa el hartazgo de estar encerrados, han comenzado a verse cambios en aquellos países o localidades en las que se implantaron cuarentenas estrictas. La gente sale en grupo y se reúne en plazas y parques. Ello viene acompañado de un discurso gubernamental cada vez más permisivo; científicos que lo respaldan; números y estadísticas que contradicen afirmaciones pasadas; y por supuesto, mucha publicidad[1].

El desconocimiento sobre el virus permite una “verdad” a la carta. Hoy abundan los videos que igualan el coronavirus a la gripe común. Más de uno publica tweets sobre cómo el calor vendrá a salvarnos[2]. Incluso, la OMS afirma no tener pruebas concluyentes de que el coronavirus se halle en las superficies[3]. Y pese a que, tanto en países de clima tropical como de clima continental, el colapso de los sistemas de salud y funerario es evidente, no es difícil convencerse de que mejor es salir a ganar dinero o a disfrutar del buen clima en un parque.

Sin embargo, en primavera no todo es sol y flores, y cuando llueve, muchos se preguntan si estarán haciendo lo correcto o si contribuyen con la tan temida segunda ola. Las cartas están echadas y oscilan, al menos, entre tres estrategias gubernamentales: el confinamiento, la inmunidad colectiva y el despistaje y seguimiento de contactos. Todas las estrategias acarrean consecuencias diferentes y al revisarlas, como nos proponemos en este texto, nos dejan igual que al final de la temporada de una buena serie: con más preguntas que al inicio.

“La plaga no está hecha a la medida del hombre, por tanto, el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa. Y debido a esa incredulidad sucede que continuaban haciendo negocios, planeando viajes y teniendo opiniones. ¿Cómo hubieran podido pensar en la peste, que suprime el porvenir, los desplazamientos y las discusiones? Se creían libres, y nadie será libre mientras haya plagas”.

Albert Camus, La Peste

1. El confinamiento: una bomba de tiempo

Para mayo de 2020, no quedan dudas de la efectividad del confinamiento para hacer descender la curva de enfermos y decesos por Covid-19. Si bien al principio los países occidentales calificaron esta política pública, implementada por China, como una práctica autoritaria, déspota e inaceptable; hoy día gran parte del “mundo libre” la ha aplicado y lo ha hecho con éxito. El problema es que esta medida tiene límites y puede terminar siendo una bomba de tiempo.

El coronavirus ha demostrado ser un agente que infecta la salud, la psique y la economía. Con los enfermos vienen los muertos. El luto justifica el confinamiento, origen de la crisis económica que engendra más muertos. Y así se repite el ciclo. Para salir de la espiral es necesario suspender la cuarentena a tiempo. La pregunta es ¿cuándo?

El paso del confinamiento a una crisis económica insostenible varía dependiendo de diversos factores. La cuarentena no afecta de igual forma a países diferentes. Aquellos con mayores recursos, mejores sistemas y redes de salud pública, con mayor organización colectiva, programas más sustanciales de ayuda a empresarios y trabajadores y sistemas de redistribución económica más eficientes, han demostrado tener una mejor y mayor capacidad para resistir los rigores del confinamiento[4]. A las diferencias entre países, se suman las diferencias en su interior y éstas, paradójicamente, parecen ser una característica común a todos.

El coronavirus y el confinamiento evidencian las grandes diferencias sociales existentes[5]. En sectores con menores recursos económicos se ha observado una mayor mortalidad por Covid-19 debido a que tienen mayor propensión a sufrir de cáncer, obesidad, diabetes y otras patologías[6]. A diferencia de los sectores más ricos, que tienen opción de retirarse a casas vacacionales en sus jets privados[7]; los pobres deben quedarse en zonas superpobladas, viven frecuentemente en condiciones de hacinamiento, tienen trabajos que requieren salir de casa, deben movilizarse en transporte público, en algunos casos no tienen papeles ni seguro médico, y si no tienen trabajo, tampoco tienen que comer[8]. Estas circunstancias le ponen fecha de vencimiento al confinamiento y mientras antes caduque peor será la segunda ola.

