Publicado Noviembre 25, 2020
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Mélenchon 2022: nueva etapa en la estrategia de la revolución ciudadana
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¿Qué podemos decir sobre la entrada de Jean-Luc Mélenchon en la campaña presidencial? Ha sido muy comentada por su forma, su nueva plataforma, su nuevo aspecto, etc. Pero sería conocer mal a Mélenchon si en ello sólo viéramos comunicación. El hombre se basa desde hace años en lo que teorizó para construir su estrategia electoral. Esta es una nueva etapa en su estrategia de revolución ciudadana.

Jean-Luc Mélenchon entró en campaña presidencial. El 8 de noviembre, se propuso como condición alcanzar 150.000 firmas en la plataforma noussommespour.fr (“estamos a favor”). Este objetivo se alcanzó cuatro días después, el 12 de noviembre. El presidente del grupo parlamentario La France Insoumise expresó él mismo su sorpresa por la rapidez de esta recaudación. Para dar un elemento de comparación: lo que había logrado en 9 meses en 2016, lo logró en 4 días en 2020. Esto no significa que la campaña de recolecta de firmas haya terminado. Continúa, dijo el candidato. También propuso una nueva etapa llamada "la segunda mano" con el objetivo de alcanzar las 300.000 firmas.

Por lo tanto, la secuencia de entrada en la cancha parece ser bastante exitosa. Las dos apariciones televisadas del líder insumiso, en TF1 el domingo 8 de noviembre y luego en BFMTV el 12 de noviembre fueron consideradas como muy buenas. La semana estuvo marcada por dos encuestas que mostraron su impulso en categorías clave para él (jóvenes, obreros, votantes de izquierda) y su preeminencia entre los partidarios de la izquierda. La comunicación en torno al "Estamos a favor" fue apreciada y bienvenida.

Pero las campañas presidenciales de Jean-Luc Mélenchon son más que operaciones de comunicación y buenos planes mediáticos, aunque estos dos aspectos son esenciales en la batalla. El hombre, además de ser un practicante del combate político, es también un teórico. Sus campañas reflejan un análisis teórico de la sociedad y sus dinámicas políticas. Esto fue descrito con mucha precisión por Alexis Galès en su libro "Mélenchon, de la izquierda al pueblo". En él, relata los desarrollos teóricos y sus aplicaciones prácticas en Mélenchon entre 2012 y 2017. Se trata de la transición a una estrategia que a veces se ha llamado "populismo de izquierda" y que es, de hecho, la aplicación de su libro publicado en 2015 “L’ère du peuple” ("La Era del pueblo").

"En campaña permanente"

Para burlarse del anuncio de la candidatura de Jean-Luc Mélenchon, el portavoz del gobierno dijo el 8 de noviembre que estaba en "campaña permanente". Esta acusación es ridícula. Jean-Luc Mélenchon es un activista político desde los 16 años. Ha estado involucrado en una lucha permanente por el avance de ideas, ya sea a través del sindicalismo estudiantil, el apoyo al programa común [programa de unión de la izquierda en 1972], la oposición parlamentaria o la campaña presidencial. Sólo alguien que conciba la política como una lucha de puestos puede imaginar que es insultante que se diga que está en una campaña permanente.

Pero, hay que reconocer que la expresión tiene una parte especial de verdad en el período reciente que vincula la anterior campaña presidencial con la que ahora comienza. A principios de 2016, Jean-Luc Mélenchon hizo un diagnóstico: Francia se prepara para entrar en una revolución ciudadana. Esta expresión describe un nuevo tipo de proceso político, específico de nuestra época. Su actor no es una clase social en particular, sino el pueblo. Si este conjunto es heterogéneo, disperso, fragmentado en su estado inicial, su común denominador es una absoluta dependencia respecto de las redes colectivas para producir y reproducir su existencia material. Estas redes son las del agua, la energía o el transporte, entre las más evidentes. Pero también es salud, educación o vivienda.

