Publicado Noviembre 23, 2020
Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer: El Estado sigue en deuda con nosotras
Cuerpo
Trabajé durante cuatro años en centros de atención a víctimas y agresores, derivados de los tribunales de familia y de garantía donde fui testigo de una triste realidad que nadie me contó: en Chile no hay justicia ni ayuda real a las víctimas de violencia intrafamiliar.

Este 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y aún nos queda mucho por avanzar. Si bien es verdad que con nuestra lucha, manifestaciones y marchas, hemos derribado (en algunos) la creencia de que los hombres son superiores y tienen el derecho de controlar nuestras vidas. Aún existen formas de violencia de género que siguen insertas en nuestra sociedad y que demuestran que los abusos de poder y sexismo de privilegios no han sido erradicados.

¿Qué es la violencia de género? Las Naciones Unidas definen la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”. A continuación les describiré algunas de ellas. Estoy segura que lamentablemente todas nosotras en algún momento de nuestra vida hemos sufrido por lo menos una.

Violencia sexual: Este tipo de violencia se refiere a toda acción que obliga a la mujer a tener intimidad sexual forzada, por medio de intimidación, amenaza o cualquier otro mecanismo que anule o limite la voluntad personal.

Micromachismos: Conductas  normalizadas socialmente, que por ser parte tan arraigada en nuestra cultura se pasan por alto, ya que no exhiben una violencia explícita o evidente.  Es el machismo naturalizado a través de gestos sutiles y a veces pequeños que han contribuido a través de los años a perpetuar roles de género.

Ciberacoso o Ciberbullying: Es un acoso u hostigamiento a través de nuevas tecnologías y se define como el uso y difusión de información, real o ficticia, con ánimo lesivo o difamatorio y en formato electrónico. Esta divulgación puede realizarse a través de diferentes medios de comunicación digital, como el correo electrónico, la mensajería instantánea, redes sociales. Mientras que el acoso a través de WhatsApp es una práctica cada vez más común.

Violencia económica: Actos u omisiones que buscan controlar el aspecto económico de la vida de la víctima, restringir o prohibir decisiones sobre patrimonio o dinero, controlar sus bienes, impedir el acceso a la información o el manejo del dinero o de otros bienes económicos. Este tipo de violencia constituye una de las principales causas por las que para una mujer es tan difícil salir de una dinámica de violencia intrafamiliar. Despojada del acceso al propio sustento y desconocedora de sus derechos y los de sus hijos, queda “presa” de su agresor.

Violencia psicológica: Se refiere a la conducta que tiene por finalidad causar temor, intimidación y pretende controlar la conducta, sentimientos y pensamientos de la mujer agredida. En este tipo de violencia hay descalificaciones, humillaciones insultos, extorsiones, manipulaciones, garabatos, restricciones de libertad personal, prohibición de relacionarse con otros y amenazas.

Violencia física: Constituye aquel tipo de conducta dirigida principalmente a ocasionar daño en el cuerpo de una mujer, comprende una amplia gama de manifestaciones tales como empujones, tirones de pelo, cachetadas, golpes con puño, golpes con objetos, palizas y quemaduras. Las mujeres que son maltratadas por sus parejas, generan dependencia con su agresor, que se ve incrementada por el aislamiento social y familiar. Por  este motivo, es fundamental la existencia de redes de apoyo sociales, familiares, institucionales y profesionales, que las ayuden a salir del ciclo de violencia en el que se han habituado a vivir.

Femicidio: Nuestra legislación define el femicidio como el asesinato de una mujer por parte de su pareja o ex pareja sin convivencia. Es cierto que en Chile a través de La ley Gabriela se endurecieron las penas en contra de los agresores (15 años y 1 día a 40 años) , pero seguimos estando al deve en la creación de políticas públicas concretas y efectivas que prevengan que cientos de mujeres sigan muriendo cada año.

No basta con una medida de alejamiento, el Estado debe resguardar a una mujer que ha presentado una denuncia por violencia intrafamiliar. Tampoco es posible que Carabineros tarde más de 40 minutos en llegar al domicilio de una mujer que está siendo agredida o que el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, le ponga como exigencia a una víctima de VIF denunciar a su agresor para poder recibir ayuda psicológica gratuita, siendo que existen diversos estudios que afirman que una persona se puede demorar hasta 7 años en denunciar y hay algunas que nunca llegan a hacerlo.

Trabajé durante cuatro años en centros de atención a víctimas y agresores, derivados de los tribunales de familia y de garantía donde fui testigo de una triste realidad que nadie me contó: en Chile no hay justicia ni ayuda real a las víctimas de violencia intrafamiliar.

Es un hecho que el sistema judicial está colapsado y que no ofrece una atención digna y oportuna a las valientes mujeres que se atreven a denunciar que han sido maltratadas. También es cierto, que la causa pública de erradicar la violencia de género, es sin lugar a duda un desafío muy complicado que requiere el compromiso de muchas entidades, pero eso no significa que el Estado “se duerma” y que la violencia, el abuso de poder y la desigualdad sigan presentes en nuestra sociedad.

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