Para muchos, la segunda ola es inevitable[9] y las localidades donde se realizaron los confinamientos no tendrán los anticuerpos necesarios para sobrevivir a la crisis que se avecina sin aplicar medidas de cuarentena. El segundero se acerca al límite[10], y, ante el colapso que parece avecinarse, algunos comienzan a preguntarse si no habría sido menos traumático que las muertes sucedieran todas en la primera ola[11], como si el confinamiento hubiese sido una manifestación social de negación de la realidad[12].

2. La inmunidad colectiva: una solución incierta

Inicialmente considerada una buena opción frente a la pandemia por varios países occidentales (entre ellos el Reino Unido[13]), la teoría de la inmunidad colectiva ha sido el modelo asumido por Suecia para enfrentar la crisis y hoy se encuentra sobre el tapete.

A diferencia de otros países escandinavos, el gobierno sueco no ha implementado medidas de confinamiento y se ha limitado a presentar recomendaciones opcionales de distanciamiento social y otras medidas como la prohibición de reuniones superiores a 50 personas y la implementación de clases a distancia en bachillerato y universidades. Si bien el consumo en Suecia ha disminuido parcialmente, la vida social parece seguir su curso. Los niños continúan asistiendo a sus escuelas, los padres al trabajo y aquellos que así lo desean van a parques y restaurantes al aire libre[14].

¿El resultado? Más muertos que en otros países nórdicos[15] y el anuncio alentador del Jefe de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública Sueca, Anders Tegnell, de que la ciudad de Estocolmo podría alcanzar pronto la inmunidad colectiva y que para mediados de junio de 2020 un 40% de la población tendrá los anticuerpos necesarios para combatir el coronavirus[16]. La mayoría de los suecos está conforme con la política de su gobierno, confía en las afirmaciones de los expertos, considera que a largo plazo la tasa de mortalidad será inferior a la de los países que aplicaron medidas de cuarentena estricta y no tiene temor por la llegada de una segunda ola o por cuánto tardará la vacuna[17]. Sin embargo, seguir este ejemplo en el resto del mundo como se ha venido evaluando en varios países de la OCDE podría ser, al menos, peligroso.

La comparación con Suecia es improcedente. Los niveles de confianza del pueblo sueco en su gobierno y la calidad y amplitud de su sistema de salud son muy distintos a los existentes en otros países, sin contar que estadísticamente los suecos presentan mejores condiciones de salud respecto otras partes del mundo. Esto explica por qué mientras en Estados Unidos, Italia, España y otros países europeos los sistemas de salud y funerarios han estado sobresaturados, en Suecia, aunque hayan trabajado bajo presión, han sido suficientes[18].

Por otra parte, como en el resto de los países, la eficacia del modelo se mide en números y depende de conceptos que varían. Si bien el gobierno sueco muestra resultados alentadores, varios modeladores independientes afirman que Estocolmo está tan lejos de alcanzar la inmunidad colectiva como Francia, Italia, España o los Estados Unidos. También señalan que la tasa de mortalidad presentada por el gobierno sueco refleja un aumento del 25% en mayores de 60 años y 50% en mayores de 80. De igual forma, los modeladores registran una mayor afectación en los sectores inmigrantes y de menores recursos sociales. Los críticos argumentan que ésto es injustificable en un país con condiciones de salud preexistentes muy superiores a la de sus pares[19].

Quizá el mayor problema del modelo sueco es la desinformación sobre el virus. La búsqueda de inmunidad colectiva sin certeza científica de que tal inmunidad existe es solo un acto de fe que puede costarle la vida a muchos. Recientemente se han presentado casos de reinfección que hacen pensar que tal inmunidad no es real y que necesariamente habrá que esperar una vacuna para que la vida adquiera un matiz de normalidad[20].