La posibilidad revolucionaria se abre cuando las élites ya no pueden proporcionar un acceso adecuado a estas redes para un número creciente de personas. Estos recortes en el acceso a las redes esenciales se producen por el precio, la segregación geográfica, el deterioro de los servicios públicos. Esta degradación es precisamente la que resulta, en Francia y en un gran número de países del mundo, de la crisis del neoliberalismo que se abrió en 2008 y que no se ha cerrado desde entonces. Está explotando ante los ojos de todos con las consecuencias de la destrucción de la red de hospitales en un momento en que la crisis del COVID está en su apogeo. Por lo tanto, este decenio fue también el decenio de muchos movimientos que alteraron el orden político hacia una forma de nuevo tipo: las revoluciones ciudadanas.

Su observación nos permite discernir algunos rasgos típicos. Las organizaciones políticas o sindicales tradicionales están, ya sea, ausentes, o bien, muy ampliamente obsoletas. A menudo, se trata de movilizaciones de partes de la población que no están acostumbradas a los movimientos sociales. Estas personas desarrollan formas fluidas de autoorganización, en particular mediante el uso de las redes sociales. No pretenden pertenecer a un campo político sino a una forma de unidad del pueblo contra una pequeña oligarquía.

Estas formas políticas pueden observarse en Francia, al menos desde el comienzo de la campaña presidencial de Jean-Luc Mélenchon en 2017. Comenzaron a aparecer dentro del movimiento contra la ley El-Khomri en 2016 (reforma del código laboral) entre los jóvenes de clase media de los centros de las ciudades con los movilizados de Nuit Débout ("noche en pie"). También se han visto en el histórico movimiento de trabajadores de la salud organizado por una coordinación interhospitalaria ad hoc o en el movimiento Stylos Rouges ("plumas rojas") de los maestros. En cada caso, las organizaciones tradicionales, si no son rechazadas, son al menos distanciadas o asimiladas por otra forma de autoorganización. Cada vez, la base se amplía para incluir a personas que no están acostumbradas a participar en movimientos sociales. Cada vez, expresa una gran radicalidad frente al poder.

Pero la irrupción más importante de un movimiento de tipo revolución ciudadana en Francia es obviamente la de los chalecos amarillos, desencadenada en noviembre de 2018. Jean-Luc Mélenchon ha explicado ampliamente en su blog cómo esta revuelta popular corresponde a la matriz de lectura propuesta en la "Era del pueblo". En cualquier caso, el análisis que sustentó su entrada en la campaña de 2016 no ha sido contradicho desde entonces. De hecho, desde entonces, la "campaña permanente" de Jean-Luc Mélenchon corresponde a un estado permanente del país. Es como si estuviéramos viviendo una especie de revolución ciudadana en desarrollo. Todas las características políticas están ahí, pero no se expresan en un único y definitivo acontecimiento, mientras que un acontecimiento fortuito no venga a provocar una conflagración general. Es un trasfondo siempre presente, un estado mental general que estalla esporádicamente.

Un fenómeno mundial

La elaboración de la teoría de la revolución ciudadana por parte de Jean-Luc Mélenchon, tanto en su versión inicial en "La era del pueblo" como en las numerosas notas de blog publicadas desde entonces, es el fruto de su observación de los fenómenos políticos revolucionarios en todo el mundo. Este ciclo político con sus características particulares fue visto por primera vez en América Latina en la década de 2000. Luego, realmente explotó hace 10 años. Túnez, Egipto, Burkina Faso, Sudán, Hong Kong, Ecuador... La lista de pueblos que han pasado por este proceso se ha ido ampliando en los últimos años.

El año 2019 ha visto una nueva ola de revoluciones ciudadanas. Después de que se lanzara el movimiento de los chalecos amarillos en Francia a finales de 2018, Chile, Argelia, el Líbano, el Iraq y otros países han experimentado estos movimientos populares de un tipo particular. Este resurgimiento de las revoluciones ciudadanas desmintió la opinión de que 2017 había sido la cola de un cometa y que este tipo de reacción popular a la crisis del neoliberalismo había terminado. Este análisis podría haber justificado el regreso a las viejas estrategias de conquista de poder.

