Publicado Mayo 19, 2021
El capitalismo nos llevó al colapso: ¡auxilio! nuestro mundo se derrumba
Cuerpo
Nuestras instituciones de gobierno a todos los niveles (local, regional, nacional o global) deben dedicar más medios, más gente, más atención a la sostenibilidad, a la anticipación del mundo que viene y perder menos tiempo en batallas cortoplacistas.

Impulsados por oscuras realidades y aún peores predicciones, profesionales en todo el mundo han puesto en marcha una gran cantidad de iniciativas que apuntan a crear comunidades alertas y preparadas para enfrentar los monumentales cambios que afectarán al sistema capitalista, principal responsable de la debacle. Pero sus líderes advierten que, a pesar de todo lo logrado, aún no es suficiente y es necesario que la humanidad despierte y cambie de paradigmas.

Es imposible “hacernos los lesos” como se dice en buen chileno: el mundo que conocemos se está desplomando inevitablemente y no podemos dar vuelta atrás para evitar el colapso. Conscientes de esta realidad, científicos, investigadores y profesionales de varios países están ocupados en diseñar estrategias para enfrentar el futuro de la humanidad, porque intuyen que el derrumbe del sistema capitalista provocará monumentales cambios y aconsejan empezar a prepararnos para enfrentarlos…

Entre estos precursores de nuevas formas de vida está el científico francés Pablo Servigne, quien tomó la decisión de irse a vivir con su pareja y sus dos hijos “cerca de los bosques, las ardillas y los jabalís”, como declaró. Y quizás también cerca de las hormigas, cuyo comportamiento ha estudiado como especialista en mirmecología, ciencia que le ha permitido conocer la inteligente arquitectura y las habilidades de estos minúsculos bichitos, que construyen verdaderas ciudades subterráneas con infinidad de túneles y cámaras en las que viven hasta siete millones de insectos… Tal vez este doctor en Biología se ha dedicado a conocer los hábitos de las hormigas, porque su solidaridad, organización y diligencia podrían servir de ejemplo a los seres humanos del futuro… A pesar de evadir el tráfago de las grandes urbes, el visionario francés sigue ocupándose de elaborar estrategias para mejorar la calidad de vida de los habitantes de este vapuleado planeta.

-Servigne rastrea las bases científicas del movimiento colapsológico, pero también las cuestiones políticas y espirituales fundamentales que éste plantea -considera el diario electrónico La Vanguardia-. Saber pensar la muerte, aceptar la finitud, es el primer paso hacia un renacimiento, es la única forma de reabrir horizontes.

LA COLAPSOLOGÍA…

A los 43 años el también ingeniero agrónomo Pablo Servigne se ha convertido en teórico estrella del cataclismo cuando asegura que antes de 2030 se producirá “un hundimiento social” de envergadura y que nuestra civilización “es un coche sin frenos y con el volante bloqueado”. Servigne advierte que se avecinan tiempos difíciles y que es necesario prepararse para enfrentarlos con inteligencia y con la intención de cambiar nuestros hábitos y crear nuevos paradigmas que nos permitan optar a una mejor calidad de vida, una vida más sencilla y más apegada a la naturaleza…

-Es de noche y estamos rodeados de niebla; los frenos no funcionan, no podemos levantar el pie del acelerador, nos salimos de la carretera y los baches debilitan la estructura del vehículo; y, por último, nos damos cuenta de que el volante no funciona -enumera metafóricamente-. Ese volante bloqueado que nos impide cambiar de dirección es el capitalismo… El desmoronamiento parece inevitable. Lo que no sabemos es cómo será la vida humana tras la desaparición de los casquetes polares, el agotamiento de las materias primas energéticas, la escasez de agua dulce, de alimentos, de suelo fértil y de aire limpio por culpa de la contaminación, la multiplicación de epidemias, los fenómenos meteorológicos extremos, las migraciones masivas… la desigualdad…

La desigualdad, un tema que es fundamental en el incierto mundo que hoy vivimos, un tema que es parte importante del libro Colapsología, donde se citan estudios que corroboran que se trata de un componente fundamental en las situaciones que nos llevan al colapso…

-La desigualdad es tóxica y corrosiva para una sociedad -especifica Servigne-. Destruye la confianza, la democracia, el bien común, el concepto de un futuro compartido. Es un factor decisivo para el colapso (…)  cuanto más desigual es una sociedad más posibilidades tiene de colapsar, y de hacerlo rápidamente, porque se crea una casta de ricos que extraen recursos del pueblo y de la naturaleza, y esa explotación combinada de bienes, recursos humanos y recursos naturales propicia un riesgo irreversible de colapso. Dicho de otra manera, la prioridad hoy es compartir, es reducir las desigualdades.

