Publicado Septiembre 08, 2021
Mentiroso, Mentiroso
Cuerpo
La derecha, pensando ahora en las últimas declaraciones de gente como Tomás Fuentes (RN), debería preocuparse más de la formalización de Rodrigo Logan (constitucional que, mientras militaba en RN, habría falsificado un contrato para cobrar una indemnización de 30 millones), que de Rodrigo Rojas Vade. O de Raul Torrealba (ex alcalde que, mientras militaba en RN, habría caído en delitos de corrupción y fraude al fisco). O de Karim Chahuán (ex concejal que, mientras militaba en RN...

Antes que empezar: quiero aclarar que esto no será un intento de empate. Nada más alejado. Esto es simplemente una llamada a unos cuantos representantes de la derecha a detener el cinismo. Esto es decirles: si su prontuario es igual o peor que el de la persona que juzgan, deberían cerrar la boca.

Hoy parece ser que la mentira se ha vuelto un tema y podemos ver cómo muchos rostros se pasean por los matinales, haciendo gala de una especie de probidad nunca antes vista. Personalmente, me impresionó ver al perturbador personaje de la extrema derecha, Teresa Marinovic, vociferando juicios morales, como si ella nunca hubiera sido descubierta engañando al país entero.

Al parecer a Teresa se le olvida que todavía Chile está esperando saber cómo su hija, Teresa Zuñiga Marinovic, pudo estudiar Derecho con Gratuidad en la Universidad Católica (durante toda la duración de la carrera), entendiendo que ninguna de las dos son y nunca han sido parte de los quintiles que pueden acceder al beneficio.

Por otro lado, Marinovic reclamaba en una odiosa columna el año 2012, que no tenía por qué pagar por la educación de los hijos del resto (en su mente, el Estado solo se financia con impuestos). Ella decía que el financiamiento de la educación era solo responsabilidad de los padres. Entonces, cabe preguntarse: ¿Por qué sus hijos pidieron beneficios estatales? ¿Por qué pagamos por la educación de su hija, que proviene de uno de los barrios más exclusivos (Apoquindo), de una de las tres comunas más ricas de Chile?

Antes de hablar de Rodrigo Rojas Vade, me parece que sería un buen gesto que transparentara la ficha social que tuvo su familia al momento de postular a la ayuda del malvado Estado que, según ella misma, no debería hacer nada por nadie (a menos que sea alguien de su familia, supongo, ahí cambia la cosa). 

Esto, porque su esposo, el abogado e integrante de la Tercera Sala de la Corte Suprema, Ricardo Enrique Alcalde, hace clases como profesor titular en la misma Universidad Católica, e inclusive le llegó a entregar el Premio Fernando Rozas Vial a esa misma hija que, coincidentemente, asistió a la cátedra que imparte (lo que no dejó de molestar a los estudiantes honestos de dicha casa de estudios).

Lo último quiere decir que mientras su hija estudiaba gratis, ella estaba casada con alguien que ganaba un sueldo, digamos, un poquito mayor al del 60 % más vulnerable del país.

En otra entrevista, vimos al otro representante de la extrema derecha chilena, que nunca ha dejado de ser un férreo defensor del pinochetismo, José Antonio Kast, refiriéndose también al constituyente Rojas Vade. ¿No se acordará el niño símbolo de la dictadura que él fue atrapado mintiendo sobre el patrimonio que ocultaba (ya que no lo declaró mientras ejercía como diputado), en paraísos fiscales en Panamá? ¿Por qué nunca dijo nada cuando la misma institucionalidad panameña acreditó que esos vínculos eran verdaderos a través de documentación oficial?

El político, descendiente directo de un oficial nacionalsocialista, que rompió récords de inasistencia al Congreso (supongo que la flojera no es tan mala como la mentira), ¿no recuerda también que mintió en televisión abierta sobre la complicidad de su familia con asesinatos perpetrados por la narcodictadura de su adorado Pinochet? ¿No recuerda que Silvia Vargas Barrientos, hermana de un detenido desaparecido de Paine (Pedro Vargas Barrientos), desmintió sus declaraciones en una carta a El Mostrador el 18 de octubre del 2017?

¿Qué tan miserable hay que ser para decir que su familia, que fue cómplice de un crimen horrible, es amiga de la familia víctima del crimen? ¿Qué tan desesperado hay que estar por quedar bien con la prensa?

¿Con qué cara habla de mentiras?

En todo caso, quizá la derecha, pensando ahora en las últimas declaraciones de gente como Tomás Fuentes (RN), debería preocuparse más de la formalización de Rodrigo Logan (constitucional que, mientras militaba en RN, habría falsificado un contrato para cobrar una indemnización de 30 millones), que de Rodrigo Rojas Vade. O de Raul Torrealba (ex alcalde que, mientras militaba en RN, habría caído en delitos de corrupción y fraude al fisco). O de Karim Chahuán (ex concejal que, mientras militaba en RN, habría sido parte de una banda de ladrones y traficantes, los que, aprovechando el contexto del estallido, se habrían dedicado a saquear tiendas comerciales).

De hecho, ¿pueden los personeros, que son parte del oficialismo, hablar de mentiras cuando el gobierno tiene un historial en falsear la realidad (además de violar de manera masiva los DDHH)?

¿No recuerdan que fueron descubiertos mintiendo sobre la cifra real de las víctimas de la pandemia?

¿O que le dijeron a todo el mundo que el estallido era protagonizado por extranjeros (hasta que se descubrió que su fuente era un informe, hecho por Luksic, que acusaba ridículamente al KPOP de incitar a la rebelión)?

No me deja de llamar la atención que desde la prensa chilena nunca se levantó tanto morbo con una mentira hasta ahora, teniendo casos como los recién descritos.

En fin, supongo que, para que no me acusen de tendencioso y de no condenar al constituyente Rodrigo Rojas Vade (porque para la moralina de la prensa chilena todo comienza y termina con ese gesto), diré que lo condeno con toda mi fuerza, corazón y espíritu. Por lo que, además, me atreveré a hacer una recomendación: para castigarlo por no decir la verdad, no deberían buscar el modo de obligarlo a renunciar (eso sería demasiado fácil), sino someterlo al terrible suplicio, que ya hemos visto aplicado antes en este país, de asistir a clases de ética.

 

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