3. Despistaje y seguimiento de contactos: un dilema de derechos

Varios países asiáticos, con sistemas que basculan entre derecha e izquierda, han aplicado desde el principio de la pandemia medidas de despistaje y seguimiento de contactos. Con el uso de tecnología algorítmica e inteligencia artificial, una vez identificado un paciente con Covid-19, se imponen limitaciones personales de movimiento a los posibles afectados y se realizan las pruebas médicas pertinentes. Esta medida que ha resultado muy eficiente en Asia ha sido objeto de grandes debates y críticas en occidente, por considerarla intrusiva y violatoria de los derechos humanos.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han explica la diferencia entre las perspectivas asiática y occidental señalando que la tradición confucianista en Asia hace que sus poblaciones confíen más en el Estado y sean menos renuentes. Afirma que “los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital y que las epidemias no las combaten solo los virólogos y epidemiólogos, sino sobre todo también los informáticos y los especialistas en macrodatos (…) Nadie se enoja por el frenesí de las autoridades para recopilar datos[21].

A pesar de las críticas occidentales, el mundo parece dirigido a aplicar medidas de prueba y rastreo. En la actualidad, más de 28 países cuentan con aplicaciones móviles con ese fin[22]. Otros países occidentales están avanzando en su desarrollo tecnológico. Y Nueva York, uno de los epicentros de la pandemia, ha anunciado abiertamente estar en camino hacia esta política que hace unas semanas era catalogada de autoritaria.

El caso de Nueva York es emblemático. Es la ciudad más afectada del mundo y está ubicada en un país donde, en medio de una campaña presidencial, abundan las presiones de levantamiento de medidas de confinamiento. En ese contexto, el gobernador de la ciudad, Andrew Cuomo, ha anunciado que se contratará un ejército de “rastreadores” — entre 6.400 y 17.000-, para que luego de superar un examen, se encarguen de ubicar a todos los contactos de las personas que den positivo en la prueba de Covid-19 para examinarlos y aislarlos[23]. Para ello trabajará con la Universidad Johns Hopkins, el fundador de Bloomberg LP, Michael Bloomberg, el cofundador de Microsoft, Bill Gates y el exdirector general de Google, Eric Schmidt[24].

Las medidas de Cuomo han sido objeto de críticas que reflejan el debate occidental sobre las medidas de seguimiento. Hay quienes hablan ya del “New Deal de las pantallas” donde los grandes magnates de la Silicon Valley y el gobierno tendrían absoluto control de la población y sus movimientos; el derecho a la privacidad desaparecería y el teléfono móvil se convertiría en una suerte de rastreador de prisioneros indispensable para la vida[25]. Otros no entienden por qué tanta alarma, argumentando que el seguimiento y vigilancia individual viene sucediendo desde hace años bajo el control de los monopolios tecnológicos[26].

En todo caso, desde el punto de vista global (aunque también local) el conflicto que parece más prominente y al mismo tiempo, más silenciado, es nuevamente el de las diferencias sociales y económicas preexistentes. La población de mayor edad -de las más vulnerables- tiende a tener dificultad en el uso de las tecnologías algorítmicas. No toda la población cuenta con los recursos ni la tecnología necesaria para incorporarse al sistema de seguimiento. Son muchos los que ni siquiera tienen acceso al internet. Y, con frecuencia, la población indocumentada no posee ninguno de los dos.


En suma, las estrategias frente al coronavirus y sus consecuencias parecen evidenciar que la crisis pandémica es, principalmente, de índole social y que el Covid-19 solo ha puesto en relieve una tragedia ya existente. La segunda ola parece inminente, y aun cuando se consiga la vacuna, muchos estudios indican que a esta pandemia le seguirá otra de mayor envergadura[27]. La incredulidad ante la peste puede tener consecuencias definitorias.