CONDUCTAS POSITIVAS ANTE EL ESTRÉS

Otro personaje importante que está concretando iniciativas para evitar que el mundo que se avecina se convierta en un suplicio, es el ambientalista inglés Rob Hopkins, uno de los rostros del Movimiento por la Transición y autor de un libro que invita a descubrir cómo podemos crear una vida más sostenible, justa y feliz.

La “Guía del Movimiento de Transición”, según Hopkins, es una muestra de que es posible poner en marcha en todo el mundo proyectos e iniciativas para construir un futuro más local y resiliente. Un espacio que desarrolle en las personas la capacidad de anteponerse a las distintas adversidades que se les presentan en la vida diaria, practicando conductas positivas ante el estrés, las amenazas o los conflictos.

-Es un itinerario lleno de ideas, sugerencias y herramientas -afirma-, basadas en los proyectos y experiencias de personas y grupos alrededor del mundo, que nos invitan a pasar a la acción en nuestros barrios, pueblos y ciudades.

En su edición de abril de este año, la revista electrónica Magis, editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de México, relata que Hopkins gestó el impulso para iniciar el movimiento  Aldeas en Transición, que arrancó “como una colección de iniciativas aparentemente insignificantes y aisladas, pero que en conjunto forman un modelo de desarrollo local que se ha propagado por todo el mundo: una red solar comunitaria en una aldea japonesa; un proyecto de murales en Michoacán; un mercado público de trueque en Querétaro; una panadería comunitaria en una favela brasileña; un banco de tiempo en Nueva Zelanda”, informa.

-Todas son expresiones locales de un movimiento global con más de mil iniciativas en 50 países que buscan afrontar uno de los retos más abrumadores de nuestro tiempo: preparar el terreno para una vida sin petróleo -explica Magis-. Un estudio reciente del Instituto Federal de Tecnología Suizo demuestra que las olas de calor extremo se han cuadruplicado desde el inicio de la Revolución Industrial y advierte que éstas podrían aumentar 62 veces más si no disminuimos de forma drástica la quema de combustibles fósiles. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático dice que, si no hacemos nada, los efectos serán severos, generalizados e irreversibles. No hay más alternativa que la descarbonización profunda y urgente.

El Movimiento de Transición imagina comunidades hechas para peatones, que consumen alimentos locales, energía renovable, con vecinos que se conocen y se apoyan. “Y eso es precisamente lo que pretenden -advierte la revista-, lograr que las comunidades locales se vuelvan autosuficientes, más sintonizadas con la naturaleza y más resilientes, es decir, capaces de aguantar los cambios rápidos”.

-Tenemos la oportunidad de crear algo tan histórico como la Revolución Industrial, el Movimiento de los Derechos Civiles o el Movimiento Feminista -dice Hopkins-. Se trata de una oportunidad extraordinaria para volver a imaginar cómo relacionarnos unos con otros, cómo convivir, cómo trabajar. Aunque estemos mirando el problema a través de la lente del cambio climático y de la energía, en el fondo se trata de que hemos olvidado cómo relacionarnos y agruparnos en cooperativas comunitarias que produzcan y vendan fruta fresca, verduras, alimentos, vestuario y pan artesanal, entre muchos otros bienes elaborados con nuestras propias manos.

ESPERANZAS Y ACCIONES COTIDIANAS PARA LA TRANSICIÓN

Como Hopkins y Servigne hay una gran cantidad de líderes que nos trasmiten esperanzas de que, a pesar de la dolorosa situación actual, podemos construir un mundo mejor. Uno de estos rostros es el del español Juan del Río, autor de “La Guía del Movimiento de Transición” y uno de los pioneros en participar en la Red por la Transformación.

En la presentación de este libro que da pautas sobre cómo innovar nuestras vidas en la ciudad, se dice que “el actual modelo socioeconómico implica una producción industrial y de alimentos, una explotación de recursos y una contaminación que lo hacen insostenible”.

