Eva y la vergüenza

¿Quisieron esta vez decir a la gente qué hacer y qué no hacer con su 10% de ahorro?¿sólo los mismos de casi siempre pueden pagar sus “lujitos” en tiempo de emergencia?¿es un “deber ser” de la clase baja y clase media no poder adquirir algún objeto de su gusto con sus ahorros?

Hay personas que hoy hablan todo lo que piensan. “!Si! Yo soy de los que digo todo lo que pienso”, exclaman, como si encontraran algún valor moral a ello. Pareciera ser, más bien, que han perdido la vergüenza, y ser sin-vergüenza no tiene ningún mérito. ¿Qué esfuerzo hay en andar dando codazos a “tonta y a loca” con las palabras y las ideas? Otra cosa, muy distinta, es superar la vergüenza, pero carecer de ella es, a lo menos, para que nos llame la atención. Con esto, decir o hacer todo lo que se piensa está muy lejos de pensar lo que se hace o se dice.

En ello he reflexionado estos días, a partir de personajes mediáticos que últimamente han sido noticia por sus dichos. Pero durante estos días fue también la Ministra del Trabajo quien me hizo meditar, cuando habló en relación al retiro del 10% de las AFP: “Ojalá que no veamos imágenes como en Perú de gente saliendo con plasmas de las tiendas”, señaló.

¿No se dan cuenta del clima social que han generado las icónicas frases del tipo “levántense más temprano” o “los pacientes van a conversar al consultorio”? ¿Tanta es la desconexión de la derecha chilena con la realidad de las personas?

La vergüenza tiene un valor, significa que consideramos la mirada, la presencia de un otro. Es señal de que ya no estamos sólos en el mundo, alguien más existe y nos puede mirar. Vergüenza fue lo que sintieron Adán y Eva después de comer la manzana, el fruto del Árbol del Conocimiento. Vergüenza, conocimiento y un otro que existe y nos mira son ideas que van de la mano. Por eso es un tema no menor el hablar sin-vergüenza, porque uno pudiera preguntarse dónde queda el conocimiento, dónde queda el otro, el prójimo, en los dichos o las ideas enunciadas. 

Chino Rios o Patricia Maldonado, lamentablemente, encontraremos por aquí o por allá. Pero otra cosa es cuando las autoridades pierden la vergüenza o la capacidad reflexiva del efecto de sus ideas o sus dichos, y no consideran al prójimo en sus palabras. ¿Quisieron esta vez decir a la gente qué hacer y qué no hacer con su 10% de ahorro?¿sólo los mismos de casi siempre pueden pagar sus “lujitos” en tiempo de emergencia?¿es un “deber ser” de la clase baja y clase media no poder adquirir algún objeto de su gusto con sus ahorros?

La vergüenza, muy lamentablemente, también la hemos visto perderse en otras situaciones. La explicitación del racismo y el clasismo son señales de la pérdida de la vergüenza, de falta de pudor, de la carencia de conocimiento y de reconocimiento de quien podemos tener a nuestro lado. Quizás necesitamos una bendita Eva que nos vuelva a dar su manzana, o tal vez lo próximo que escriba tenga que ver más bien con la “vergüenza ajena”.