Las medidas para limitar el grado de la catástrofe deben ser estructurales y no una respuesta desesperada ante el agua desborda. Es imprescindible tomar medidas sociales que permitan mejorar las condiciones de vida de los más vulnerables y disminuir la brecha entre sectores económicos. Solo así estaremos preparados para limitar las consecuencias del destino trágico y cíclico al que hace referencia Camus en La peste:

“(…) el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y puede llegar un día que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a una ciudad dichosa”.

Nueva York, 24 de mayo 2020


[1] Para tener varios ejemplos ver: https://youtu.be/izzadeWl3b0

[2] Ver, por ejemplo: https://twitter.com/mayoroflasvegas/status/1253797856491614208

[3] Reseñado entre otros por: https://www.pagina12.com.ar/266309-la-oms-no-tiene-pruebas-concluyentes-de-que-el-coronavirus-s

[4] En el resumen de noticias de The Morning en The New York Times del 15 de mayo de 2020, David Leonhart afirmó: “Casi todos los países de Europa y Norteamérica han puesto en marcha algún tipo de aislamiento. Pero no todos los países han experimentado el fuerte aumento del desempleo que tiene Estados Unidos (…) Lo que llama la atención es que los países con los menores aumentos de desempleo tienen algo en común. Sus gobiernos han puesto en marcha programas que pagan directamente a las empresas para retener a sus trabajadores (…) Estados Unidos tomó un enfoque diferente, uno apoyado tanto por los republicanos como por los demócratas. El programa de estímulo de 2 billones de dólares aprobado en marzo incluyó una versión modesta del enfoque que otros países están tomando. Es el Programa de Protección de Cheques de Pago de 350 mil millones de dólares, que rápidamente se quedó sin dinero debido a la alta demanda (…)” [Traducción libre del autor] Ver también: https://www.foreignaffairs.com/articles/africa/2020-03-31/when-pandemic-hits-most-vulnerable

[5] https://www.foreignaffairs.com/articles/2020-03-19/real-pandemic-danger-social-collapse

[6] Ver por ejemplo: https://www.huffingtonpost.fr/entry/coronavirus-les-pauvres-paient-la-crise-plus-cher-que-les-riches-qui-en-sont-responsables_fr_5e987437c5b6ead14009263e ; https://www.franceculture.fr/emissions/radiographies-du-coronavirus/la-covid-19-une-maladie-de-pauvres

[7] https://www.ouest-france.fr/leditiondusoir/data/82939/reader/reader.html#!preferred/1/package/82939/pub/117257/page/7

[8] https://www.nytimes.com/interactive/2020/05/15/upshot/who-left-new-york-coronavirus.html?campaign_id=9&emc=edit_nn_20200515&instance_id=18502&nl=the-morning&regi_id=116678899&segment_id=27919&te=1&user_id=1cf2b1fcca51b4a96ab09b43e9f91ba8

[9] https://thehill.com/homenews/news/495215-fauci-second-wave-of-coronavirus-in-fall-inevitable

[10] En su artículo “COVID-19 Could Bring Down the Trading System”, publicado en la revista Foreign Affairs el 28 de abril del 2020, Chad P. Brown afirma que “(…) si no se controla esta tendencia, el mundo podría repetir la experiencia del decenio de 1930, cuando la producción industrial disminuyó casi un 40%, el desempleo se disparó y la actividad económica se mantuvo durante la mayor parte del decenio” [Traducción libre del autor]. Ver también: Milanovic, Branko, “The Real Pandemic Danger Is Social Collapse”, En: Foreign Affairs, EE.UU., 19 de marzo 2020.

