Publicado Diciembre 22, 2020
JOSÉ VICENTE RANGEL DE CARNE Y ACERO
Cuerpo
Lo comparaban con Salvador Allende de quien fue muy amigo. El “Allende venezolano” le decían. En realidad ambos tenían un perfil político y humano parecido

Son muchos los hombres y mujeres que se caracterizan por su sólida integridad moral y la consecuencia de sus actos. Sin embargo, entre los políticos de esta época neoliberal es muy difícil encontrar algunos de estos ejemplos. Una notable excepción fue el venezolano José Vicente Rangel, fallecido a los 91 años en Caracas.

Fue tres veces candidato presidencial de la Izquierda. Lo comparaban con Salvador Allende de quien fue muy amigo. El “Allende venezolano” le decían. En realidad ambos tenían un perfil político y humano parecido. José Vicente también emprendió la lucha política muy joven. Eran los tiempos revueltos que se desencadenaron a la muerte de Juan Vicente Gómez, el general andino –o gocho como dicen los venezolanos- que durante 27 años administró Venezuela desde su hacienda en Maracay. Gómez fue reemplazado por otro general, Eleazar López Contreras, y este a su vez por otro, Isaías Medina Angarita, también gochos. Este último resultó un militar progresista. Sin embargo fue derrocado en 1945 por una conjura de militares jóvenes aliados con el partido Acción Democrática (AD), que lideraba Rómulo Betancourt, social demócrata y ex comunista. El veranito democrático duró poco. En 1947 el pueblo eligió presidente al escritor Rómulo Gallegos, militante de AD, pero al año siguiente fue derrocado. El general Marcos Pérez Jiménez –también gocho- se abrió paso a balazos y codazos entre sus pares e inició una dictadura represiva de seis años. La corrupción floreció junto con las autopistas, millones de automóviles y el paraíso del dólar barato. El 23 de enero de 1958 Pérez Jiménez fue derrocado por una insurrección cívico-militar. La encabezó la clandestina Junta Patriótica que presidía un joven reportero del diario El Nacional, Fabricio Ojeda, que cubría las informaciones del Palacio de Miraflores.

José Vicente Rangel es fruto de esa época turbulenta. Llegó a Chile exiliado y aquí se enamoró de Anita Avalos, su compañera de toda la vida y madre de sus dos hijos. Siguió su tránsito a España donde se graduó de abogado. Pero JVR fue, sobre todo, político y periodista. Militante de Unión Republicana Democrática (URD), el partido –hoy desaparecido- que fundó Jóvito Villalba, uno de los dirigentes estudiantiles en la lucha contra la dictadura de Gómez. URD tuvo un paso breve por el gobierno de Rómulo Betancourt (1959-1964). La cartera de Relaciones Exteriores la desempeñó un militante de URD: Ignacio Luis Arcaya, jurista excepcional, que junto al cubano Raúl Roa García desafiaron al imperio en la Conferencia de San José de Costa Rica (1960) que pretendía expulsar a Cuba de la OEA. JVR, entretanto, fue elegido diputado y reelegido varias veces. Se convirtió en un implacable y valiente fiscalizador de las violaciones de los derechos humanos y de la corrupción en instituciones temibles, como las FF.AA. y la policía. Pronunció discursos, escribió libros, redactó editoriales y acompañó a los familiares de las víctimas en el peregrinaje por cuarteles y tribunales sordos al dolor y ciegos ante las evidencias de los crímenes del Estado.

En ese tiempo lo conocí.

JVR dirigía el diario Clarín, opositor al gobierno de Betancourt. Fui a ofrecerle una columna -La Torre de Papel- sobre libros políticos. Así me convertí en colaborador anónimo ad honorem de Clarín, mientras era reportero de El Nacional que dirigía el novelista Miguel Otero Silva, gran amigo de Chile y en especial de Neruda.

A partir de entonces forjamos con JVR una amistad firme como una roca. Regresé a Chile a participar en la tercera campaña presidencial de Allende. JVR fue candidato presidencial en tres oportunidades. Derrotado por los grandes partidos de masas de entonces: AD, socialdemócrata, hermano del PS chileno, y Copei, socialcristiano, hermano del partido Demócrata Cristiano chileno, hoy reducidos a un puñado teledirigido desde Washington.

JVR fue leal compañero de los anhelos de democracia y justicia social del pueblo chileno. Asumió tareas de solidaridad activa con los miles de exiliados que llegaron a Venezuela huyendo de la tiranía en Chile. Muchos de nuestros dirigentes, parlamentarios y ex ministros conocieron de cerca su solidaridad sin fronteras ideológicas. El diputado JVR estuvo en la primera línea de las numerosas manifestaciones con que el pueblo venezolano apoyó a la resistencia chilena.