Una vez más, en 2020, el final de este período podría haber sido decretado por algunos. La pandemia de coronavirus podría haber aplastado todo y liquidado las aspiraciones revolucionarias democráticas. Casi al final de este largo año, podemos ver lo contrario. El movimiento ha continuado en muchos lugares. En el Líbano, la revolución está lejos de extinguirse después de otro episodio caliente en medio del verano. En Chile, la demanda de una asamblea constituyente llevó a un referéndum ganado por una mayoría contundente. En Bolivia, la autoorganización popular típica de los pueblos en revolución ciudadana permitió frustrar un golpe de Estado y el retorno al poder del MAS. Por lo tanto, más allá de Francia, todas las señales indican que desde 2017, la corriente de la revolución ciudadana ha seguido trabajando a los pueblos de todo el mundo.

Las diferentes fases

Por lo tanto, es posible comprender la evolución desde el Mélenchon 2016-2017 hasta el Mélenchon 2020 refiriéndose a la descripción del proceso de revolución ciudadana realizado en "La era del pueblo". La teoría explica que la revolución ciudadana comprende diferentes fases a las que corresponden varios estados del pueblo. Después de la fase de instauración, en la que se trata esencialmente de que las personas se den a conocer, viene la fase de destitución. Este es el momento en que el pueblo exige la salida de toda la élite política, económica y mediática. Se expresa perfectamente con el eslogan latino "¡que se vayan todos!" que ha sido completado por los libaneses: "¡todos, significa todos!".

La campaña presidencial de Mélenchon en 2017 ha sido diseñada para acompañar y abrazar este momento esencial en la constitución política del pueblo al delinear la frontera entre "ellos" y "nosotros" y designar lo que ya no queremos. "Dégagisme" [“Que se vayan todos”] es probablemente la palabra que más han retenido los comentaristas políticos de esta campaña. Hay que decir que la palabra, importada a Francia por Mélenchon, demostró ser particularmente aplicable a los acontecimientos. A su vez, el presidente en ejercicio, a quien se le impidió presentarse, su Primer Ministro, que fue derrotado en una elección primaria, el gran favorito en las encuestas, que también perdió una primaria, y un ex presidente condenado a la misma suerte, fueron eliminados de la carrera.

En los actos de Jean-Luc Mélenchon, el público gritaba "¡fuera!". La campaña para inscribirse en las listas electorales del naciente movimiento se llamó "Yo voto, ellos se van". Esto no significa que la campaña de 2017 no fuera propositiva. Es lo contrario. La marca dejada por el programa “El Futuro en Común” mucho después de que la campaña terminara es una prueba de eso. Pero su forma, su tono, sus consignas formaban parte de la poderosa ola de destitución tanto como la acompañaban.

La construcción de las causas comunes del pueblo

Pero hay que decir que el “dégagisme” de 2017 fue todavía confuso. Fue él quien paradójicamente permitió la elección de Macron que se presentó como una "Revolución" cuya palabra fue usada como título en su libro de campaña. Pero, por supuesto, no era más que una renovación del viejo mundo en una forma radicalizada. Desde entonces, la historia no se ha detenido. El pueblo francés, habiendo entrado en una fase de autoconstrucción política, no ha dejado de avanzar. Así es como enfocamos la campaña para las elecciones presidenciales de 2022 en un estado diferente, que es todo menos un regreso al mundo anterior.

Durante la primera cuarentena, Jean-Luc Mélenchon publicó un folleto digital titulado "El Engranaje". Es una lectura del momento político creado por la pandemia de coronavirus con el telón de fondo de la teoría de la era del pueblo. Explica por primera vez la "estrategia de causa común". No dice que la conflictividad sea obsoleta o que ya no haya líneas divisorias en la sociedad: todo lo contrario. Pero, dice algo nuevo: en el momento político en el que estamos, la principal tarea ya no es provocar conflictos por "el ruido y la furia". La construcción popular de un campo contrario ya está ahí. Es el resultado de varios años de crisis neoliberal y de movilizaciones populares.

