Política Exterior y Deuda Externa

A diferencia del desastre del Presidente Macri y su “reperfilamiento”, esta propuesta de renegociación de deuda, le dejaría una “muy buena herencia” al próximo gobierno, con una deuda acordada, previsible y estable, consensuada hasta 2030, plantea Marcelo Brignoni.

Ahora

Cuando esto se publique Argentina estará inmersa en una polémica de carácter técnica, acerca de su condición como deudor. Si se encuentra técnicamente en default, producto de no haber cancelado este 22 de mayo un vencimiento de 503 millones de dólares, de cupones de los bonos globales que vencieron ese día, o si no lo está, al haber acordado con sus tenedores una prórroga hasta el 2 de junio a las 17 horas de Nueva York, lo que al decir de Martin Guzmán indica que “las negociaciones continúan por un sendero que consideramos positivo, experimentando un mayor entendimiento mutuo entre las dos partes”

En un Banco Central con reservas de libre disponibilidad que no superan los 11 mil millones de dólares, 500 millones es muchísimo dinero.  Con solo recordar que el último tramo del Gobierno de Fernando de la Rúa albergaba reservas de 10 mil millones de dólares, el porqué de la decisión de Martin Guzmán y Alberto Fernández de este último viernes, se explica por sí misma.

La diferencia de estar “oficialmente” en default o no sin embargo no es menor. De ser así, esto permitiría a los acreedores activar sus credit default swap (CDS), un seguro financiero de radicación bancaria (generalmente con una póliza que oscila entre el 25 y el 75 por ciento del valor nominal del título en cuestión), que se puede ejecutar, si el activo de referencia incumple su obligación de pago. De todos modos esto es posible si la International Swaps and Derivatives Association (ISDA), la organización engendrada por los especuladores financieros para estos temas, decide que los seguros cubriendo las suspensiones de pagos, se tienen que abonar.

La otra amenaza es el pedido de “aceleración de deuda”, a través del “cross default”, donde los tenedores mayoritarios de un bono argentino podrían exigir desde la “collective action clause” en una corte estadounidense (del tipo Griessa) el reclamo de la totalidad del valor de pago comprometido de dicho bono en cuestión, más allá de cuando sea su fecha de vencimiento.  Tan solo como ejemplo podríamos citar, que el nefasto Bono Centenario, emitido por el inolvidable Toto Caputo, con vencimiento en 2117, podría ser exigible ahora, en su totalidad, por este mecanismo.

Hasta aquí la especulación técnica, compleja por cierto, sobre todo al observar que las tasas altísimas y las condiciones de repago que pretenden y difunden algunos acreedores, junto a sus consultores y periodistas empleados, chocan contra la realidad del mundo del COVID-19, donde Estados Unidos va rumbo a tasas negativas y la FED ordena imprimir dos billones de dólares por mes, para atenuar una tasa de desocupación interna creciente y ya en el orden del 15 por ciento, con empresas devastadas en ese y casi todos los países.

El debate que atravesamos entonces no es económico ni financiero, es notoriamente político, y la política será la que determine el desenlace de la renegociación.

Ayer

La historia del sistema financiero moderno, acuñado en aquellas jornadas del Hotel Mount Washington en Bretton Woods en 1944, tiene origen y desarrollo en la política y no en las finanzas, que apenas son un pequeño subproducto de la geopolítica, de aspiraciones científicas y de autonomía inverificables.

Por entonces y con una gran capacidad persuasiva Harry Dexter White, el representante de Estados Unidos en esa reunión, a quien Edgar Hoover desde el FBI denunció como espía en repetidas ocasiones y que tuviera una muerte nunca esclarecida, lograría que el Dólar Estadounidense fuese la moneda mundial del capitalismo y que el Fondo Monetario Internacional fuera el brazo ejecutor del endeudamiento de los países en una moneda que solo se imprime en la Oficina de Grabado e Impresión de los Estados Unidos, fundada en 1861 y con dos sedes, una en Washington D.C., y la otra en Fort Worth, Texas.

Años después, Estados Unidos sería el primer país capitalista importante en entrar en default. Lo anunciaría Richard Nixon en cadena nacional un 15 de agosto de 1971. Por entonces, el presidente de los Estados Unidos se dirigiría en un discurso televisado a toda la nación y diría que desligaba “temporalmente” al dólar de su respaldo en oro. Aquella condición, el patrón oro, había sido la razón por la que todos los países aceptaron en Bretton Wodds la utilización universal del dólar. Aquella “temporalidad” pronta a cumplir 49 años, nunca ha sido revocada por otra orden “temporal” que reponga el compromiso asumido formalmente por Estados Unidos, el patrón oro.

Es decir que el primero en violar los contratos y declarar en default sus propios compromisos oficiales fue Estados Unidos. Se conoce poco, pero significa mucho, para entender cómo funciona el “mundo real” de las finanzas.

El peronismo, siempre ha entendido el carácter político del sistema financiero internacional y a su relación con él, como una relación de tipo político, como parte de su política exterior. Nunca ha visto a la política económica como una cuestión técnica, y mucho menos financiera.