-Saber esto puede paralizarnos -indica-, hacernos sentir impotentes, indignados, frustrados, pero también puede motivarnos a cuidar nuestra vida y nuestro entorno para lograr que sean sostenibles. Así sucedió en Totnes, Inglaterra, donde hace nueve años surgió el movimiento de Transition Towns, una comunidad que puso en práctica diversas iniciativas en barrios, ciudades y pueblos que han dado lugar a una red internacional que comparte conocimientos, materiales, emociones y herramientas. Una de las claves de la expansión viral del movimiento es que ha logrado incidir, por ejemplo, en la agricultura, la economía, los servicios, el transporte, las relaciones o la construcción, a través de monedas locales, dinámicas participativas, planes de descenso energético, huertos urbanos y muchas otras actividades que demuestran que la transformación local es posible y está en nuestras manos.

-La transición es necesaria e inevitable; es algo que va a pasar, lo queramos o no -indica del Río-. El punto es cómo queremos que ocurra en América Latina, en México, en España, es construir la forma de poner en marcha la transición en nuestras comunidades.

Según Naresh Giangrande, cofundador de Transition Town Totnes y de Transition Training, “el modelo y el proceso están diseñados para Involucrar a las personas de una manera inspiradora, usando cada una de nuestras habilidades creativas.

TAMBIÉN EN CHILE

Giangrande ha impartido cientos de cursos a miles de participantes en veinte países con localidades interesadas en transformar su forma de vida. En noviembre de 2016 estuvo en Chile, participando en un encuentro destinado a facilitar y profundizar los procesos de transición, que se efectuó en El Manzano, una pequeña comunidad en la región del Biobío que se está organizando para la resiliencia local.

-Vemos un futuro de regeneración eco-social -especifican-. Los pequeños y grandes proyectos, empresas y organizaciones juegan un papel importante para llevarnos allí.

Una manera que escogen los transicionistas es relocalizar su economía, encontrar maneras de vivir con menos y revisar todos los aspectos de la vida: transporte, alimentos, salud, educación. Se trata de permitir que un gran número de personas ejerciten su capacidad de actuar de una manera que marque la diferencia.

En una entrevista publicada por https://transitionnetwork.org/ por Sarah McAdam el 22 de octubre de 2018 y que posteriormente fue traducido por Mathieu Ichard para la revista electrónica reddetransición.org, Giangrande propone “empezar a crear el mundo que queremos ahora mismo, reavivar el bienestar de la comunidad y manifestar, de manera tangible, nuestro amor por el planeta”.

A su juicio, “el cambio exterior debe ir acompañado de una transformación interior”, porque si no, cualquier paso positivo es tragado por el viejo sistema, que convierte ese cambio en formas que lo corrompen para promover los objetivos del viejo régimen”. 

Sin duda, uno de los mayores escollos para impulsar el cambio es la actitud egoísta y miope de los gobernantes en la mayoría de los países del mundo. El poder está en manos de las grandes fortunas y de las transnacionales que presionan para que no haya cambios que los saquen de su cómodo materialismo y del estilo depredador y destructivo con que manejan sus negocios y destruyen el planeta.

En la actualidad hay ejemplos de iniciativas que, de ser aplicadas a nivel masivo, aportarían a un futuro más promisorio para la humanidad. En Finlandia y Noruega, por ejemplo, existen empresas que toman decisiones para aumentar la felicitad y el bienestar de sus empleados y cada vez hay más comunidades que aplican energías renovables. Sin embargo, en la mayoría de los países no se ve una toma de conciencia por parte de los más poderosos.

-Nuestra falta de integridad personal y nuestra incapacidad de auto reflexión -asegura Giangrande- nos llevan a fracasar, porque cualquier esperanza realista de cambio hacia una cultura de apoyo a la vida, implica inevitablemente cambios externos, físicos y tangibles, y cambios internos, psicológicos y psíquicos, donde tendrán que participar empresas, gobierno, sociedad civil, academia, grupos religiosos, movimientos de desarrollo espiritual y personal...

Al plantear posibles soluciones en un documento que publicó recientemente, Giangrande asegura que su contenido es “en partes iguales, una expresión de mis temores por el futuro, un grito de ayuda, una confesión pública de mis sentimientos personales de fracaso, y un intercambio de mi aprendizaje e ideas de años en el movimiento de Transición”.

-Es también una llamada a una forma de vida tentadoramente cercana pero aún escurridiza, que es pacífica, justa, armoniosa, y que otorga a todos los seres su pleno potencial para la vida -escribe-. Sigo soñando con que un día antes de morir pueda decir con certeza a mis nietos “tenéis todas las posibilidades de vivir una vida plena de paz, salud y felicidad”.

