Publicado Noviembre 20, 2020
¿Para qué Filosofía en tiempos de penuria?

Lo dicho hace tanto tiempo, y de modo poético, por Hölderlin me sirve para decir algo breve en torno a la Filosofía en este presente. ¿Para qué filósofxs en tiempos de penuria? Y precisamente en estos tiempos de miseria capitalista y pandémica.  Hoy más que nunca FILOSOFIA pero en el sentido fuerte de la palabra ‘Filosofía’, o sea, no es pensamiento ‘buena onda’, ‘simpático’,  ‘resiliente’, tampoco es nada ‘edificante’ (nada con la ‘autoayuda’ o la ‘espiritualidad’, o el ‘más allá’, etc.)… la Filosofía  no trata de cuidados, no trata de dar algún soporte conceptual ante la angustia del humano por no tener sentido originario alguno (que los psicoanalistas traten con esto); y, además, este sin sentido está acrecentado, obviamente, por la pandemia, sin embargo la Filosofía no trata ni de esto; al contrario, a veces, la Filosofía es más radical y nos hunde en el abismo mismo de cada uno de NosOtros y, en ello, en el abismo mismo de lo real, porque pone  a prueba la  trama que radicalmente nos sostiene y estructura; es el gesto de Nietzsche por excelencia.

Y solamente desde ahí, a lo mejor, con valentía podemos salir del Laberinto que creamos por pánico a NosOtros mismos ante tal sabiduría-vida: ¡Ser Menos que Nada! Y es así porque si fuéramos ‘nada’ ya estaríamos siendo desde el horizonte mismo del nihilismo y con todo lo que eso expresa, esto es, una Razón fundante que se dice de múltiples maneras que viene a redimirnos de esa nada. La Filosofía no se juega ahí; pues no nos salvará de ninguna forma... la Filosofía se expresa en el elemento mismo de  la Libertad que nos perfora...

Hegel señalaba, en el siglo XIX, que la filosofía no era edificante y no es edificante lo reafirmo tajantemente ni ayer ni hoy y no lo será mañana; tampoco la Filosofía se muestra de forma inmediata en lo político (ni ético, ni estético, etc.) porque la Filosofía no se deja, por ejemplo, encarnar en un filósofo ‘orgánico’ (en el sentido gramsciano), no solamente en la derecha se da esto, sino que hay muchos pensadores de izquierda que lo demuestran a diario, a saber, pasan ‘alabando’, ‘ayudando’ al gobierno de izquierda de turno; no lo pueden criticar en estos tiempos (porque sería darle poder a la ultraderecha, se nos dice); hacen mil cosas, como niños, por el gobierno; escriben crónicas, textos, libros, artículos,  posteo tras posteo en Facebook, etc., para apoyar los distintos grupos de poder que están en los gobiernos progresistas; esto genera el efecto contrario; por una parte, la Filosofía queda prisionera de la política y, por otra parte, la izquierda pierde dimensión crítica necesaria para aprender de los errores cometidos y que  el pueblo vea realmente un trabajo en y por ellos; por tanto, el temor de perder ‘votantes’ y que se fuguen hacia la derecha es más real; porque no hay espacio de libertad ni en la izquierda para reflexionar lo que acontece (y se trata al Otro como un mero ‘votante’).

La Filosofía se mueven en lo libre (y en los libros), y por ello la reflexión; y en esta re-flexión se visibiliza lo que acontece, y, a veces, se denuncia la estupidez de lo humano: el Laberinto mismo (que es expresión de lo real, de lo simbólico, de lo imaginario, dicho lacanianamente). La Filosofía tiene conceptos experiencias, tiene miradas gestuales para ver, metáforas laberínticas creativas, tiene una razón que escudriña el abismo de lo real (la propia razón filosófica es abismal, desfondada, etc.), tiene un  olfato intuitivo para rastrear huellas, etc., aunque todo esto genere por lo general un malestar o incluso daño, en primer lugar, al propio filósofx, en segundo lugar, a todos a NosOtros; y ni qué decir tiene a ciertos gobiernos ya sea de derecha o de izquierda. Por ejemplo, con lo que acontece hoy en la pandemia, a un gobierno de izquierda le produce una gran molestia que el o la filósofx le critique, porque le indica ciertas políticas erróneas que se usan en la pandemia o que llegan tarde a la sociedad (o que le dan derechamente le da la espalda a ésta), o son políticas ‘externas’ no reflexionadas de un proyecto de izquierda  ‘mercado’ y que legitiman ciertos ámbitos del ‘Estado de Excepción’; políticas que son impresentables en la actualidad y sobretodo en ciertos países, a lo mejor en Latinoamérica estamos acostumbrado al horroroso Estado de Excepción; y lo vemos como normal,  pero ¡No lo es!; y en Europa es totalmente impresentable (y no olvidemos todo lo que ha hecho el fascismo usando y abusando del ‘Estado de Excepción’).

