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Publicado Agosto 08, 2020
Impuesto solidario a los más ricos, empezar a construir lo nuevo
Cuerpo

Vivimos momentos en los cuales se deben acentuar las prácticas de solidaridad estructural, más que meros gestos caritativos, por tanto, el debate surgido a raíz de este proyecto es, a ratos, insólito.

Vivimos momentos en los cuales se deben acentuar las prácticas de solidaridad estructural, más que meros gestos caritativos, por tanto, el debate surgido a raíz de este proyecto es, a ratos, insólito. Tener que legislar de manera especial para conseguir que, los que tienen más, aporten más en épocas de crisis (sin un consenso casi obvio), parece dar cuenta de una desconexión frente a la crisis y su emergencia.

Por Juan Eduardo Faúndez

Una vez pasada la discusión del retiro de 10% de las AFP y ya demostrado empíricamente que el apocalipsis anunciado por algunos no arrasó con Chile, se viene poco a poco instalando –pero con mucha fuerza– el proyecto de impuesto a los súper ricos, que pretende gravar por única vez en un 2,5% a aquellas fortunas que superan los US$22 millones y cuyo objetivo es recaudar entre US$4.000 millones y US$6.000 millones para ayudar a contribuir con recursos frescos a las alicaídas arcas fiscales producto de la crisis.

Ante este debate vuelven a aparecer, una vez más, los agoreros del pesimismo, de la debacle, los mismos que auguraban una catástrofe financiera producto del 10% del retiro de las AFP, sin visualizar que aquello era una solución de emergencia y ayuda a miles de familias chilenas. Porque, en el fondo, lo que se esconde son sus temores frente a una sociedad que busca redefinirse al futuro, con una elite dirigencial y económica que sigue aferrándose a un modelo que a todas luces se agotó, y que la crisis de la pandemia hizo nada más que desnudar las vulnerabilidades y falencias de nuestro modelo de desarrollo. Uno que maltrata hasta el sufrimiento (lo hemos visto en esta crisis) a un gran porcentaje de chilenos y chilenas. Bajo este lúgubre panorama, aparece como un destello esta discusión tributaria con el simple foco de obtener más recursos para generar la urgente redistribución e ir en ayuda de quienes más lo necesitan.

Vivimos momentos en los cuales se deben acentuar las prácticas de solidaridad estructural, más que meros gestos caritativos, por tanto, el debate surgido a raíz de este proyecto es, a ratos, insólito. Tener que legislar de manera especial para conseguir que, los que tienen más, aporten más en épocas de crisis (sin un consenso casi obvio), parece dar cuenta de una desconexión frente a la crisis y su emergencia.

Miremos afuera. En otros países se encuentran debatiendo temas similares, en el entendido que la necesaria reconstrucción requerirá de nuevos recursos para ayudar a millones a ponerse de pie, y en el cual los impuestos adquieren un papel fundamental dentro de toda la estrategia multidimensional para afrontar esta crisis y su salida.

En el pasado hay ejemplos concretos de ideas similares y exitosas en el mundo: el impuesto solidario a los ricos alemanes para ayudar a la reunificación en los 90, cuya duración fenece el 2021 y que los socialdemócratas alemanes piden que se mantenga a raíz de la crisis del COVID-19. También está el ejemplo del impuesto de Harry Truman a las grandes fortunas en los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, en donde se elevó en 20 puntos la carga impositiva, por mencionar algunos.

Si queremos redefinirnos como sociedad y superar esta crisis debemos apuntar a mejorar recaudaciones, estimular crecimiento sostenible y dotar al Estado de herramientas para salir del atolladero. No es posible aspirar al desarrollo en Chile con una carga tributaria 15 puntos por debajo del promedio OCDE; tampoco es posible aspirar a una sociedad integrada cuando, por ejemplo, en la capital tenemos en menos de 15 km realidades tan, pero tan dispares (Vitacura-Cerro Navia). Debemos hacernos cargo de aquello y resolver, y quizás los agoreros del apocalipsis tengan razón en algo: este impuesto a la riqueza es el inicio del necesario camino de una carga tributaria digna de países con mejor calidad de vida que el nuestro y los cuales algún día aspiramos a emular.

Finalmente, muchos soñamos con construir un Estado de Bienestar en Chile y para eso la solidaridad estructural es el primer gran paso, sin embargo, para la construcción de lo nuevo no resulta baladí la semántica. Y en este sentido, no es bueno categorizar a unos por sobre otros y viceversa, según la billetera que se tiene (súper ricos-pobres), más bien si logramos construir una sociedad en la cual quienes más tienen, se sienten con una genuina obligación ética de colaborar a dotar al Estado de más recursos vía cargas impositivas redistributivas, no solo gana el arca fiscal, sino que gana una sociedad que requiere una mirada común, una mirada de igualdad y solidaridad.

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