La revolución estéril y el fin del mundo

Hemos visto una verdadera revolución en nuestro país, con todas las características que la definen. Millones de ciudadanos en las calles, largos días de ininterrumpidas manifestaciones, incendios de bienes públicos y privados, rabia incontenible arrastrada a lo menos por 46 años, saqueos, marchas gigantescas, ataques a recintos policiales y militares, sin más armamento que la voluntad y la violencia primitiva.

Como contraparte, violencia policiaca y militar en contra del pueblo, indiscriminada y sistemática, lesiones oculares a la población causando ceguera, muertes de ciudadanos producto de la represión gubernamental, detenciones arbitrarias, violaciones y abusos sexuales por agentes del estado. Ciudades en llamas, carreteras intransitables, balaceras nocturnas como amedrentamiento a la población por parte de las entidades represoras, campañas de siembra de temor y terror como norma estatal, inexistencia de libertad de prensa, ni de estado de derecho, ni de expresión, ni respeto a los DDHH. En definitiva, un caos social y una imposibilidad de controlar la situación, ingobernabilidad en los hechos e incertidumbre absoluta.

Una revolución ante nuestros ojos. Solo muy pocos seres humanos participan de una revolución. Nosotros en Chile hemos sido partícipes de una revolución.

Una revolución estéril.

Revueltas y revoluciones

Sabemos que las revoluciones se distinguen de las revueltas en que que estas últimas alteran profundamente el orden establecido, sobre todo si provocan reformas sustantivas y las primeras cambian basalmente las estructuras que ordenan la sociedad transformándola por completo.

Los ejemplos de revoluciones mas contemporáneas los podemos reconocer en la revolución cubana en 1959 y en la revolución islámica de 1979 en Irán. Ambos países son irreconocibles antes y después de las drásticas alteraciones estructurales a su sociedad.
Y se pueden distinguir de las revueltas reformistas de Filipinas que sacó del poder a Ferdinando Marcos en 1986 y terminó con una dictadura de mas de dos décadas dando paso a un sistema clásico de la llamada democracia occidental, pero que no alteró estructuras de dominación y poder que se mantienen sin alteraciones sustanciales.

Lo mismo se observa en la significativa lucha de los afro-descendientes en Norteamérica en los años 60’s del siglo pasado, con importantes avances en los derechos civiles obtenidos y que terminan con la discriminación racial “definitivamente” en EEUU y en los mismos años se dan grandes revueltas a continuación, centradas en la oposición a la guerra de Vietnam y que si bien sensibilizan a la sociedad, no la alteran en lo mas mínimo.
Parecida es la realidad del llamado mayo francés de 1968, donde por semanas Francia se ve sacudida por masivas demostraciones de descontento gatilladas por los estudiantes universitarios que inician una revuelta a la que se suman obreros y que logra cambios favorables a la causa popular, pero que no alteran las bases sociales, económicas y políticas en lo absoluto.

Las revoluciones

Las 2 grandes revoluciones de la historia reciente son la francesa y la rusa. En ambas hay inspiración, conducción y propuesta.

En la revolución francesa, personajes como Rousseau, Voltaire, Montesquieu y Diderot inspiran los anhelos de transformación de la sociedad con un ideario concreto y realizable, es decir, una inspiración recogida por el pueblo. La consigna era “ciudadanos, a las armas, nos esperan días de gloria” que se ve inmortalizada en la Marsellesa. Hubo líderes reconocidos y notables como Danton, Marat, Robespierre y otros, que remarcan una conducción del proceso. Y una propuesta sólida y hecha suya por el pueblo, inspirada en la libertad, igualdad, fraternidad y traducida a la separación de poderes en ejecutivo, legislativo y judicial en otras palabras, la republica moderna.

La gran revolución burguesa. Con avances y retrocesos, prácticamente todo el siglo XIX se ve influenciado y alterado por lo sucedido en Francia a fines del siglo anterior y como consecuencia, vemos la llegada del siglo XX con una nación francesa irreconocible con su historia recién pasada y el resto del mundo con una realidad similar. Nunca más reyes, ni duques, ni condes, nada de eso. Se termina una forma de vida, dando paso a otra. Con burgueses y proletarios, con presidentes, primeros ministros, con parlamentarios, con sindicalistas, con empresarios, esto es, una nueva forma de vida.