Zizek, por ejemplo, como filósofo y como muchos de NosOtros, puede decir algunas cosas que enfurecen el establishment, inquieta su posición respecto a la migración, a la pandemia, a Europa, al gobierno que ejerce el poder, a la izquierda tradicional, a los filósofos franceses, al psicoanálisis, a la catástrofe, el comunismo, etc., y ya por eso se le cuestiona radicalmente como filósofo y se le trata de forma nefasta; lo mismo ocurre con Agamben con su radical crítica  a las políticas implementadas en Italia (y por extensión a Europa) respecto de la pandemia, y, por lo mismo, a Agamben se le ataca hoy con rabia desmedida; y esto pasa con muchos filósofxs en distintas partes de este pequeño planeta ante su reflexión crítica ante a situación actual: no se acepta al ‘tábano’ que pica, al Sócrates filosófico que paraliza la decisión política, al creador nietzscheano que llevamos dentro y que no se deja domar por nada ni por nadie, al hegeliano que disuelve cualquier pretensión de absolutez dogmática inmediata caída del cielo, etc. Independientemente de cada Filosofía, ésta no se mueve en el ámbito determinado de tal o cual ideología  o representación o Laberinto alguno y esto ha sido así desde Heráclito hasta nuestros días (aunque NosOtros mismos tengamos una ideología nuestra filosofía la supera y se escapa a ella misma).

La Filosofía con sus ‘herramientas’, con su visión reflexiva crítica permite ver, a veces, cosas que no se ven a la primera, o ve cosas, por lo usual, que son desagradablemente monstruosas para el resto (políticamente incorrectas en el momento presente), o abre temas que son para el futuro remoto y que hoy no se ven, o se sumerge radicalmente en el nudo traumático mismo del pasado que nos constituye, o también se permite simplemente mantener una distancia crítica frente al fenómeno, o se abre en lo inespecífico mismo de lo creativo diferenciante, o… lo que sea. Todo esto y mucho más es lo radical de la Filosofía, la cual es algo con la que nunca se puede negociar, ni comprar, ni vender, ni se cierra ante nada que la prohíba por fuera de sí misma; la Filosofía no tiene límite; ella es su propio límite.  Y no hay ni Día de la Filosofía que la pueda determinar en un calendario como otra mercancía más; se resiste absolutamente a ello.

La Filosofía, lo vuelvo a señalar, se mueve en lo libre. Además, cuando se habla de Filosofía, también, evidentemente, se habla de lxs filósofxs, de muchxs filósofxs, y sus libros e ideas, que están dando la cara en diversos lugares tratando de pensar el presente en el presente mismo, con toda la dificultad que eso conlleva; pensar en medio del movimiento vivo en el que se está viviendo y hoy sumidos en el Capitalismo pandémico. Hay filósofxs que son más mediáticxs y otros no tanto (esto da lo mismo), pero lxs filósofxs se mueven en el trabajo teórico y, a la vez, en la praxis de sus propias vidas; o dicho de otra manera, lo singular y lo universal viven en ellxs. Lxs filósofxses son monstruos que de suyo no pueden ser clasificables, ni archivables, ni simbolizables de ninguna forma: escapan a cualquier representación; solamente se les barrunta y se les ven las huellas  o trazos que dejan en su pasar, luego hay que ser fino para ver esas huellas: hay que tener ‘pies ligeros y orejas pequeñas’ para poder estar cerca de lxs filósofxs.

Por tanto, lxs filósofxs no son solamente humanos que se mueven en la teoría pura y ¿qué sería eso? ¡Una ridícula caricatura!, y tampoco son solamente activistas (otra pésima caricatura); luego la Filosofía nunca va a teñirse del todo del activismo de la praxis, pero tampoco se estructura por conceptos muertos; sus conceptos tienen la capacidad de visibilizar, criticar y transvalorar, esto es, generar cambios, y producir ciertos esbozos de lo real que se nos inscriben a cada instante de modo simbólico; y así la Filosofía nos abre al cambio o posibilita cambios en NosOtros mismos; y este momento afirmativo, junto con el reflexivo crítico, también es fundamental para la Filosofía.