[11]Hay buenas razones para que los países empiecen a suavizar sus restricciones. Se necesitarán varios años para contar el número total de muertes, quiebras, despidos, suicidios, problemas de salud mental, pérdidas en el PIB y en las inversiones, y otros costos atribuibles no sólo al virus sino también a las medidas utilizadas para combatirlo (…) Las medidas de confinamiento simplemente no son sostenibles por la cantidad de tiempo que probablemente tome el desarrollo de una vacuna. Dejar de hacerlo reducirá las presiones económicas, sociales y políticas. También puede permitir a las poblaciones construir una inmunidad que terminará siendo la forma menos mala de luchar contra COVID-19 a largo plazo.”. [Traducción libre del autor] Karlson Nils, Stern Charlotta, y Klein Daniel B. “Sweden’s Coronavirus Strategy Will Soon Be the World’s. Herd Immunity Is the Only Realistic Option — the Question Is How to Get There Safely”, En: Foreign Affairs, EE.UU., 12 de Mayo 2020.

[12] En su libro “Sobre la muerte y los moribundos” (1969) la psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross presentó un modelo generalmente aceptado de cinco etapas de duelo: 1. la negación; 2. la ira; 3. la negociación; 4. la depresión; y, 5. la aceptación.

[13] Para más información ver: https://www.bbc.com/mundo/noticias-51930745

[14] Ver: https://www.contrepoints.org/2020/04/28/370150-coronavirus-letonnante-politique-de-la-suede

[15]Muchos miran ahora al país escandinavo para ver cómo podría establecerse algún tipo de vida “seminormal” mientras se cuenta con una vacuna. Otros, sin embargo, apuntan a las más de 3.600 muertes que el covid-19 ha causado en Suecia, un país con 10 millones de habitantes. Y las comparan con las 1.000 muertes que el virus ha provocado en sus países vecinos, Dinamarca, Noruega y Finlandia, que suman en total 15 millones de habitantes, y que sí impusieron un confinamiento en sus poblaciones”. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52690735

[16] Ver: http://www.rfi.fr/es/europa/20200514-epidemi%C3%B3logo-sueco-sigue-defendiendo-la-pol%C3%A9mica-inmunidad-colectiva

[17] Para más información leer: Karlson Nils, Stern Charlotta, y Klein Daniel B. “Sweden’s Coronavirus Strategy Will Soon Be the World’s. Herd Immunity Is the Only Realistic Option — the Question Is How to Get There Safely”, En: Foreign Affairs, EEUU, 12 de Mayo 2020.

[18] Idem.

[19] Para más información ver: Michaud, Josh. “Sweden’s Coronavirus Strategy Should Not Be the World’s”, En: Foreign Affairs, EEUU, 20 de mayo 2020.

[20] https://www.bbc.com/mundo/noticias-51942887

[21] https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html

[22]En respuesta al brote de COVID-19: Las aplicaciones de rastreo de contactos se están utilizando en 28 países; las medidas alternativas de rastreo digital están activas en 32 países; las tecnologías de vigilancia física se utilizan en 10 países; la censura relacionada con COVID-19 ha sido impuesta por 16 gobiernos; el cierre de Internet continúa en tres países a pesar del brote”. https://www.top10vpn.com/research/investigations/covid-19-digital-rights-tracker/

[23] https://www.forbes.com/sites/lisettevoytko/2020/04/30/ny-will-hire-contact-tracing-army-of-17000-to-battle-coronavirus-cuomo-says/#364cb7241bf3

[24] https://www.wsj.com/articles/cuomo-taps-private-advisers-as-part-of-coronavirus-response-stirring-critics-11589756401

[25] https://www.lavaca.org/portada/la-distopia-de-alta-tecnologia-post-coronavirus/?fbclid=IwAR2pbQfS2Vctc4Bp-6yALslYBqSeys1JtgKHIOo8ZtCdlERA-5y0Rt_sN5A

[26] https://reader.foreignaffairs.com/2020/05/22/covid-19-isnt-the-only-threat-to-privacy/content.html

[27] https://www.foreignaffairs.com/articles/united-states/2020-05-21/coronavirus-chronicle-pandemic-foretold?utm_medium=newsletters&utm_source=fatoday&utm_campaign=Chronicle%20of%20a%20Pandemic%20Foretold&utm_content=20200521&utm_term=FA%20Today%20-%20112017