Publicado Febrero 19, 2021
COVID-19 COMO CONTRACARA DE LA IDEOLOGÍA

Pensar al Covid-19 como una de las consecuencias de la naturaleza es en cierta medida acertado. Parcialmente correcto. Un análisis medianamente consecuente al acontecimiento que trastocó a la humanidad. Efectiva e innegablemente es un fenómeno de la naturaleza, por supuesto que sí, empero, no hay que olvidar que la naturaleza misma está alterada por el látigo del capitalismo-neoliberal y, por todos aquellos discursos ideológicos que intentan promover al modelo la perpetuación de mismo.

Entonces, repensar la pandemia del Covid-19 como un hecho aislado de lo que viene conformando las entrañas mismas del siglo XXI, es decir, sin incluir en ello la ideología, entendida el término ideología como aquella modalidad de operaciones que colisionan con la percepción de la realidad de los individuos, consolidando en estos códigos represivos, y transformando a al ser humano de un determinado lugar a una suerte de ente inmóvil, adormecidas, y sin capacidad de toma de consciencia que se ve limitada incluso desde el nacimiento a repetir los mensajes, emblemas, simbolismos y significante que son enviados constante y sistemáticamente para contener el cambio.

El contener el cambio, y mantener el orden establecido es lo que en Chile prevalece, porque el cambio, el solo mencionar el concepto cambio, es motivo de pánico para la clase política y la elite económica. Cualquier cambio en su tablero puede significar que haya una distribución. Para evitar el triste desastre de la perdida de privilegios, se domina, reprime, y vulnera de forma sistemática, porque eso da paso al adormecimiento y un pueblo dormido, es un pueblo sin cambios, sin opciones, y en última instancia sin aspiraciones de vivir, porque no saben lo que es tener una vida digna.

Para iniciar este recorrido, es necesario detenernos en lo que aparentemente son los diferentes niveles o etapas de la pandemia, que se han denominado o identificado como “olas”. Las olas de la pandemia aparentemente desde mi perspectiva son 3.

La primera ola es una crisis sanitaria, en la cual los sistemas privados y públicos a nivel mundial mostraron su total ineficiencia, en esta etapa, incluso la ciencia con sus aires de omnipotencia y supremacía gracias a los avances y la globalización misma quedaron exhibiendo su vulnerabilidad. Esta etapa estuvo marcada por una sorpresa mundial, donde la Universalidad parecía sentirse, sin embargo, esta crisis no afecto a todos de la misma forma, los grupos más desfavorecidos fueron los pobres, los marginados, las mujeres, la tercera edad, los enfermos crónicos, las poblaciones indígenas, los desempleados, aquellos que para la clase política son nada más que los desechos del sistema.

La segunda ola es, -y digo es, porque estas crisis funcionan de forma paralela-, la crisis económica-social, donde no solo los países tuvieron que modificar y transformar sus modos de funcionamiento abruptamente, estas modificaciones internas fueron motivo de sorpresa internacional en muchos casos. Esta ola también trajo consigo la necesidad de una colaboración internacional y la distribución solidaria, cosa que no sucedió, pero se volvió más claro el camino para sobrellevar de una manera digna una crisis mundial.

Tras meses de encierro y total incertidumbre respecto del porvenir de la humanidad, sin atisbos de esperanza y cuando los diferentes lideres de Estado intentaban desesperadamente salvar el modelo capitalista-neoliberal, y en esto Chile, como laboratorio neoliberal dio el ejemplo de lo que NO se debía hacer, dando una notoria prioridad e importancia a la economía por sobre la vida. Con esto, la población entro en crisis, en crisis masivas, de extremo a extremo en nuestro país los dilemas de salud mental que vienen arrastrándose desde décadas como retos pendientes se incrementaron:  angustia, miedo, desesperanza, depresión, crisis de pánico, insomnio, por mencionar algunas de las grandes repercusiones que la segunda ola generó, este escenario local, es perfectamente extrapolable a la realidad regional y mundial.

La tercera ola, es la que opero silenciosamente desde el inicio, estaba subyacente a la primera y la segunda ola, pero no se le dio importancia: La salud mental.