EJEMPLOS OPTIMISTAS

En Brasil, Isabel Gómez de Menezes organizó a un grupo de mujeres emprendedoras en su comunidad de Granja Viana, donde crearon un sistema de recolección de agua de lluvia y otro para hacer viajes en autos compartidos; además, convirtieron un espacio público abandonado en parque y huerto comunitario, en el que se instala una vez por semana un mercado ecológico.

Ciudad Fujino, en Sagamihara City, es una de las tres iniciativas que aplican el Movimiento de Transición en Japón, ayudando a los habitantes de este pueblo a organizar una red comunitaria de energía renovable y brindar apoyo en las zonas afectadas por el tsunami.

En Italia, Cristiano Bottone lanzó una iniciativa de Transición en su pueblo, Montiveglio. Sus proyectos tomaron tanta fuerza que varios de sus integrantes decidieron buscar puestos de elección popular y ahora el pueblo cuenta con un ayuntamiento que simpatiza con sus propósitos y ha impulsado una escuela que funciona con energía solar.

A pesar de que existen hechos que demuestran cambios concretos en el mundo, a pesar de los libros y documentales que se han creado, los líderes del movimiento son muy cautelosos al hablar de éxitos. “¿Será suficiente?”, se pregunta Brangwyn… y enfatiza que si esperamos a que los gobiernos actúen estamos perdidos y será demasiado poco y demasiado tarde…

-Si tomamos la iniciativa como individuos también será demasiado poco -concluye-, pero si lo hacemos como comunidades, puede ser suficiente y justo a tiempo.

UN FUEGO IMPOSIBLE DE APAGAR

Ruta Ahimsa es un proyecto de permacultura urbana que desde comienzos de 2010 se ha dedicado a “ecologizar” una casa en el centro de la ciudad de Querétaro, México, y a ofrecer talleres de permacultura, construcción natural y huertos orgánicos…  Básicamente lo que busca la permacultura es combinar la vida de los seres humanos con el medio ambiente de una forma respetuosa y beneficiosa para ambos. El fin es satisfacer las necesidades de la gente de la forma más amigable posible, sin explotar recursos naturales y sin contaminar.

En México, el grupo de Transición más activo ha sido el de Querétaro. Fue fundado el 2010 por Raúl Vélez, quien relata que “promovemos la recolección y almacenamiento de agua lluvia para un abasto parcial de nuestra casa ecológica y nuestro huerto urbano, y que el agua utilizada se reutilice varias veces”.

-Además -relata- hemos organizado intercambios de trabajo, para instalar y rehabilitar huertos en las casas de los integrantes del grupo y de otras organizaciones. Hemos promovido la construcción de hornos de adobe para hacer pan y pizza en los cafés o restaurantes y se formó un grupo de trueque que al principio se organizaba desde la página Facebook de Ruta Ahimsa. Con el tiempo, un café, El Viejo Varsovia, lo adoptó y lanzó un mercado de trueque muy popular cada miércoles en la plaza que le queda enfrente.

En Querétaro, Vélez observó principios muy importantes: primero, que no hay fronteras entre lo que es transición y otros proyectos; lo que importa es que los proyectos se hagan. De hecho, lo que se llama transición en otros países, es lo que se llama zapatismo en México y Buen Vivir en Bolivia.

-Lo más importante es la cosecha, que juntos hagamos cosas para la vida sin petróleo -dice-. Una de las lecciones es que lo pequeño y auténtico es mejor. Una vez que nos olvidamos de la expectativa de hacer algo grande, nos abocamos a realizar proyectos concretos. Por ejemplo, más del 50% del alimento que consumimos es cultivado en nuestra Huerta Urbana, logrando una soberanía alimentaria familiar, comida fresca directa del huerto, libre de pesticidas y sin manipulación genética, un ahorro a los gastos y regresar a una conexión con la tierra y con el pan que va a nuestra mesa.

En Ahimsa se incorporan todos los residuos al ciclo de vida a través del compost que sirve para enriquecer las cosechas.

-Entendemos que el residuo de hoy es el alimento para otro ciclo del mañana -consideran-. Es así como no tenemos basura y proyectamos un ejemplo pequeñito para motivar que otros se sumen al movimiento de transición y regresar a casa el sentido y valor de la palabra comunidad.

