Publicado Febrero 23, 2021
La relación neoliberal ¿Hacia dónde vamos?

Durante los años 60’ y 70’ del siglo XX, las ciencias sociales entran en crisis, desarrollando una crítica hacia el paradigma imperante que releva el sujeto individual, tan valorado y reforzado por el actual paradigma neoliberal, apoyado en antecedentes filosóficos de la modernidad y la Ilustración. La crítica propone una comprensión basada en la construcción social de la realidad, en base a verdades locales y contextuales. Del mismo modo, aparece con fuerza la psicología crítica radical, que coloca sus planteamientos en una base marxista de la sociedad, entendiendo a la psicología y las ciencias sociales en general, como de carácter burguesa, que oprime a los sujetos, y que invisibiliza las estructuras políticas-económicas como base del sufrimiento de éstos, impidiendo del mismo modo, la liberación y/o emancipación.

Apreciamos en la actualidad y sobre todo en esta crisis sociosanitaria COVID-19, la necesidad de volver hacia estos planteamientos que son tan necesarios en nuestra mirada y posicionamiento como sujetos humanos situados, tanto como profesionales de las ciencias sociales, como de otras ramas, y/o fundamentalmente como ciudadanos y ciudadanas. Necesitamos de otro tipo de relación, una relación comunitaria, con el resurgimiento del “otro/a” no como competencia si no como un igual. La sociedad, sobre todo la chilena, se ve envuelta y construida como una sociedad individualista y competitiva, circulando en el ámbito político-social y económico atravesando extendidamente hacia lo cotidiano. Esto es apreciado en la política adoptada desde la dictadura militar que ha propuesto una sociedad competitiva y mercantil, con la destrucción de la comunidad a cambio de objetivos y satisfacción personal demostrado fielmente con la frase: “ráscate con tus propias uñas”. El sistema educacional, el sistema jubilatorio, el acceso al sistema de salud, y ahora la crisis del agua, han sido ejemplos notables.

En el presente, apreciamos en específico, respecto a la crisis sociosanitaria COVID-19, cómo hemos aprendido que el “otro/a” no existe. Un gobierno que resguarda la economía por sobre la vida de los chilenos y chilenas, autoridades, en específico el presidente de la república, que no cumple con las medidas mínimas sanitarias como es llevar puesta la mascarilla frente a una adulto mayor (entre otras faltas sanitarias cometidas), el forzoso intento del gobierno por el regreso a clases escolares a toda costa, añadiendo a esto, un par de comentarios nefastos hacia profesoras y profesores de nuestro país, demuestran un sistema de creencias, que no consideran al otro como un otro. Esto devela fiel y consecuentemente, cómo un modelo político-económico trae consigo una red de acciones, relaciones y construcciones de sujetos. Ahora tenemos que pensar el cómo nos desasimos, cómo nos construimos de modo distinto. Reflexionar y accionar en conseguir una democracia real, que surja desde los y las ciudadanas situadas vitalmente, prácticas escolares basadas en el sentido colaborativo y comunitario, relaciones colaborativas desde la comunidad y los territorios, en fin, diálogos que permitan la participación democrática real de las personas, en términos del bien común y no del interés privado.

Desde la actualidad política chilena, muy bien proponen desde mi punto de vista, los constitucionalistas más progresistas, la necesidad de una nueva relación, es decir, transitar, pero sin dejar de ser relevante la construcción de una nueva constitución en términos jurídicos y normativos, hacia una nueva manera de relacionarnos, de escucharnos, de tomar decisiones, esto es, una nueva forma de poder. Un poder que supere el partidismo y el representativismo, que tome por fin en consideración, y permitan la voz en las decisiones a las minorías y a las minorías de las minorías, entendiendo como minoría aquellos grupos subordinados gravemente por grupos dominantes, y no necesariamente definido como grupos que posean menor número dentro de una sociedad.

¿Cómo es entonces que logramos orientarnos hacia una nueva sociedad que nos miremos como iguales, con las mismas capacidades de aportar, y que aspiremos al bien común? La cultura neoliberal esta incrustada en nuestro país, en nosotros como seres humanos, en donde la capacidad individual y el auto interés se sobrepone en todos los ámbitos donde nos relacionamos, es decir en toda la realidad. Mucho valor se le ha dado al individuo, a la subjetividad, a lo personal, a la interioridad, que innegablemente existe, pero debemos tomar en cuenta que nuestra subjetividad está creada, aunque yo piense desde “Mi interior”, ese “Mi interior” está inserto en una comunidad de relaciones sociales, históricas y políticas que me han construido. No puedo escapar a eso. Por tanto, la colaboración y el sentido comunitario se deben relevar fuertemente, desde las escuelas y sus comunidades, desde el hacer política, desde cualquier grupo social, para que nos encaminemos a una nueva sociedad, con un nuevo sentido, superando el actual sistema social y político, que simplemente, no dio el ancho. Vemos las escalofriantes escenas de violencia económica, física, simbólica, de las cuales somos parte diariamente, directa o indirectamente, y las tomamos como naturales. Debemos comprender que eso está hecho, construido y negociado por personas, tal como nosotros, y por lo mismo, somos nosotras y nosotros mismos los que algo debemos hacer. Invito a las personas, sobre todo a colegas de la psicología, que nos saquemos los lentes del experto/a por el cual miramos y accionamos, que ampliemos la mirada, veamos al otro y a la otra, que dialoguemos, que transitemos de lo individual a lo relacional.

Al poder, de donde venga, le conviene centrarnos en el yo individual, para invisibilizar historias, relaciones, saberes, contextos, pero también hay que ser hábiles críticamente, comprendiendo que esos contextos son dependientes, que están sujetos fuertemente a lo que hagamos nosotros/as, con nosotros/as y con los otros/as. Siempre existirá una fuerza subyugada que empuje.