Publicado April 08, 2021
Estar bien, ¿para quién?
Cuerpo
El bienestar asociado a nuestra salud mental debiese tomar otra dirección, principalmente acogida a nuestra voluntad, a nuestros intereses y motivaciones, por el bien nuestro, y vuelvo a recalcar, no solo personal, sino también comunitario. 

Continuamente es necesario preguntarnos el porqué de las cosas, el para qué y para quién. Transitamos un contexto histórico fuertemente crítico, que nos permite la duda y el surgimiento de la incertidumbre. Podemos de un modo tomar esta concepción como algo utilitario, es decir, en dirección a desarrollar exploraciones y reflexiones acerca de los juegos de poder que se encuentran implícitos y explícitos en la construcción de sentido.

Resulta interesante detenerse y prestar atención en la idea de lo emocional como un factor urgente, de tenerlo siempre presente, y sobre todo ahora, en tiempo de pandemia; trabajarlo, desarrollarlo y gestionarlo. El bienestar emocional como estado ideal del ser humano en relación directa con la salud mental. Pero ¿qué es eso?, ¿hacia qué apunta ese estado de bienestar?

Si revisamos la definición de salud mental propuesta por la OMS (2013), nos señala lo siguiente: “La salud mental es un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad”.

Vemos entonces que la salud mental es definida como un estado en que la persona pueda realizar sus capacidades (¿capacidades de que tipo?), hacer frente al estrés normal de la vida (¿en qué momento hablamos de estrés normal y cuando de estrés patológico?, y más importante aún ¿hasta dónde toleramos ese estrés, qué o quién lo genera, qué tipo de vida y condiciones lo mantiene?), trabajar de forma productiva (¿producir qué y para quién?) y contribuir a su comunidad (¿qué tipo de contribución?). A mi parecer, son definiciones que carecen de materialidad necesaria que develen el real sentido. 

Si nos preguntamos el para qué tener salud mental, de manera obvia su respuesta tiene relación con el bienestar, en tanto su respuesta es fundamentalmente subjetiva, pero totalmente condicionada por el contexto. Si nos remitimos por ejemplo al área familiar: ¿los adultos debemos estar bien para cumplir con el trabajo?, ¿debemos estar bien para nuestros hijos e hijas?, ¿para nuestra pareja?, ¿para un abuelo que necesita de nuestros cuidados?, ¿para cumplir nuestras metas y objetivos?, ¿para qué? Si nos enfocamos especialmente, al área laboral y escolar: ¿debemos estar bien para cumplir nuestros intereses y motivaciones, para nuestra libertad y emancipación, o para cumplir los objetivos y metas de la empresa o de la escuela?, ¿con cuál sentido? La gestión emocional, al parecer, va en una dirección productiva más que liberadora.

Y si ahora nos preguntamos ¿para quién? Al igual como se mencionó en el párrafo anterior, es una variable básicamente personal, haciendo referencia no a un sentido individualista, sino más bien perteneciente a nuestra voluntad, pero aun así, el para quién está ligado directamente a fines productivos externos a nosotros. 

El bienestar asociado a nuestra salud mental debiese tomar otra dirección, principalmente acogida a nuestra voluntad, a nuestros intereses y motivaciones, por el bien nuestro, y vuelvo a recalcar, no solo personal, sino también comunitario. 

Con todo, deshilar nuestra voluntad no es una tarea sencilla. Estamos sujetos a un entramado de necesidades poderosamente extrañas a nosotros y nosotras. Esa delgada línea entre lo que queremos como sociedad, sin caer en los propósitos de producción que actualmente nos gobiernan y atormentan.

Referencia:

Organización Mundial de la Salud. (2013). Plan de acción sobre salud mental, 2013–2020. Recuperado de: https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/97488/9789243506029_spa.pdf;jsessionid=7E4306C7B7871FC9D252B427EB5E00C0?sequence=1

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