Publicado Mayo 20, 2021
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No seremos invisibles, interculturalidad endémica.
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Lo ocurrido los días 15 y 16 de mayo del 2021, es solo una muestra de que los intentos de colonización en todos los aspectos de la vida indígena, no tuvieron los resultados esperados para quienes en esos momentos eran los poderosos, ya que simplemente aquí estamos todavía, somos los hijos de los hijos de Lautaro, en nuestras memorias sabemos que nuestro ser crece en nuestro entorno social y cultural.

Hace algunos días en Chile, se desarrollo, por primera vez, la inclusión de la calidad de indígena en una elección formal, elección que dicho sea de paso fue “ganada” por los ciudadanos en las calles.

La lucha indígena lleva mas de 500 años, lucha que se refleja y a la vez esconde en los textos que reflejan miradas históricas sobre los “esfuerzo” del estado y de algunos gobiernos, solo algunos, por integrar al ser indígena en la sociedad, esfuerzos que claramente no son endémicos, mas bien responden a las ansias de ser, parecer, y actuar como un país desarrollado y democrático, y lo mas importante, estable económicamente, esta referencia es clara a la firma del convenio Nº 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes firmado en 1989. Este convenio da paso a los antes citados esfuerzos del estado, los que generan la ley 19.253 (1993). Se detalla en la historia de esta ley, que se conto con la asistencia de 19 personas indígenas, invitadas a una audiencia celebrada en 1992, con representación del pueblo Mapuche y Rapa Nui.

Si bien han pasado 19 años desde esta jornada, hoy, no son 19 invitados, es el 22,81% del padrón electoral quien voto por los escaños reservados indígenas (El Mostrador, mayo 17 de 2021), reflejando que las intenciones, el reconocimiento y el auto reconocimiento en un Chile  “desarrollado”, esta mas presente que nunca.

Es un hecho histórico, ya que en el “Informe de la comisión de verdad histórica y nuevo trato con los pueblos indígenas” (2003), se detallan las etapas de “Asimilación” de los naturales, comenzada en los procesos de conquista y consolidación de la Republica, un periodo de “asimilación forzosa”, desarrollado por medio de la religión, la imposición de la lengua española y el exterminio físico , un periodo de “Integración frustrada”  preocupada de la disolución de los naturales por medio del mestizaje y la división de los territorios. Los que claramente no tuvieron los resultados propuestos en su momento.

Lo ocurrido los días 15 y 16 de mayo del 2021, es solo una muestra de que los intentos de colonización en todos los aspectos de la vida indígena (Montesinos, 1991), no tuvieron los resultados esperados para quienes en esos momentos eran los poderosos, ya que simplemente aquí estamos todavía (Antileo, 2020), somos los hijos de los hijos de Lautaro (Aniñir, 2018), en nuestras memorias sabemos que nuestro ser crece en nuestro entorno social y cultural (Araya y Segovia, 2010), y es esta memoria la que nos permite no olvidar ni inventar quienes somos, nos da una continuidad al ir desarrollando lo anterior (Colipan, 2017), mantenemos una interacción que refleja el conocimiento de nuestras culturas y cosmovisiones, las que nos llevan al desarrollo de una interculturalidad viva y necesaria para cohabitar el territorio (Antilef, 2017).

Lo que paso en estas elecciones y ese 22,81% de votantes indígenas, solo reflejan que; No, no seremos invisibles en el testamento de la historia, porque somos los recipientes de la vida, feroces guardianes del espíritu de la tierra. Aun cuando han bloqueado los caminos, mis pies, tus pies, nuestros pies, Comienzan donde comienza la tierra, somos un brote de la tierra, ¡somos la tierra! (Manque, 2017).

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