Afirmar las soluciones a la crisis de manera positiva usando el método de las radicalidades concretas es suficiente para mostrar la división con la oligarquía. Las causas comunes son primeras en relación con la conflictividad, a diferencia de la fase anterior. La incapacidad del poder para captar las evidentes soluciones colectivistas pone de relieve su distancia del consenso popular. En este esquema operacional, la conflictividad resulta de la no aplicación de causas comunes. Esta inversión de la marcha de las conciencias se basa en la observación de los fenómenos de ayuda mutua general como una constante antropológica observada en situaciones de angustia común. La trayectoria de los eventos cambia de forma. No la sustancia. A partir del rechazo de la élite establecida y del “dégagisme”, este consenso ha comenzado a construirse. La propia campaña de 2017 participó en esto con la fase de redacción y luego la difusión del programa “l’Avenir en Commun” (“El Futuro en Común”). El movimiento de los chalecos amarillos ha ampliado la construcción de un programa de revolución ciudadana. Las rotondas eran verdaderas asambleas ciudadanas donde los chalecos amarillos elaboraban una serie de demandas. Muchas de ellas estaban en consonancia con “El Futuro en Común”: referéndum de iniciativa ciudadana, justicia fiscal o el deseo de vincular la bifurcación ecológica y la igualdad de trato para todos.

En otras palabras, ha habido un cambio en las conciencias desde 2017. Si la campaña de 2017 fue la fase de destitución de un proceso de revolución ciudadana, la campaña de 2022 será la fase constituyente. Este es el sentido del Jean-Luc Mélenchon “plus rond” (“más redondo”), como dijo un periodista de BFMTV, del título de su sitio "Nous sommes pour" (“Estamos a favor”) y de su apaciguada carta gráfica. Esto no significa que "destituir" a un cierto número de personas en el poder ya no esté en la agenda. Esta vez, el objetivo para el tribuno es encarnar el resultado positivo de un período de turbulencias para el pueblo francés. No se trata de un dispositivo de comunicación, sino de una nueva etapa en una estrategia seguida desde 2016: la estrategia de la revolución ciudadana.

Article disponible en Français

Mélenchon 2022 : nouvelle étape dans la stratégie de la révolution citoyenne

Que dire de l'entrée en campagne de Jean-Luc Mélenchon ? Elle a été beaucoup commentée pour sa forme, sa nouvelle plateforme, son nouveau look, etc. Mais ce serait mal connaitre Mélenchon que de ne voir que de la com'. L'homme s'appuie depuis des années sur ce qu'il a théorisé pour construire sa stratégie électorale. Il s'agit ici d'une nouvelle étape de sa stratégie de révolution citoyenne.

Jean-Luc Mélenchon est entré en campagne. Le 8 novembre, il s’est fixé comme condition le fait d’atteindre 150 000 signatures sur la plateforme noussommespour.fr. Cet objectif a été atteint quatre jours plus tard, le 12 novembre. Le Président du groupe parlementaire La France Insoumise lui-même s’est déclaré surpris de la vitesse de cette collecte. Pour donner un élément de comparaison : ce qu’il avait atteint en 9 mois en 2016, il le réalise en 4 jours en 2020. Ce qui ne signifie pas que la campagne de récolte des signatures est terminée. Elle se poursuit, a affirmé le candidat. Il a d’ailleurs proposé une nouvelle étape baptisée « deuxième couche » visant les 300 000 signatures. 

La séquence de l’entrée dans l’eau semble donc plutôt réussie. Le leader insoumis a été jugé très bon lors de ses deux performances télévisées, sur TF1 le dimanche 8 novembre puis sur BFMTV le 12 novembre. La semaine a été ponctuée par deux sondages montrant sa dynamique dans les catégories clés pour lui (jeunes, ouvriers, électeurs de gauche) et sa prééminence parmi les sympathisants de gauche. La communication autour de « Nous sommes pour » a été appréciée et saluée. 

Mais les campagnes présidentielles de Jean-Luc Mélenchon sont davantage que opérations de communication et des bon plans médias - même si ces deux aspects sont essentiels dans la bataille. L’homme, en plus d’être un praticien du combat politique en est un théoricien. Ses campagnes reflètent une analyse théorique de la société et de ses dynamiques politiques. Ceci a été décrit très précisément par Alexis Galès dans son livre « Mélenchon, de la gauche au peuple ». Il y raconte les évolutions théoriques et leurs applications pratiques chez Mélenchon entre 2012 et 2017. Il s’agit du passage à une stratégie qui a parfois été appelée « populisme de gauche » et qui est en fait l’application du livre publié en 2015 « l’ère du peuple ». 