Ahora más que nunca que la Filosofía  está como arrinconada debemos filosofar en libertad, y esto se debe hacer por todo lo que se nos impone el discurso políticamente correcto o científico, o tecnológico, o sanitario, o político sanitario, o político sanitario científico, o político sanitario científico capitalista, etc., a saber, porque hay que vender en el mercado para producir y distribuir capital y, en ello, producir y distribuir subjetividad capitalista (que es lo más importante).

El mantra de hay que producir, cueste lo que cueste, igual en el encierro, igual en el confinamiento, y por eso ahora mismo se llama a que todos ‘estemos unidos’ ante la pandemia (seamos un rebaño de borregos); y que cualquier forma de critica no se necesita porque no es el momento de la crítica  (incluso, se escucha el lema ‘ser revolucionario es obedecer’); por tanto queda muy claro que el discurso filosófico desagrada radicalmente y solamente se escuchan ciertos discursos “entre comillas”:  objetivistas, neutrales, cientificistas, proactivos, ciudadanos, de esperanza, de diálogo, de cuidados, etc., en torno a un virus que se mueve en medio de NosOtros como si fuera un ‘en sí malo’, en torno a políticas sanitarias, políticas económicas, etc., para ayudar , se nos dice, al malestar concreto del humano en su variante social y, en especial, económica (lo ideal es  que acontezca, con todo esto, el ‘Gatopardismo’, esto es, que todo siga igual).

Y, por lo mismo, en el establishment no quieren  nada con la Filosofía, y se la censura y se le realiza un bullying despiadado (de forma permanente y agresiva); una violencia contra la Filosofía que hoy se ve en todos los territorios: ya sea en lo virtual, por ejemplo, en las redes sociales, ya en lo empírico,  cara a cara en una conferencia, etc.

Por todo lo dicho, es evidente el poder que tiene la Filosofía para intentar revolucionar el sistema (por eso la buscan silenciar con violencia porque le temen), pues es de los pocos lugares en donde acontece la Libertad en estos momentos; y no siendo una libertad inconsciente del Liberalismo capitalista que aparecería en lxs filósofxs; no es eso, para nada,  sino que en medio de estas determinaciones y mediaciones, en las que estamos siendo ideologizados, podamos ir generando un cierto movimiento de desplazamiento y creatividad: un baile en medio del Capitalismo. En la Filosofía se da uno de los pocos resguardos de lo libre en la actualidad (el otro resguardo por excelencia es el Amor); lo libre es un modo incondicional que opera en la misma mediación y la abre, la desplaza, juega con ella, se fuga; y, por tanto, lo libre se mueve en el ‘entre’ material mismo: entre líneas, entre dolores, miedos, angustias, en medio mismo del Laberinto; allí se mueve la Filosofía.

Y siempre con esos conceptos-experiencias, que son conceptos físicos que te pueden sacudir, abrir radicalmente y conectarte al abismo mismo de tu vida desfondada; de ese modo, a lo mejor, se pude construir algo distinto con esos conceptos, o simplemente nos permiten ver reflexivamente (ya que es fundamental ver en la oscuridad) dónde hay luz en plena oscuridad laberíntica. Y es en todo esto que la Filosofía nos indica que no debemos dejarnos engañar por el Laberinto del Capitalismo, y, en especial, con esta pandemia que es radicalmente laberíntica; hoy necesitamos: conceptos vivos, reflexivos, críticos que permitan detener tanta estupidez que avanza; y, a lo mejor, transformarla; y ya desde ese ver filosófico es posible ir transformando algo, partiendo por NosOtros mimos; por eso hoy necesitamos FILOSOFÍA, porque es el inicio de todo cambio.

La FILOSOFÍA con mayúscula está siempre abierta y nos movemos con ella en el movimiento de lo libre en las mismas paredes laberínticas del Capitalismo y así las vamos disolviendo. La Filosofía es una forma de AMOR… para mí hay dos transferencias fundamentales que nos constituyen: la filosofía y el AMOR… es decir, son dos formas de AMOR… cuando ambas están sincronizadas en mí… me siento libre en la vida misma en su manifestarse; y digo y exclamo y suspiro, a algún ‘dios desconocido’... ¡Gracias!... ¡Otra Vez!