La esposa de JVR, la escultora Anita Avalos, es autora de la estatua del presidente Salvador Allende que se levanta en el acceso principal de la Universidad Central de Venezuela.

Cuando la dictadura de Pinochet se replegó a sus cuarteles, JVR -el periodista- vino a Chile y elaboró notas de TV y columnas de opinión sobre las esperanzas que se abrían en el pueblo.

En los años 90 JVR era, sin duda, la principal figura de la Izquierda venezolana. Sin embargo, no vaciló un momento en entregar su respaldo político y moral a Hugo Chávez, el militar insurrecto que en 1992 intentó derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez. La amistad JVR-Chávez partió en la cárcel de Yare y se consolidó en la sacrificada campaña que en 1999 dio el triunfo a Chávez. JVR fue su primer Canciller; más tarde ministro de Defensa y luego Vicepresidente de la República durante cinco años. Como ministro de Defensa afrontó el golpe de estado del 11 de abril del 2002 que por algunas horas mantuvo secuestrado a Chávez en una isla. La noche del golpe JVR y su hijo, actual alcalde del municipio Sucre del Estado Miranda, permanecieron con Chávez en Miraflores, dispuestos a morir junto al presidente.

El 2007 JVR volvió al periodismo. Escribía columnas en la prensa y los domingos conducía un programa de comentarios y entrevistas en Televen. Firme defensor del gobierno del presidente Nicolás Maduro, que en su funeral le ha rendido honores de estado y entregado a su familia la máxima condecoración de la República Bolivariana de Venezuela, JVR no titubeó en criticar en su programa los abusos policiales o la escalada de la inflación que convierte en sal y agua los salarios.

Su salud se fue deteriorando. Pero no desanimaba. Para el resonante triunfo del Apruebo en el plebiscito del 25 de octubre, JVR nos envió -tres días después- un mensaje vibrante que retrata la integridad de sus irrenunciables convicciones revolucionarias:

“Para Manuel Cabieses, periodista chileno y director del semanario Punto Final.

 - Hemos sobrevivido a la tragedia vivida por ambos pueblos, el chileno y el venezolano, pero ahora la exigencia de la lucha es mayor.

 - Ustedes acaban de marcar un hito en la lucha con impacto sobre toda la región latinoamericana; nosotros intentamos hacerlo con el coraje al que suele apelar el pueblo venezolano periódicamente.

 - En la epopeya de ustedes está claramente mercado el ejemplo y la voz de Salvador Allende, nuestro maestro.

 - Desde aquí te ratifico mi voluntad de seguir adelante en la lucha. ¡Nada nos hará retroceder! Por los que cayeron y siguen luchando y por los que siguen viviendo en el vivac de una gloria sin fronteras.

 -Tu hermano,

José Vicente Rangel”.

Columnas populares

Columnas más populares de las últimas 2 semanas.

No podemos seguir oponiendo simplemente un “atrévete” por un “infórmate”, se requiere un plus imaginativo. De modo que la imaginación popular restituya su flujo hacia sueños emancipatorios, democráticos, inclusivos, equitativos y justos. Aún es posible, ya que lo imposible puede suceder…
Descaradamente, el gobierno y la prensa exhiben el 46,7% de participación como un triunfo. Hace una semana afirmé que estas elecciones serían una payasada. ¡Menuda perspicacia!
Lo que debería intentar es movilizar a todo el mundo democrático en contra de una amenaza que puede derivar en un Bolsonaro, en un Trump, una cuestión así. Ante eso creo que es el mejor antídoto para esta línea de ataque que Kast ya desarrolló diciendo “esto es libertad versus comunismo”.
El uso de las noticias falsas ha sido utilizada de manera exacerbada por el sector para lograr congraciarse con el electorado. Lo anterior radica en un desafío para la propia clase política, para la ciudadanía y sustantivamente para los medios de comunicación, de modo de no ser meras bisagras de lo que ocurre en la arena digital.
La propuesta del candidato presidencial de la extrema derecha recuerda mi experiencia personal con la Operación Cóndor, la que ahora intenta reeditar. La democracia, la paz y no violencia que anhelamos chilenas y chilenos se encuentra amenazada en varios ámbitos con la propuesta de este candidato. Pero resulta particularmente preocupante que su política internacional, en vez de atender el mejoramiento de las relaciones vecinales, responder a las demandas por enfrentar el deterioro de los ecosistemas o favorecer la reducción del armamentismo, se concentre en la represión de personas que tienen ideologías distintas a las que el defiende.