La revolución rusa, llamada también de octubre, tiene inspiración en Karl Marx y Friedrich Engels. Su consigna era “campesinos, soldados y obreros, todo el poder para los soviets”. La conducían lideres encabezados por Lenin y secundado por Trotski, Stalin, Kamenev, Zinoviev y otros. Su propuesta también cambio a Rusia, al punto de hacer nacer un nuevo Estado llamado Unión Soviética, que por uno u otro camino, influyó en todo el planeta.

Se reemplazan instituciones zarista por soviets (comités ), la propiedad privada es sometida a la propiedad colectiva, se planifica la economía y se estatiza la banca, se colectiviza la propiedad agrícola, el control político pertenece al partido comunista y se considera como meta llegar a un concepto de paz social generalizada con la dictadura proletaria que pretende la desaparición de clases sociales antagónicas, supliéndola por una armonía sin clases en pugna.

La relevancia de esta revolución en la tierra es innegable y cursó todo el siglo. De un impulso que la llevó a derrotar al nazismo en la II GM, a iniciar la conquista del espacio y a ser junto a EEUU los países mas poderosos del orbe, pasa a una decadencia que a fines de siglo, producto de su separación de la influencia del pueblo en su funcionamiento interno y a una oscura burocracia, llega a desaparecer por completo.

Esas fueron revoluciones. Y tienen un sitio en la historia marcado con letras mayúsculas.

Chile, octubre 2019

Lo sucedido a partir de 18 octubre 2019, fue una revolución en los hechos, pero no tuvo inspiración, ni conducción, ni propuesta.

Aparecieron por generación espontánea, incubada en 46 años de frustración, dos consignas automáticamente naturales. Fuera Piñera y nueva constitución. Que reflejan, primero, el deseo de terminar con un gobierno heredero de la dictadura cívico-militar de asesinatos, torturas y corrupción desde 1973 a 1990 y segundo, el deseo de reemplazar la institucionalidad dictatorial mantenida y perfeccionada por los gobiernos concertacionistas, por un nuevo orden jurídico, económico y social de raíz de verdad democrática.

Y como se dijo al inicio de este escrito, la sociedad chilena se sacude y se envuelve en una revolución general incontenible. La violencia es destacada por los defensores de la inmovilidad y la continuación del statu quo, favorecida por unos medios de comunicación social actuando en perfecta coordinación, como un coro uniforme y hasta con coreografía incluida, destinada a adormecer y mentirle al pueblo, con el fin de frenar todo cambio verdadero, dejando al descubierto que en Chile no hay libertad de prensa. Televisión, radios y diarios al unísono.

Junto a esto, se suma la represión policial y militar, la infiltración del movimiento popular, el incentivo a la destrucción de bienes públicos por agentes encubiertos del neofascismo, la premeditada incorporación del lumpen, narcotraficantes y vandalización delincuencial, con el firme propósito de criminalizar la protesta social legítima y confrontar al pueblo consigo mismo.

Pero la mayor demostración de violencia contra la ciudadanía toda, no es esta maniobra vil y desesperada, la mayor violencia contra el pueblo se concreta con el llamado “Acuerdo por la paz y nueva constitución”, diseñada por los mas despreciados y detestados por los ciudadanos del país; la llamada clase política, por el parlamento manipulador y oportunista.

Si existen en esa institución parlamentaria honrosas excepciones, la abrumadora mayoría de sus integrantes se embarca en una irresponsable maniobra de frenar los anhelos de los compatriotas que se manifiestan por millones, anteponiendo sus mezquinos intereses y privilegios a perpetuar. Un gatopardismo torpe e insulso, a dos años plazo. Dos años de plazo para seguir enquistados al poder.

Argumentan los continuistas, que detrás de la movilización de casi todo el país, hay una confabulación extranjera. Y aventuran a mencionar a Rusia, China, Venezuela y Cuba. Hay que ser muy limitado para no saber que los dos primeros países son ajenos a toda intervención fuera de sus fronteras.

