Publicado Julio 09, 2021
Manifiesto por la despatologización y desmedicalización de las infancias y adolescencias
Cuerpo
Malestar que no es equivalente a una patología psiquiátrica, porque el sufrimiento es parte de la condición humana,y que tampoco se reduce a un hecho individual, aislado de la sociedad, sino que está vinculado, especialmente a nuestro país, a la falta de garantización de derechos sociales (educación, salud, vivienda, pensiones) por parte del Estado, ámbitos  indispensables para el convivir comunitario.

FORUM INFANCIAS CHILE es un grupo de trabajadores/as de la salud mental cuya función principal es problematizar los fenómenos de la patologización y medicalización de las infancias y adolescencias, fomentando de esta manera una mirada que considere la singularidad de los niños, niñas y adolescentes, situados/as en un contexto social, histórico, político, económico y cultural determinado. 

Originalmente, el Forum Infancias es un movimiento interdisciplinar gestado el 2007 en Buenos Aires, Argentina, conformado por profesionales preocupados por el auge de la patologización y medicalización de las infancias y adolescencias. Este movimiento se ha expandido no solo en Argentina, sino que también tiene funcionamiento en España y Brasil. 

En Chile, en el contexto del estallido social del 18 de Octubre de 2019, habiendo surgido un impulso general de la ciudadanía de cuestionar del orden neoliberal impuesto hace 40 años por la dictadura cívico-militar, nos planteamos el desafío de disputar los discursos hegemónicos de la psicología, la psiquiatría y las neurociencias, los que de la mano de una concepción neoliberal del sujeto, reproducen un paradigma psicologizante, individualizador, y muchas veces, reduccionista de los malestares psíquicos. Estas ideas fomentan intervenciones normativizantes y adaptativas, las que, en su mayoría, responden a una lógica economicista del rendimiento, exitismo y competitividad. Esta visión se ha hecho hegemónica como la única forma viable, posible y correcta de trabajo, instalando un pensamiento monista respecto a cómo abordar la subjetividad humana.

En esa línea, hoy vemos con extrema preocupación el auge, desde hace bastante tiempo, de la patologización y medicalización de la vida en general, y particularmente del sufrimiento psíquico de niños, niñas y adolescentes en nuestro país. No es que la niñez y adolescencia no suponga dificultades: lo que ocurre es que son abordadas, casi automáticamente y sin mayor cuestionamiento, desde un paradigma biomédico que abandona la complejidad real de esas dificultades, así como la pregunta por la vivencia y el sufrimiento singular de quienes las padecen.

Consideramos, además, que la sobreabundancia de diagnósticos psiquiátricos en la infancia y la enorme cantidad de niños, niñas y adolescentes medicados termina siendo contraproducente en términos éticos y clínicos, y un grave problema de salud pública.

En este sentido la patologización es considerar demasiado rápido y con mucha facilidad, problemas cotidianos de la niñez y adolescencia como un trastorno psiquiátrico individual, al margen del contexto en el cual el sujeto se desenvuelve. Así, hoy es común encontrarse con “trastornos”, “déficit” y “espectros” que se utilizan ante situaciones incómodas para los adultos y las adultas (madres, padres, profesores, profesoras, profesionales de la salud) y que no se preguntan por el sufrimiento específico de los niños y niñas que atraviesan alguna dificultad. Esta operación encasilla a las entidades psiquiátricas como un problema permanente en el o la niña, atribuyéndole causas netamente biológicas, esencializando algo que, muchas veces, de ser escuchado y acompañado, es transitorio. A su vez, impide que adultos y adultas nos preguntemos qué tenemos que ver con el sufrimiento de ese niño o niña, y qué podemos hacer para generar los cambios necesarios.

 Como el abordaje psiquiátrico clásico del padecimiento psíquico sólo describe, sin profundizar en todos los determinantes que influyen en este tipo de malestar: la familia, el barrio, el sistema educativo, además del contexto social, político y económico actual, hacen que funcionen más como etiquetas que como sistemas comprensivos o explicativos. Ellas tienden a determinar el futuro de quien las recibe, obligándole a consolidar su identidad en una supuesta patología, presionando a muchos niños, niñas y adolescentes, y a los adultos que le rodean, a actuar a partir de la supuesta enfermedad de origen biológico e individual, cerrando preguntas, alternativas y otros caminos para que ese niño o niña continúe su libre desarrollo de manera espontánea.

Por su parte, la medicalización es lo que le sigue a la patologización. Opera como si la única y principalmente causa de los síntomas físicos y/o comportamentales de la niña, niño o adolescente que atraviesa dificultades, fuese biológica, orgánica, desestimando otros factores igual de relevantes. Desde ahí, promueve la medicación como abordaje principal, necesario para otro tipo de intervenciones y, muchas veces, único. Sin embargo, los fármacos psiquiátricos, utilizados como primer y único recurso, han demostrado ser riesgosos para el desarrollo físico, emocional y psíquico de los niños, niñas y adolescentes quienes, a diferencia de los adultos y adultas, no poseen las facultades suficientes para decidir libremente correr esos riesgos.

