Publicado Julio 29, 2021
El voto pobre o el pobre voto. ¿Vota el pobre?
Cuerpo
Pobre del voto al ser un voto pobre, dado que el pobre no vota. Para los que no lo somos y votamos, nos es más fácil y aceptable, escribirlo, comprenderlo, representarlo y gobernarlo.

Braian eligió a dos presidentes y varios legisladores. Su nombre lo debe a la “extranjerización cultural”, los poderes detrás, lo que antes se denominaba lisa y llanamente la actuación del imperialismo, dirá un “paper” disfrazado de artículo académico de algún becario de humanidades. Su madre cayó víctima de las sobras de la producción de drogas baratas y aún más fatídicas, por tal corte, que las que se usan para divertimento en las altas esferas. No conoció la menopausia, ni vacaciones, ni pudo pisar el asfalto frente a su casa. El padre de Braian cumple una condena en un penal.

En verdad, aún no fue sentenciado, pero el sistema judicial lo tutela entre rejas, por más que lo tenga merecido, su confinamiento es legítimo pero no plenamente legal. La pasa mejor en la cárcel que afuera, afirmará el artículo del humanista bajo el revestimiento de conceptos similares y citas textuales prolija y ordenadamente consignadas bajo formato Apa u Oxford. Nunca leyó, ni lo hará a Rodolfo Kusch ni a tantos otros, Braian desprende el hedor característico de los cementerios de industrias y fábricas fantasmales en los que se transformaron miles de ciudades sumidas en la pobreza y la marginalidad que generó la desocupación y la desesperanza.

 Nauseabundo para quién no es de la zona o del barrio, la contaminación de las napas freáticas y los despojos de residuos de todo tamaño y calificación, convierten al hábitat natural de Braian en un basural a cielo abierto, en donde es aún más difícil no decirle que sí al escape tóxico que propone inhalar pegamento, inyectarse lo que se encuentre o fumar lo que dé. En tal estado y situación, un día, como todos los suyos y los nuestros, tan espantosamente iguales, no toleró la mismidad de su andar cotidiano y salió de “caño”, de arrebato, para hacerse con lo ajeno, robar o buscar una muerte tan violenta como todos y cada uno de sus días en esta vida. El académico llega al clímax en esta parte. Adicto al abolicionismo, no detendrá el flujo de repetición de las consignas que deforestan su posibilidad de análisis, de crítica y por ende de producción propia y pensamiento. Ganará con esta inercia que lo lleva al goce, el prestigio de sus pares, las dádivas de la institución en la que lo llaman magister y la publicación aprobada por doble referato ciego en las revistas científicas indexadas. 

El Braian que nada de esto sabe, también alimenta a aquellos. En su abanico que no llega a las cincuenta palabras, bajo tonalidades disonantes para el abogado que lo defiende en virtud del estado que ahora se hace presente, expresa, balbucea, que la culpa la tiene el gobernante. 

Se cruza un cisne negro. Escucha el defensor y piensa, que la única manera de no caer en una situación semejante es la de destacarse, diferenciarse, por más que la disonancia le acarree problemas durante. 

Hará una presentación en la justicia, pidiendo que se invalide el voto del Braian. Relatará pormenorizadamente la situación de vulnerabilidad, los informes socio-ambientales dirán que ni los animales más silvestres viven bajo condiciones tan descarnadas, las fojas excedidas en argumentación olerán a la mierda desbordante mezclada con la carroña de vaya a saber que ser vivo que terminó sus días en la esquina de la cocina, del kiosco o del búnker de drogas en que se convirtió la diagonal del barrio de Braian. 

El académico consiguió que su investigación se convierta en libro, como el político que traduce la esperanza en voto, la demagogia en democracia y las palabras sin sustento ni fundamento en institucionalidad. 

La justicia fallará contra el abogado, no puede encuadrarse en un tipo legal lo que plantea para que sea desestimado el voto del peticionante. Caso contrario dejará de ser poder, dado que nada quedaría en pie ante el hipotético de una escalada de pobres condicionados a votar sin tener la disponibilidad de libertad para hacerlo. El legislador no contempló ni contemplará siquiera un proyecto semejante. Los intelectuales reaccionaran escandalizados. Dirán, determinados por sus cerebros tutelados, que se plantea que el pobre, el marginal no tiene derecho a votar, a elegir, que por el sistema nefasto (del que son parte) se profundiza la segregación y la exclusión que ya pretende una suerte de regreso a los tiempos de los esclavos. 

Elegimos no por conveniencia, sino por el síntoma que viene del real nos dirá Lacan  “lo real en tanto se pone en cruz para impedir que las cosas anden, que anden en el sentido de dar cuenta de sí mismas de manera satisfactoria al menos para el amo.” (Lacan, J. "La tercera", Intervenciones y textos 2, Manantial, 1993, Buenos Aires, pág. 84.)

Pobre del voto al ser un voto pobre, dado que el pobre no vota. Para los que no lo somos y votamos, nos es más fácil y aceptable, escribirlo, comprenderlo, representarlo y gobernarlo.

Al reaccionar ante el efecto y no la causa, jamás podremos en tal circuito repetido, dar cuenta que aún no dejamos de tener a una gran porción de la población bajo esclavitud, a la cuál legitimamos, para que nuestra legalidad, no nos condene ni en el real, ni en el simbólico. 

Braian habita en el imaginario, allí donde tal vez tenga el nombre que desee para sí, donde no sea tutelado, pensado, ni olido, a los efectos que únicamente esos otros se lleven los beneficios de dar cuenta de uno de los tantos pobres que sostienen, con su pobreza y marginalidad, nuestro sistema democrático o lo que hicimos de él. 


 

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Fuera