LA TIERRA COMO SUJETO POLÍTICO DESPUÉS DEL COVID-19

-Podemos aseverar rotundamente que la crisis sanitaria provocada por el COVID-19, es una magnífica oportunidad que nos brinda la Naturaleza, ante las incesantes agresiones a las que la estamos sometiendo, para cambiar nuestra percepción acerca de la Madre Tierra, Gaia, Pacha Mama o como queramos denominarla -enfatiza Manolo López, coordinador del Proyecto de Investigación Consciencia y Sociedad Distrópica-. Por tanto, deberíamos replantearnos muy seriamente cómo vamos a relacionarnos con Ella a partir de ahora. Vemos como muy necesario que se reconozca a la Naturaleza -a Gaia- como sujeto político en todos los niveles de gobierno, desde lo local hasta lo internacional, tal y como explica muy bien el catedrático de Filosofía y Política Daniel Innerarity en su artículo El voto de los animales.

En el sitio Web www.sociedaddistópica.com, este científico explica que la política tiene que ser menos antropocéntrica y más biocéntrica y que, de algún modo, la Naturaleza tiene que estar convenientemente representada en nuestras democracias. Si esto ocurre, sin lugar a dudas la difícil situación que se vive en el planeta podría comenzar lentamente a cambiar…

-No estamos solamente ante un problema de cómo gestionar ciertos bienes públicos sino en medio de un profundo déficit democrático, una verdadera exclusión -asegura Innerarity en un artículo que publicó el diario El País-. Si la naturaleza ha de ser reconocida como sujeto político, representada e incluida, eso quiere decir que la contaminación o la explotación abusiva de la naturaleza no son sólo deficiencias de nuestro sistema productivo; también constituyen una verdadera deficiencia democrática.

Según Daniel Innerarity los gobiernos del mundo han venido encadenando crisis desde los años 80. Y nombra a Chernóbil, a la caída del muro de Berlín y el cambio geopolítico que produjo a la crisis económico-financiera, la del euro, la de las empresas punto.com y el cambio climático…

-Todos estos hechos -considera- deberían haber hecho que nuestros sistemas políticos fueran más capaces de desarrollar una gobernanza estratégica anticipatoria y dedicar mayores esfuerzos a la prevención, a la anticipación del futuro previsible que pudiera resultar de nuestro modo de vida (…) Nuestros sistemas políticos están focalizados casi exclusivamente en la gestión del presente. Las crisis emiten señales larvadas, latentes, a las que nadie –ni gobiernos ni ciudadanos– prestamos atención. ¿Qué nos está pasando? Que somos una sociedad que solo reaccionamos ante el peligro inminente, visible, mortal; que estamos muy distraídos en el presente más inmediato; que hacemos caso a lo más ruidoso y no prestamos atención al sufrimiento del mundo, a las crisis incoadas. Esa sería la gran revolución de la política: traer el futuro al momento presente como el gran incentivo para actuar.

Finalmente, Innerarity advierte que “la gran pregunta que ahora debemos hacernos es qué nivel de decisión es el más adecuado para gestionar qué tipo de riesgos”.

-Dejemos de considerar el futuro como el basurero del presente -concluye-, ese lugar desatendido del que nadie se preocupa. Nuestras instituciones de gobierno a todos los niveles (local, regional, nacional o global) deben dedicar más medios, más gente, más atención a la sostenibilidad, a la anticipación del mundo que viene y perder menos tiempo en batallas cortoplacistas.

En una entrevista a BBC News, Gastón Soublette enfatiza que “la calidad humana se prueba en el sentido de comunidad y supone lo que tradicionalmente llamamos virtud. La virtud consiste en amar y respetar a nuestro prójimo como a nosotros mismos”.

-La calidad humana -indica- se prueba también en el desarrollo de las facultades superiores de la persona. Pero sea lo uno o lo otro, resulta una moral subordinada a la armónica convivencia social.

Está claro que todos los personajes que hoy en día se están ocupando de proyectar una mejor calidad de vida para los seres humanos insertos en este mundo caótico y gobernado por un puñado de egoístas e irresponsables, apuntan directamente a la formación de comunidades, a la búsqueda de estilos de vida más sencillos, naturales y respetuosos del ambiente que nos rodea, a una convivencia social armónica e inteligente y a un punto que parece ser lo más importante y que se refiere a la evolución de nuestro ser espiritual, que siente amor y solidaridad por el prójimo. Sin duda, enormes cambios de paradigmas, pero si no se cumplen, vamos directamente al despeñadero y a vivir, como las hormigas, en cuevas bajo la tierra…

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