El hecho de que en una catástrofe mundial lo que se deje de lado, sea la salud mental, no es nuevo, recordemos que nuestra época se caracteriza por privatizar la salud mental de las personas, intentar culpar a la familia, a los vínculos significativos, incluso a temas biológicos que son inevitables, consecuencias y en ultimo lugar, mala suerte. Sin embargo, detrás de los dilemas de la salud mental está la crisis que produce el modelo capitalista. Y que, tras la llegada de la pandemia y tras la fragmentación del modelo y su aparente estado de crisis permanente producto de las oscilaciones que el Covid-19 producía al mundo, fueron las mismas fisuras del modelo las que sirvieron para incrementar los efectos psíquicos en la población.

En palabras de Mark Fisher (2009) a propósito del dilema de la salud mental y el capitalismo encontramos: “Esta patologización en sí misma ya ocluye toda posibilidad de politización. Al privatizar los problemas de la salud mental y tratarlos solo como si los causaran los desbarajustes químicos en la neurología del individuo o los conflictos de su contexto familiar, queda fuera de discusión cualquier esbozo sistémico de fundamentación social” (pág. 36).

Es la desviación del origen de los dilemas de Salud mental lo que genera un retorno a nuevas patologías masivas, que incrementan de forma subterránea, pasando por filtros demasiado ambiguos donde se les traduce a números.

En este sentido, si algunos textos e ideas sirven y han sido útiles desde temprana data para determinar y caracterizar ciertos periodos de la humanidad, hoy, con las consecuencias del capitalismo inundando el significando “humanidad”, no es arriesgado levantar la tesis de que las patologías desde fines del siglo XIX son capaces de describir y definir las condiciones sociopolíticas y los modelos económicos que se mueven en el mundo. El escenario pasado y presente encuentra su núcleo en las patologías no consideradas como efecto directo de la coyuntura mundial y económica.

Es necesario mencionar, que la Covid-19 es un fenómeno que corrompe no solo al modelo capitalista siendo este el impulsor de su aparición, hecho que ya ha sido mencionado por más de algún analítico del escenario mundial, sino, que es un acontecimiento que redefine los conceptos, praxis y cotidianeidad, el énfasis en esta reflexión, lo pondré en el concepto ideología.

 Si antes de la pandemia ya era un terreno de debate y campo de batalla teórico-conceptual, o incluso un concepto tabú por la amplia gama de nociones existentes, tras todo lo que deviene con el flujo de la pandemia se vuelve un concepto que lleva encriptado al otro: Covid-19 e ideología pasan a ser o conformar una diada capaz de describir a nuestra época.

Pensar en ¿Qué es nuestra época? involucra la noción de ideología en cualquier intento de abordaje, por todos los discursos ideológicos que, en Chile, luego del proceso político desplegado desde 18/O comenzaron a sacudir las condiciones estructurales del país.

La ideologización está en forma viva como proceso y método.  La consolidación de esta o de otra ideología, dependerá, a fin de cuentas, de todo lo que debe hacerse. Es lo ideológico lo que está en juego no solo por el covid-19.

 En este sentido, el porvenir del país depende de la ideología o del proyecto ideológico que tomará delantera en tanto propuesta de reconstrucción o construcción. Dilema no menor si tenemos que reto generar un giro en la historia misma del país.

Cuando todo apunta a que una nueva carta magna se construirá, no exenta de estrategias y juegos sucios, donde las jugadas bajo la manga de la derecha política emergen de forma cotidiana -como es de esperar en un país como Chile-, lo ideológico entra en juego en  el retorno de las consecuencias. En aquellos dilemas que se silencian o evitan.

Por ejemplo, los jóvenes siendo entes activas y decisivas en el proceso que hoy tiene lugar, proceso que genero tras el triunfo del 25 de octubre de la opción Apruebo, una serie de repercusiones y atención internacional, pasaron a ser los más afectados a nivel psíquico y psicológico por la pandemia. Nuestros adolescentes y adultos jóvenes fueron afectados incluso más que la demás población al sentir el peso de aislamiento forzado, en un proceso de la etapa del ciclo vital donde la socialización es fundamental.

En suma, la salud mental hoy - ¿y desde siempre? - es un proceso ideologizado y privatizado, un terreno ideológico que debe ser conquistado por aquellos proyectos que van en contra de las ideologías neoliberales, dominantes.

La covid-19 es la contracara del modelo capitalista, de la violencia y de la ideología, de esa parte obscura de la ideología que se mueve entre la obscuridad y la luz en Chile, aquella que arrasa con la subjetividad y penetra la singularidad incorporando una falsa esperanza, la covid-19 tiene como contracara el engaño sistemático de representatividad.