Publicado April 04, 2021
El Domingo santo especulativo de la mano de Hegel en tiempos de Capitalismo y ‘a pesar de’ la Pandemia…
Cuerpo
Como momento de la suprema idea, el dolor infinito, que hasta ahora había alcanzado una existencia histórica sólo en la cultura, y sólo como el sentimiento sobre el que se basa la religión de la época moderna, el sentimiento de que Dios mismo ha muerto...

Para este domingo de Semana Santa en un Occidente cristiano capitalista, ya para creyentes ya para ateos (y a los millones que les da lo mismo), y en estos tiempos tan nihilistas, por la Pandemia que no deja de acontecer, les dejo un texto de Hegel de 1802 (80 años antes de Nietzsche y su ya clásico "Gott ist tot" del aforismo 125, El loco, de La gaya ciencia); un texto único del joven revolucionario e iconoclasta Hegel.

El texto que leerán, al final de esta breve nota, es de Fe y saber (Glauben und Wissen). Este párrafo concluye un libro dedicado a los tres grandes pensadores de la época: Kant, Jacobi y Fichte (los tres estaban vivos cuando se escribió este texto). Y lo que hace Hegel es meterse al nudo mismo de lo filosófico de cada uno de ellos, porque en ese nudo está en juego un modo de entender lo humano en medio de la vida misma; y que Hegel no soporta y lo ve incluso como envejecido para construir un NosOtros. Para Hegel, que ni nombra a su amigo Schelling porque lo ve como más de lo mismo (en 1800 había sido publicado el libro el Sistema del Idealismo Trascendental, un gran intento de pensar lo humano de la mano de Fichte y de Hölderlin), no se puede seguir ya más en la estructura de lo inmediato (diría hoy la ideología), ni de modo crítico, ni de modo fideísta, ni de modo voluntarista.

En el libro se expresa cómo cada uno de ellos, y sus sistemas de pensamientos (que son expresiones encarnadas en conceptos de la praxis), sucede algo que literalmente no pueden dar con lo humano en medio de un mundo que se abre y que está en dinamismo constante. El primero de los pensadores se queda No pensando lo imposible que el mismo barrunta en su obra; es como una triste paradoja, pues literalmente el filósofo es 'im-potente' (repitiendo el chiste ‘duro’ de Nietzsche con el significado del apellido del pensador) a su propio hallazgo filosófico, a saber, el acontecimiento de lo imposible que nos constituye, nuestro impasse (dicho con Lacan); me refiero a Kant. El otro pensador se sumerge, casi emborrachado y delirante, a eso que nos excede; le canta a la inmediatez de eso imposible que nos constituye y, en definitiva, somos; pero es una vez más de lo mismo y es lo que siempre se ha hecho en la cotidiano de la vida empírica; me refiero a Jacobi. Y, finalmente, el tercero, el pensador que está con todo pensando la praxis (el Žižek de la época), se da cuenta reflexivamente, por fin, que lo que está en juego es la Libertad, pero ¿qué hace con ella?; simplemente la neutraliza y con eso todo el mundo se desvanece; me refiero a Fichte.

Hegel, en este pequeño texto final de un libro también imposible porque es un libro que indica el fracaso mismo del pensar en su praxis (y esto antes de Marx y de Nietzsche), mal llamado por el mundo ‘wiki’: 'viernes santo especulativo', indica el camino a seguir y que llega hasta NosOtros con múltiples mediaciones, pero que vale la pena reconocer a dos hoy en día que están debatiendo y analizando el presente: Butler (y su biopolítica histórica) y Žižek (y su ontología estructural); pero también hay tantos otros pensadores, en sentido amplio (evidentemente más allá de la aburrida filosofía académica), que estamos viviendo desde lo imposible y reflexionando en medio del Capitalismo y a pesar de la Pandemia.

En esta conclusión de este libro que expresa lo imposible de tres modos imposibles de lo humano a inicios del siglo XIX, se trata de decirnos, en especial a un lector del ‘por-venir’ como NosOtros, que se tiene que asumir el dolor de nuestra existencia en toda su radicalidad Mortal (somos finitos y, por tanto, nos morimos; y todas las cosas son finitas y dejan de ser); sin engaño posible, lejos de supersticiones inconducentes (que ya no dan más de sí, pero que renuncia a desparecer y se reinventa en múltiples figuras) y de abstractos dogmatismos académicos (que simplemente es expresión del frío narcisismo del sin sentido en el mundo que vivimos); solamente desde esa muerte de uno mismo en tanto engranaje del Laberinto de la Modernidad (y añadiría del Capitalismo), desde esa nada que somos, solamente, repito, desde ese no-lugar se abre y acontece la Libertad viva: una que se realiza con todos NosOtros y de modo histórica.

Y con todo el asunto de la diferencia que eso lleva dentro de sí la Libertad que nos estructura desde el vacío. Y por eso No nacemos humanos, sino que nos Hacemos humanos (parafraseando a Beauvoir) en la medida de lo posible, con toda la tensión que eso conlleva y, por tanto, con mucho dolor, pero, a la vez, con el Amor de ese Otro que nos constituye incondicional, infinita y libremente. En definitiva, se trata, dicho en nietzscheano, de una afirmación que dice Sí; y ríe y baila alegremente de unos con Otros...

Hegel dixit:

"Pero el puro concepto o la infinitud como abismo de la nada en el que todo ser se hunde, tiene que describir como momento, y sólo como momento de la suprema idea, el dolor infinito, que hasta ahora había alcanzado una existencia histórica sólo en la cultura, y sólo como el sentimiento sobre el que se basa la religión de la época moderna, el sentimiento de que Dios mismo ha muerto (es lo que se halla expresado, por así decirlo, empíricamente en las palabras de Pascal: ‘la naturaleza es tal que señala en todas partes un Dios perdido tanto en el interior como fuera del hombre’). De este modo tiene que darle una existencia filosófica a lo que fue también, o precepto moral de un sacrificio del ser empírico, o el concepto de la abstracción formal; y por consiguiente, tiene que restablecer para la filosofía la idea de la libertad absoluta, y con ella el sufrimiento absoluto o el viernes santo especulativo, que por lo demás fue histórico, y a éste incluso en toda la dureza y la verdad de su ateísmo. Lo más diáfano, infundado e individual de los filósofos dogmáticos como de las religiones naturales tiene que desaparecer. Sólo de esta dureza puede y debe resucitar la suprema totalidad en toda su seriedad y desde su más profundo fundamento, a la vez abarcándolo todo y en su figura de la más radiante libertad"1.

1 Hegel, G.W.F., Fe y saber, Biblioteca Nueva, Madrid, 2000.

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