Para nosotros y nosotras la medicación no debería ser el primer recurso para enfrentar las dificultades de la infancia, ni mucho menos el único. La medicación debe ser evitada lo más posible y considerar luego de que otras intervenciones o abordajes no den los resultados esperados, como un último recurso a ser utilizado sólo momentáneamente, jamás de forma permanente, crónica o de por vida.

FORUM INFANCIAS CHILE sostiene que es fundamental pensar las dificultades de la infancia y adolescencia como una expresión de malestares con múltiples causas, siendo esencial darle sentido a los síntomas infantiles a partir de una escucha respetuosa de la vivencia misma de quien los padece, de la historia personal y los vínculos inmediatos en los cuales estos aparecen. Que los niños, niñas y adolescentes deben ser antes que todo escuchados desde su sufrimiento particular y que, en tanto sujetos en crecimiento, transformación y desarrollo permanente, no pueden quedar fijados a ninguna etiqueta de por vida ni, mucho menos, a tratamientos farmacológicos.

Les invitamos acercarse y adherir a los siguientes puntos, contribuyendo a nuestra lucha por infancias y adolescencias verdaderamente libres de etiquetas:

1.     Todos y todas somos sujetos que constituimos nuestra subjetividad en procesos históricos y culturales. La subjetividad no está determinada primaria y únicamente desde la biología.

2.      Los niños, niñas y adolescentes son sujetos en crecimiento, desarrollo y cambio permanente: su psiquismo está en pleno proceso de estructuración, no viene determinado de antemano. El etiquetamiento temprano supone una representación fija e invalida a dichos sujetos: en la infancia los diagnósticos se escriben con lápiz grafito.

3.    Reducir un niño, niña o adolescente a un diagnóstico atenta contra Derechos Humanos fundamentales.

4.      No todos y todas tienen el mismo ritmo en la adquisición de habilidades, por lo que se debe respetar los ritmos y tiempos en el proceso de desarrollo de cada niño, niña y adolescente. Las diferencias respecto de un supuesto patrón de normalidad impuesto no son enfermedades.

5.     Todos los niños, niñas y adolescentes, sea cual sea su dificultad, tienen que ser escuchados en su singularidad y por los medios en los que puedan expresar su sufrimiento.

6.     Todo niño, niña y adolescente, sin restricción ni necesidad de algún tipo de certificado o diagnóstico, debe tener garantizado el acceso a atención Profesional integral (médica, psicológica, fonoaudiológica, psicopedagógica, etc.) de calidad.

7.     Ante problemáticas complejas: intervenciones complejas. La medicación no debe ser el primer recurso, ni mucho menos el único, ni debe ser requisito para otras intervenciones. Para estas problemáticas debe prevalecer el abordaje multidisciplinario, reduciendo el tratamiento farmacológico a una última alternativa, sólo por un periodo acotado y claramente delimitado de tiempo.

8.    El sistema educativo está compuesto por instancias de socialización esenciales y, por lo mismo, lugares donde muchos de los malestares infantiles afloran más claramente. Esto les supone un lugar protagónico en tanto comunidades de protección, promotoras de la diversidad, donde los y las niñas y adolescentes puedan potenciar al máximo sus habilidades, modos diversos de aprendizaje y cualidades individuales, evitando en todo momento reproducir las lógicas patologizantes y medicalizantes que hemos descrito.

9.  Las madres, padres, familias, cuidadores y cuidadoras deben ser escuchadas y acompañadas en su contexto inmediato, sin ser prejuzgadas, ni mucho menos perseguidas, por su condición cultural, social y económica. Los saberes profesionales no deben promover, mediante conceptos técnicos supuestamente neutros, como las denominadas “competencias parentales”, esos prejuicios y persecuciones. Más bien, los profesionales deben tener en cuenta en sus comprensiones e intervenciones la historia subjetiva, así como el contexto de cada padre, madre o cuidador. 

11.  El Estado debe cambiar su lógica subsidiaria y de gestión en el área de la protección social de las infancias y adolescencias en contextos de vulnerabilidad social, y llevar a cabo políticas públicas desde un enfoque realmente de derechos humanos. Es decir, de carácter universal y no focalizado.

Aclaramos que no tenemos como objetivo cambiar una verdad por otra, sino abrir preguntas, plantear otros discursos y perspectivas de cómo pensar el malestar en la cultura.  Malestar que no es equivalente a una patología psiquiátrica, porque el sufrimiento es parte de la condición humana,y que tampoco se reduce a un hecho individual, aislado de la sociedad, sino que está vinculado, especialmente a nuestro país, a la falta de garantización de derechos sociales (educación, salud, vivienda, pensiones) por parte del Estado, ámbitos  indispensables para el convivir comunitario. Y en esto, la vida de los niños, niñas y adolescentes no son ajenas a los conflictos sociopolíticos de la sociedad, posicionándose muchas veces desde un rol protagónico y participativo en las demandas por una sociedad más justa, igualitaria y digna. 

Desde Forum Infancias Chile apuntamos a conformar un movimiento interdisciplinario de trabajadores y trabajadoras que adhieran a estos principios, asumiendo un compromiso ético-político con las infancias y adolescencias, en la lucha por la despatologización y desmedicalización de la subjetividad infantil.

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