Lo a-político como política se ha derrumbado

Sobre las ideas de Jaime Guzmán –vigentes en nuestra vida institucional- sobre la apoliticidad como mascarada de un poder que oculta su ideología, hemos de establecer su develamiento.

El filósofo chileno Gonzalo Jara, mete un dedo molesto en el hoyo negro de la derecha histórica chilena al establecer: "Jaime Guzmán y la derecha conservadora contrarrevolucionaria concordaban con una supuesta visión a-política del mundo. Por lo tanto, cualquier gremio que se introdujera en política era tildado inmediatamente de no seguir su naturaleza y estar sometido al materialismo. El apoliticismo se convierte en una herramienta de lucha efectiva en contra de las ideas revolucionarias. Este instrumento lo comienzan a utilizar técnicamente en el periodo de la campaña de Alessandri Palma. Esta construcción antipolítica coincidía perfectamente con las características de su pensamiento individualista, ya que el apoliticismo asegura frente a cualquier temática en debate una superioridad moral e individual de características naturales. Ser apolítico es estar sobre las ideologías y, por lo tanto, fuera de ellas mismas, de sus defectos mundanos, sus influencias y el dominio de un grupo “demagógico”. Guzmán enfocaba este apoliticismo a toda clase de instituciones; Estado, Ministerios, la iglesia y Universidades, ya que si ellas se politizaran la libertad individual se vería destruida por las políticas que se hayan instalado dentro de las mismas".

Siguiendo a Althusser podemos recordar que "No existe ideología más fuerte que la enunciación de no tener ideología", es decir, "la ideología es inconsciente" podría sostener Slavoj Žižek. La neutralidad es un mito conservador, una ilusión con efectos reaccionarios.

Operaría como el “realismo capitalista” de Mark Fisher que sostendrá que aunque el neoliberalismo está deslegitimado y cuestionado, no obstante, se sostiene en la praxis del Estado y el Mercado como la única alternativa realista y seria (ergo, neutral) para administrar la economía. No es extraño escuchar en Chile a políticos liberales decir cuestiones en el orden de “Muy lindo todos los sueños de la gente, pero seamos realistas, el capitalismo es lo único que funciona”.

Siguiendo a Foucault diremos que lo neutral, natural, racional, funcional,  son establecidos precisamente en relaciones históricas de poder (que al borrar o reprimir su origen histórico advienen en naturales, generando la ilusión ideológica de una temporalidad -desde siempre y para siempre-). Por tanto el poder puede señalar: “eso es ideológico, lo nuestro es como las cosas simplemente son”.

Sobre el neoliberalismo como individualismo a-ideológico:

Podemos sostener entonces que el neoliberalismo es un triunfo del individualismo supuestamente a-ideológico. El consumo, competencia, éxito personal, imagen del yo, etc. vehiculizan goces narcisistas que encarnan la promesa de la auto-realización, cual goce máximo de la felicidad bajo la forma de la Happycracia (ver cualquier spot de marketing para verificarlo). Sabemos que en esta fenomenología sociológica de la alienación hay una episteme y una ontología del "sí mismo" que funda la subjetividad como maquinaria capitalista. Por ello los psicólogos y coach´s adaptacionistas son literalmente operarios serviles al modelo imperante. Hoy no compras un auto, inviertes en auto-estima... Hoy no ejerces ciudadanía, eres un emprendedor que gestiona su éxito/fracaso. Presenciamos una época en que adviene la tragedia de confundir libertad con individualidad auto-engendrada. La dimensión de conflicto (psíquico y político) como condición de posibilidad de una toma de posición de sujeto, ha sido sustituida por la rápida búsqueda de alivio como neurofisiología de la des-subjetivación.

Las nociones de tradición filosófica-psicoanalítica de Sujeto del inconsciente, Nosotrxs, grupalidad, multitud, transicionalidad, ensoñación colectiva, imaginarios radicales instituyentes, entre otras, sumadas a la vastedad de experiencias indígenas latinoamericanas son una posición diferente para pensar los problemas y articular caminos alternativos: un reservorio de prácticas comunes plenas de afecto y una generativa imaginación subversiva (Newen y Peyñantun) .

Sobre las instituciones y los dispositivos de poder:

Cuando un ciudadano dice: “No me interesa la política, todos son iguales, además, tendré que salir a trabajar igual el día lunes”. Cuando los políticos dicen: "yo no soy político, a mí me interesan los problemas reales de la gente": estamos en presencia del discurso ideológico triunfante -Hegemónico diría Gramsci y Laclau-. Se me viene a la mente un Joaquín Lavín y su sonrisa. No entraremos en la “banalidad del mal” de Hanna Arendt o en la “analidad del mal” como dice mi colega Roque Farrán (el goce de cagarse a otros con las reglas del mercado).

Son precisamente las prácticas sociales, las que en su acontecer revelan el carácter simbólico-ideológico del lazo social, por ello es que a diferencia de la concepción clásica: “las ideologías no se leen en forma directa (cual manifiesto o declaración de principios), sino que se interpretan a posteriori dada toda formación significante (lugar donde los actos y las prácticas cuentan). Por ejemplo, celebrar la apertura de un “mall” en el auge de la pandemia COVID-19.

La complejidad de las tramas de poder y de las ideologías se constata en frases como las desplegadas por la filósofa y teórica de género Judith Butler: "Como forma de poder, el sometimiento es paradójico. Una de las formas familiares y agónicas en que se manifiesta el poder consiste en ser dominado/a por un poder externo a uno/a. Descubrir, sin embargo, que lo que uno/a es, que la propia formación como sujeto, depende de algún modo de ese poder, es algo muy distinto". En otras palabras, como dirá Žižek “La función de la ideología no consiste en ofrecernos un punto de fuga de nuestra realidad, sino [en] ofrecernos la realidad social misma”.

Por ello la destitución ideológica pasa por un derrumbe no simplemente “de los políticos instituidos en el poder”, sino de nuestras prácticas colectivas del vivir cotidiano, en las que está en juego la microfísica del poder.

Sobre la escena constitucional:

Sobre las ideas de Jaime Guzmán –vigentes en nuestra vida institucional- sobre la apoliticidad como mascarada de un poder que oculta su ideología, hemos de establecer su develamiento. Las instituciones: Estado, Constitución, Universidades, Familia, etc. al estar estructuradas ideológicamente y atravesadas por campos de lucha (más o menos visibles según su grado de sedimentación o naturalización) dan pie a preguntarnos:

No si son o no son políticas (espero haber aclarado el punto), sino, ¿Qué tipo de praxis y orientación política deseamos que las bañen? o a la inversa ¿En qué instituciones deseamos ser bañados de lenguaje, ideología y praxis social? Las preguntas y respuestas son del pueblo... el escenario del plebiscito y debate constitucional conquistado por la revuelta popular chilena, una notable contingencia que viene a interpelarnos...