 

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« En campagne permanente »

Pour moquer l’annonce de candidature de Jean-Luc Mélenchon, le porte-parole du gouvernement a dit le 8 novembre qu’il était en « campagne permanente ». Cette accusation est risible. Jean-Luc Mélenchon est un militant politique depuis ses 16 ans. Il est en effet engagé dans un combat permanent pour faire progresser des idées que cela soit par le syndicalisme étudiant, en soutenant le programme commun, par l’opposition parlementaire ou en menant une campagne présidentielle. Seul quelqu’un qui conçoit la politique comme une lutte des places peut imaginer qu’il soit insultant d’être dit en campagne permanente

Mais il faut reconnaitre à l’expression une part de vérité particulière dans la période récente qui relie la précédente campagne présidentielle à celle qui débute maintenant. Début 2016, Jean-Luc Mélenchon pose un diagnostic : la France s’apprête à entrer en révolution citoyenne. Cette expression décrit un processus politique de type nouveau, propre à notre époque. Son acteur n’est pas une classe sociale particulière mais le peuple. Si cet ensemble est hétérogène, dispersé, fragmenté dans son état initial, il a comme dénominateur commun une dépendance absolue aux réseaux collectifs pour produire et reproduire son existence matérielle. Ces réseaux sont ceux de l’eau, de l’énergie ou des transports pour les plus évidents. Mais c’est aussi la santé, l’éducation ou le logement. 

La possibilité révolutionnaire s’ouvre lorsque les élites ne parviennent plus à satisfaire un accès correct à ces réseaux pour un nombre croissant de personnes. Ces coupures d’accès aux réseaux essentiels se produisent par le prix, la ségrégation géographique, la détérioration des services publics. Cette dégradation est précisément celle qui résulte, en France et dans un grand nombre de pays dans le monde de la crise du néolibéralisme ouverte en 2008 et jamais refermée depuis. Elle explose sous les yeux de tous avec les conséquence de la destruction du réseau hospitalier alors que sévit la crise du covid.  Cette décennie fut donc aussi celle de nombreux mouvements renversant l’ordre politique dans une forme d’un type nouveau : les révolutions citoyennes.

Leur observation permet de discerner quelques traits typiques. Les organisations politiques ou syndicales traditionnelles sont soit absentes soit largement dépassées. Il s’agit souvent de mobilisations de parties de la population qui ne sont pas habituées des mouvements sociaux. Ces gens développent des formes d’auto-organisation fluides, notamment en utilisant les réseaux sociaux. Ils ne se revendiquent pas d’un camp politique mais d’une forme d’unité du peuple contre une petite oligarchie. 

Ces formes politiques s’observent en France, au moins depuis le début de la campagne présidentielle de 2017 de Jean-Luc Mélenchon. On a commencé à les voir faire irruption à l’intérieur du mouvement contre la loi El-Khomri en 2016 chez la jeunesse de classe moyenne des centre-ville avec « nuit debout ». On les a aussi vues dans le mouvement historique des soignants organisé par une coordination inter-hôpitaux ad hoc ou dans le mouvement des « stylos rouges » chez les profs. À chaque fois, les organisations traditionnelles, si elle ne sont pas rejetées sont au moins mises à distance ou assimilées par une autre forme d’auto-organisation. À chaque fois, la base s’élargit à des personnes n’ayant pas l’habitude de participer à des mouvements sociaux. À chaque fois, elle exprime une grande radicalité face au pouvoir. 

