Dictadura Comisarial

El capital sobre la vida, la economía sobre la población, el neomaltusianismo es precisamente la última forma del golpe que ondea el presente. Nada menos sorprendente que esto, nada menos asombroso que la visibilización del conflicto de clases en su desnudez. Más aún ahora, cuando la nominación del nuevo gabinete deviene una explícita declaración de guerra al 18 de Octubre....

Por Rodrigo Karmy Bolton

1973 no es cualquier fecha. Es, sobre todo, una cifra histórica que aún permea al presente. Cifra del golpe de Estado que golpea nuestras puertas cuando el golpe se hizo dictadura, se hizo Constitución, se hizo transición, se hizo neoliberalismo, se hizo tortura, desaparecidos,   impunidad, se hizo modelo. Nos hizo trizas y hoy se hizo trizas. Todo comenzó con militares en las calles y todo terminó con militares en las calles. El cambio de gabinete todo lo dice, aun poco habla de ello. Si el golpe se ha reproducido incondicionadamente durante estos 47 años vía diversas modulaciones de intensidad, digamos que todo gobierno de turno se ha dispuesto como dictadura comisarial, reproduciendo así al golpe más allá de 1973, para profundizarlo, adornarlo, democratizarlo. No ha habido más que golpe contra la sublevación popular, dictadura comisarial para defender la dictadura soberana que inauguró la nueva matriz neoliberal del Estado en 1973, 1980, 1988 y 2005. Como bien distinguió el jurista Carl Schmitt, la dictadura soberana es aquella que funda un nuevo orden jurídico; la comisarial, en cambio, solo restituye al orden.

El triunfo electoral de Piñera trajo consigo una intensificación de las formas comisariales de dictadura, acelerados desde el 18 de Octubre del año 2019 y que se consuma, extrema, radicaliza en el reciente cambio de gabinete en que no solo la UDI, sino la opción Rechazo devienen la primera línea del gobierno. Un gobierno que se plantea como otro momento de la dictadura comisarial cuyo esfuerzo se orienta a restituir el orden que se nombra de tantas formas: “acuerdo nacional”, “unidad”, “nueva normalidad”, “segunda transición” –como ilusionaba el presidente Piñera yuxtaponiendo su figura a la del fallecido Patricio Aylwin.

El transitólogo de la política (Aylwin como Padre) ahora se reproduce en el transitólogo de la economía (Piñera como Hijo). Y, sin embargo, la fatalidad acompaña a Piñera: como un fantasma que los heraldos del espíritu guzmaniano se aprestan a conjurar, se abrió una bifurcación sin retorno, la más decisiva de los últimos 47 años: la posibilidad de cambiar la Constitución. Una posibilidad que no ha sido gratuita, sino que ha sido abierta por la destitución abierta por la revuelta de Octubre que no se ha detenido, que no ha interrumpido su paso, que no ha neutralizado en nada su intensidad.

Seguramente la aprobación del 10% de la AFP la revuelta se ha tranquilizado por un momento, mientras saborea el pequeñísimo triunfo que haber puesto en jaque una de las instituciones pivote de la reproductibilidad técnica del golpe. Pero su potencia está ahí, presta a irrumpir en el instante en que la dictadura comisarial ejerza su defensa del orden que ha sido arrojado fuera de sí. Miles de ojos sangrados, miles de muertos ignorados (incluidos aquellos por COVID19 que expresan la reproducción del golpe en el precarizado sistema estatal) y miles de desempleados que se multiplicarán a borbotones en los próximos meses. Este es el escenario, esta es la situación material. Los cuerpos abiertos en carne viva y una máquina de poder desarticulada solo por la nueva dictadura comisarial expresada en el nuevo gabinete.

La propuesta UDI de privatizar CODELCO tiene varias lecturas. En lo inmediato, un distractor para que el pueblo no siga insistiendo en la AFP y desvía su mirada hacia el cobre para recibir un apoyo. Pero a su vez, expone la verdad de la lucha de clases: están dispuestos a privatizar al “sueldo de Chile” a cambio de no mover un ápice de su sistema financiero, están prestos a sacrificar al Estado a cambio de su capital. Esa propuesta es la que ha venido gestándose desde la irrupción del coronavirus: el capital sobre la vida, la economía sobre la población, el neomaltusianismo es precisamente la última forma del golpe que ondea el presente. Nada menos sorprendente que esto, nada menos asombroso que la visibilización del conflicto de clases en su desnudez. Más aún ahora, cuando la nominación del nuevo gabinete deviene una explícita declaración de guerra al 18 de Octubre.

Rodrigo Karmy Bolton

Profesor e investigador del Centro de Estudios Árabes y el departamento de Filosofía de la facultad de Filosofía y humanidades de la Universidad de Chile