Rusia es un país capitalista, muy nacionalista y con elevados índices de corrupción instituida, que interviene en áreas de influencia que favorezcan a sus maniobras económicas y punto, nada de eso se observa en Chile.

China es una nación con una economía que ellos definen como un socialismo de mercado y para eso dejan de ejercer influencia política y militar en ningún lugar de mundo y solo se interesan en ventajas económicas para su país en cualquier latitud.

Cuba y Venezuela, por sus economías en crisis, no están en condiciones de intervenir en ningún lado.

Sin embargo, quienes sostienen majaderamente la “intervención extranjera” son los únicos en la historia del país que han actuado del lado de intereses de otra nación en contra de su propia tierra. Ver los archivos desclasificados por EEUU en que se comprueba esta conocida afirmación.

Hay numerosos nombres y apellidos en épocas pasadas y recientes. Recorremos los años y nos topamos con González Videla como agente de una potencia que lo sostiene en la presidencia a fines de los 1940’s y comienzos de los 1950’s. Para seguir entre penosos ejemplos, encontramos el nombre de Agustín Edwards en los años 1970’s y su influencia en el golpe de 1973.

Para no cansarnos entre tantos ejemplos deplorables, nos hallamos en los 1980’s específicamente en 1984 en que en la contraportada de la revista Newsweek aparece Ricardo Lagos en un artículo que lo retrata con claridad: en esos años se frena la ofensiva popular que tenia en las cuerdas al tirano y mediante el llamado acuerdo nacional, conglomerado político con la Iglesia adelante (no la de Silva Henríquez, la de Karol Wojtyla el papa polaco derechista ), se mantiene la dictadura.

Antes de los 1990’s se recuerda la famosa intervención en TV del llamado “dedo de Lagos”, acto premeditado y efectista para confundir a la izquierda de esa época y que desemboca en –según los acuerdos con EEUU– la creación de la Concertación y la democracia protegida de Jaime Guzmán, que mantiene intacto el corazón de la dictadura quitándole solo, según se dice, los detenidos desaparecidos.

La elección como administrador del régimen 2000 a 2006 lo lleva a ser adorado por las elites del poder económico y maquilla la constitución dictatorial, pero… aparece ahora de nuevo, patéticamente añoso, como salvador de la institucionalidad regresiva que el pueblo está rechazando de plano. No es la oposición popular la que está al servicio de otros países , son los defensores del modelo quienes tienen un historial de vínculos con el poder global. Eso es violencia y aumenta la rabia del pueblo.

Viene el verano, los planes del oficialismo se centran en cómo detener el plebiscito de abril y no cejaran esfuerzos y triquiñuelas para impedir la consulta ciudadana.

Veremos que pasa…

El fin del mundo

La pandemia: aparece el Covid-19 y salva al debilitado y a punto de colapsar gobierno de Piñera y su administración neofascista.

¿Lo salvará realmente? Algunos especulan que puede que no sea así y que ni siquiera un nuevo gatopardismo local, extensivo a lo global, los salve del caos.

Se vislumbra un fantasma horripilante para las elites. El fin del mundo, su mundo. Puede suceder que al doblar la esquina de esta época con pandemia incluida, lo que era concreto y palpable, se diluya, se volatilice en un orden político, económico y social muy diferente a lo soñado por los poderosos.

Puede ser… o no.

Lo que sin duda no podrá evitarse, en el camino del género humano con su paso inexorable a metas mejores para sí, es la construcción de una nueva realidad. Un mundo que sin duda será mejor que el anterior vivido. Es la vida simplemente.

Quizá no lo que el pueblo anhela de inmediato, pero de seguro es el fin del mundo para los que Lenin llamaba ricachones. Ese mundo neoliberal esta muriendo ante nuestros ojos. Como decía un rayado en una de las paredes de nuestras ciudades:

“Acá en Chile nació y murió el neoliberalismo”

Es el fin (pongan la música de los Doors para que les de más miedo).