Mais l’irruption la plus importante d’un mouvement de type révolution citoyenne en France est évidemment celui des gilets jaunes, déclenché en novembre 2018. Jean-Luc Mélenchon a largement expliqué sur son blog en quoi cette révolte populaire correspondait à la grille de lecture proposée par « l’ère du peuple ». Dans tous les cas, l’analyse qui sous-tendait son entrée en campagne en 2016 ne s’est pas démentie démentie depuis. En fait, la « campagne permanente » de Jean-Luc Mélenchon depuis lors correspond à un état permanent du pays. C’est comme si nous vivions une sorte de révolution citoyenne rampante. Toutes les caractéristiques politiques sont là mais elles ne s’expriment dans un évènement unique et définitif aussi longtemps qu’un évènement fortuit ne vient pas provoquer l’embrasement général. C’est un fond jamais absent, un état d’esprit général qui produit des éruptions de manière sporadiques. 

Un phénomène mondial 

L’élaboration de la théorie de la révolution citoyenne par Jean-Luc Mélenchon, tant dans sa version initiale dans « L’ère du peuple » que dans les nombreuses notes de blog publiées depuis, est le fruit de l’observation des phénomènes politiques révolutionnaires dans le monde entier. Ce cycle politique avec ses caractéristiques particulières a été repéré pour la première fois en Amérique latine dans la décennie 2000. Puis, il a véritablement explosé il y a 10 ans. Tunisie, Egypte, Burkina Faso, Soudan, Hong-Kong, Equateur… La liste des peuples qui sont passés par ce processus n’a cessé ces dernières années de s’allonger. 

L’année 2019 a été l’occasion d’une nouvelle vague de révolutions citoyennes. Après le déclenchement en France à la fin 2018 du mouvement des gilets jaunes, le Chili, l’Algérie, le Liban, l’Irak et d’autres ont connu ces mouvements populaires d’un type particulier. Ce renouveau des révolutions citoyennes a démenti l’opinion selon laquelle 2017 aurait été la queue de comète et que ce type de réaction populaire à la crise du néolibéralisme était terminée. Cette analyse aurait pu justifier un retour à d’anciennes stratégies de conquête du pouvoir. 

De nouveau, en 2020, la fin de cette période a pu être décrétée par certains. La pandémie de coronavirus aurait pu tout écraser et tuer les aspirations révolutionnaires démocratiques. Presque arrivés au bout de cette année si longue, on peut constater le contraire. Le mouvement s’est poursuivi dans de nombreux endroits. Au Liban, la révolution est loin d’être éteinte après avoir connu un nouvel épisode chaud au coeur de l’été. Au Chili, la revendication d’une assemblée constituante a abouti à un référendum gagné par une majorité écrasante. En Bolivie, l’auto-organisation populaire su typique des peuples en révolution citoyenne a permis de déjouer un coup d’Etat et le retour au pouvoir du MAS. Au-delà de la France, donc, tous les signaux indiquent que depuis 2017, la lame de fond de la révolution citoyenne a continué de travailler les peuples à travers le monde.

Les différentes phases 

Il est donc possible de comprendre l’évolution du Mélenchon 2016-2017 au Mélenchon 2020 en se référant à la description du processus de révolution citoyenne fait dans « l’ère du peuple ». La théorie explique que la révolution citoyenne comporte différentes phases auxquelles correspondent plusieurs états du peuple. Après la phase instituante, où il s’agit essentiellement pour le peuple de se donner à voir, vient la phase destituante. C’est le moment où les gens réclament le départ de l’ensemble de l’élite politique, économique et médiatique. Elle est exprimée à la perfection par le slogan latino « qu’ils s’en aillent tous ! » qui a été complété par les libanais : « tous, ça veut dire tous ! ». 

La campagne présidentielle de 2017 de Mélenchon a été conçue pour accompagner et embrasser ce moment essentiel de la constitution politique du peuple par la délimitation de la frontière entre « eux » et « nous » et la désignation de ce que l’on ne veut plus. « Dégagisme » est probablement le mot qui a été le plus retenu des commentateurs politiques de cette campagne. Il faut dire que le mot, importé en France par Mélenchon s’est avéré s’appliquer particulièrement bien aux évènements. Tour à tour, furent éliminés de la course le Président en exercice, empêché de se présenter, son premier ministre, battu dans une primaire, le grand favori des sondages, perdant lui aussi d’une primaire et un ancien Président condamné au même sort. 

