La democracia como tótem y la posibilidad de ir más allá de ella como tabú

En términos políticos, de derecha a izquierda, la democracia, sólo es entendida y explicada, desde conceptos primos o relacionados, cómo sistema, poder, capitalismo, producción, y demás epítetos que permiten lo único permitido por el tótem, la crítica solapada o parcial a lo democrático.

“Se da, en efecto, el hecho singular de que los hombres, no obstante serles imposible existir en el aislamiento, sienten como un peso intolerable los sacrificios que la civilización les impone para hacer posible la vida común” (El porvenir de una ilusión. En S. Freud, Obras completas. P. 2962, tomo VIII. Madrid: Biblioteca Nueva. 1927).

Conjeturando que somos los herederos de los parricidas, que describió el viénes en “Totém y tabú”, el totemismo se incribe como institución de un lazo que es más fuerte que el lazo de sangre o familiar, a decir de Frazer, citado por Freud. En referencia al vocablo “tabú”, que se correspondería con una traducción del “horror sagrado”, determina prohibiciones que carecen de fundamentos. “El código legal no escrito más antiguo de la humanidad” tal como lo refiere Wundt, también citado en la obra “Tótem y tabú” de Freud.

Podríamos conjeturar que desde hace varias generaciones, herederas de aquella horda primitiva, que funda nuestra occidentalidad, se estableció, como elemento totémico a lo democrático y pensar por fuera de ello o más allá de la misma, activa una funcionalidad de tabú.

“Desde que el mundo es mundo, a excepción de breves períodos históricos y en determinados países, existe una empresa dirigida desde el poder para organizar el sometimiento de los pobres. Este hecho fue ocasionando contradicciones y tensiones que se han resuelto de diferentes maneras en cada momento histórico, ya que es imposible pretender que los seres humanos vivamos según el orden de un hormiguero o un panal. Su objetivo es controlar la libertad y la condición pulsional del ser humano. Por ello el poder no se agota en los aparatos del Estado, los grupos económicos, los partidos políticos y las instituciones sociales sino también -deberíamos decir fundamentalmente- se encuentra en cómo se relacionan los sujetos en la sociedad” (Carpintero, Enrique. 2007.La alegría de lo necesario: las pasiones del poder en Spinoza y Freud. Bs.As. 2da. Ed. Topia Editorial).

La democracia se constituye como significante amo o significante extenso en su doble rol de tótem y tabú, inaugurando un estadio que rompe el espejo de la mismidad, para dar curso, cómo síntoma de lo carente, al individuo escindido, mutilado, para convetirse en sujeto representado en la faz pública o política.

Por más que se tengan en las diferentes aldeas, en donde pulula como fantasma “lo democrático” y a cada rato y en todo momento, estudios estadísticos que hablan a las claras de la rutilante pérdida de credibilidad de los múltiples hacia el tótem, lo cierto es que funge como penalidad el horror sagrado de lo tabú. En síntesis, se habla, de lo mejor que podría ser lo democrático, pero nunca descartándolo o suprimiéndolo. Ni a nivel teórico o práctico. Plantearse el imposible de sustituir lo democrático, sería matar al otro, liberar la pulsión de muerte, en que nos invaginamos como sujetos, absolutizados en una sóla forma o manera de organizarnos.

Surgen, claramente, intentos, simulados para pretender una suerte de liberación o emancipación. En términos políticos, de derecha a izquierda, la democracia, sólo es entendida y explicada, desde conceptos primos o relacionados, cómo sistema, poder, capitalismo, producción, y demás epítetos que permiten lo único permitido por el tótem, la crítica solapada o parcial a lo democrático.

“El orden simbólico que nos organiza, como conciencia moral, tuvo su origen en la forma humana sensible del otro que, por identificación redoblada, nos hizo ser. Éramos todo y parte al mismo tiempo: lo bueno estaba adentro, lo malo afuera. Pero en realidad, en la forma del otro estaba también organizándonos, desde adentro de nosotros mismos, la forma obligada de toda satisfacción. Quedamos aferrados al otro sensible cuyo orden, sordamente, nos regula con su modelo de ser que delimita, dentro de nosotros mismos, el contorno de nuestra propia carne. El debate, adultos ya, se continúa en este campo interior donde la semejanza germinal con el otro que nos habilitó a la vida, se abre como diferencia meramente subjetiva en la conciencia del yo. De este modo, la relación adulta individuo mundo exterior se transforma, regresión mediante, en una relación individuo- individuo”.( Rozitchner, León .1998. Freud y los límites del Individualismo Burgués. Méjico Siglo veintiuno editores. Pág. 208).

La transgresión al tabú, en la mayoría de las veces se pagó mediante la muerte. Evitar el cumplimiento irrestricto de la máxima que la última ratio es la violencia, principio performativo tan poco democrático, tendría que corresponderse con desacralizar lo totémico en que hemos constituido a lo democrático.

La única manera, forma, que no implica la ruptura de lo humano cómo sinónimo de quién evita la violencia o la agresión concreta, tiene que ver con el mundo de los conceptos, de la palabra.

Paradojalmente, cuando la democracia deje de ser totémica, podría significar, lisa y llanamente, pensamiento con emociones, comunicación con prioridades, conversaciones o diálogos.