Dans les meeting de Jean-Luc Mélenchon, le public criait « dégagez ! ». La campagne d’inscription sur les listes électorales du mouvement naissant s’appelait « je vote, ils dégagent ». Cela ne veut pas dire que la campagne de 2017 n’était pas propositionnelle. C’est le contraire. La marque laissé par le programme l’Avenir en Commun bien après la fin de la campagne en est la preuve. Mais sa forme, sa tonalité, ses mots d’ordre s’inscrivaient dans la puissante vague destituante autant qu’ils l’accompagnaient. 

La construction des causes communes du peuple 

Mais il faut bien avouer que le dégagisme de 2017 était encore confus. C’est lui qui a permis paradoxalement l’élection de Macron qui se présentait comme une « Révolution" dont le mot servi de titre a son ouvrage de campagne. Mais bien sur ce n’était rien de plus qu’une reconduction de l’ancien monde sous une forme radicalisée. Depuis, l’histoire ne s’est pas figée. Le peuple français, entré dans une phase d’auto-construction politique, n’a pas arrêté de cheminer. C’est ainsi que l’on aborde la campagne pour l’élection présidentielle de 2022 dans un état différent, qui est tout sauf un retour au monde d’avant. 

Pendant le premier confinement, Jean-Luc Mélenchon a publié une brochure numérique intitulée « L’Engrenage ». Il s’agit d’une lecture du moment politique créé par la pandémie de coronavirus à l’aune de la théorie de l’ère du peuple. Il y explique pour la première fois la « stratégie des causes communes ». Il ne dit pas que la conflictualité est obsolète ou bien qu’il n’y aurait plus de lignes de démarcation dans la société. Au contraire. Mais il affirme une nouveauté : dans le moment politique dans lequel nous sommes, le travail principal n’est plus de provoquer soit-même la conflictualité en porte voix du par « le bruit et la fureur ». La construction populaire d’un camp adverse est déjà là. C’est le résultat de plusieurs années de crise du néolibéralisme et de mobilisations populaires. 

Affirmer en positif des solutions à la crise selon la méthode des radicalités concrètes est suffisant pour montrer le clivage avec l’oligarchie. Les causes communes sont premières par rapport à la conflictualité, contrairement à la phase précédente. L’incapacité du pouvoir à se saisir des solutions collectivistes évidentes met ensuite en évidence sa distance vis-à-vis des consensus populaires. Dans ce schéma opérationnel, la conflictualité résulte de la non application des causes communes. Ce renversement de parcours des conscience s’appuie sur le constat fait des phénomènes d’entraide générale comme constante anthropologique observée dans les situations de détresse communes. La trajectoire des évènements change de forme. Pas le fond. À partir du rejet de l’élite établie et du dégagisme, ces consensus ont en effet commencé à se construire. La campagne de 2017 elle-même y a participé avec la phase d’écriture puis de diffusion de l’Avenir en Commun. Le mouvement des gilets jaunes a amplifié la construction d’un programme de la révolution citoyenne. Les ronds-points furent de véritables assemblées citoyennes où les gilets jaunes élaborèrent une série de revendications. Beaucoup d’entre elles rejoignaient d’ailleurs l’Avenir en Commun : référendum d’initiative citoyenne, justice fiscale ou la volonté de lier la bifurcation écologique et l’égalité de traitement de tous. 

Autrement dit, il s’est produit depuis 2017 un basculement des consciences. Si la campagne de 2017 était celle de la phase destituante d’un processus de révolution citoyenne, celle de 2022 sera celle de la phase constituante. Voilà la signification du Jean-Luc Mélenchon « plus rond », comme l’a dit un journaliste de BFMTV, du titre de son site « Nous sommes pour » et de sa charte graphique apaisée. Cela ne veut pas dire que « dégager » un certains nombre de gens au pouvoir n’est plus au programme. Il s’agit cette fois pour le tribun d’incarner l’aboutissement positif d’une période de turbulences du peuple français. Ce n’est pas un artifice de communication mais bien une nouvelle étape dans une stratégie menée depuis 2016 : la stratégie de la révolution citoyenne.

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