De hecho, Perón se negó a ingresar al Fondo Monetario Internacional y solo el Dictador Aramburu, en pleno gobierno de facto y con el Congreso Nacional cerrado, el 19 de abril de 1956, a través del decreto Nº 7103, dispuso que se inicien los trámites necesarios para obtener el ingreso de la República Argentina al Fondo Monetario Internacional y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento. Contraería así su primer préstamo con dicho organismo internacional y entonces dirían “Hay dos serias confusiones en cuanto al empréstito exterior. Primero, que no hace falta; y segundo, que compromete la soberanía nacional. El capital privado extranjero podrá estimular poderosamente el desarrollo económico argentino. ”.

No sucedió y al concluir el gobierno de Aramburu, la deuda externa alcanzo los 1051 millones de dólares. Ese fue el saldo correspondiente al comienzo de la sumisión de nuestra política económica a los dictados de los organismos internacionales. A partir de abril de 1956, se inauguró una etapa nueva en Argentina, la cual evidenció, en años venideros, que una política económica al servicio de sectores minoritarios, acordada con organismos internacionales, se correlaciona indefectiblemente con mayor endeudamiento externo y pérdida de soberanía política.

Juan Domingo Perón diría de aquello “Advertí que en el FMI participarían la mayoría de los países occidentales, comprometidos mediante una larga contribución al Fondo, desde donde se manejarían todas sus monedas, se fijaría no sólo la política monetaria, sino también los factores que directa o indirectamente estuvieran ligados a la economía de los asociados. He aquí una de las razones, aparte de muchas otras, por las cuales el gobierno justicialista de la República Argentina no se adhirió al Fondo Monetario Internacional. Para nosotros, el valor de nuestra moneda lo fijamos en el país, como también, nosotros establecemos los cambios de acuerdo con nuestras necesidades y conveniencias. Con el tiempo, todos los países adheridos al famoso Fondo Monetario Internacional, sufrirán las consecuencias. Este fondo, creado según decían para estabilizar y consolidar las monedas del “mundo libre”, no hará sino envilecerlas en la mayor medida.”

Muchos años después, en 1997 y en su libro El Tablero Mundial, Zbigniew Brzezinski lo admitiría. Escribiría “…también debe incluirse como parte del sistema estadounidense a la red global de organizaciones especializadas, particularmente las instituciones financieras “internacionales”. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial se consideran representantes de los intereses “globales” y de circunscripción global. Pero en realidad, son instituciones dominadas por los Estados Unidos, y sus orígenes se remontan a iniciativas estadounidenses, particularmente a la conferencia de Bretton Woods de 1944. A diferencia de lo que ocurría con los imperios anteriores, este vasto y complejo sistema global no es una pirámide oficialmente jerárquica. Los Estados Unidos están situados más bien en el centro de un universo inter-conectado, un universo en el que el poder se ejerce a través de la imposición constante, pero con diálogo, y búsqueda del consenso formal, pese a que el poder, en el fondo, se origine en una única fuente: en Washington D.C…”

Mucho mas acá, en su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas en 2012, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner señaló “…venimos diciendo desde el año 2003 en que el presidente Kirchner por primera vez vino aquí y dijo “dennos una oportunidad para crecer porque las sociedades para poder pagar sus deudas deben crecer, los muertos no pagan sus deudas”. Argentina ha reestructurado el 94% de su deuda soberana y viene pagando rigurosa y regularmente cada uno de sus vencimientos desde el 2005 a la fecha. Y lo vamos a seguir haciendo, porque privilegiamos políticas donde la producción nacional, el valor agregado, la generación de trabajo, atender a los sectores más vulnerables a través de programas sociales que representan el 1,2% de nuestro PBI nos ha permitido un crecimiento que sin lugar a duda es el más importante que tiene la República Argentina”.

Viendo lo que hizo aquel gobierno de Cristina, se ve mucho de lo que se avecina de parte de este gobierno argentino.

Lo que vendrá

El gobierno argentino presentó formalmente una propuesta de canje con una quita de intereses y baja de capital, un período de gracia hasta 2024, un estiramiento general de los plazos y un nuevo título de reemplazo ejecutable en 2030.

Los cálculos indican que los ahorros de capital e intereses rondarían los 35 mil millones de dólares, al reducirse en esa cifra aproximada los actuales 123 mil millones de dólares que debiera pagar Argentina en el actual formato.

En ese marco, el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner tendría una “inversión” posible del orden de los 26 mil millones de dólares que podrían aplicarse a reconstruir la economía real, en lugar de dedicarse al pago de deuda externa de imposible cancelación.

Ante una tasa cero o inclusive negativa que se empieza a aplicar en Estados Unidos, la propuesta argentina, muy probablemente ya acordada con la mayoría de los acreedores por estas horas, planteará un escalonamiento de tasa de interés entre 2024 y 2030. Sería del orden del 2 por ciento inicial en dicho 2024, llegando al 5 por ciento en 2030, con subidas anuales de medio punto. Es una propuesta posible para Argentina y redituable para los acreedores. En un mundo donde la amenaza de un default generalizado, estatal y privado, corre tan rápido como la pandemia de COVID-19, los acuerdos de continuidad de pago son un bálsamo, en la preocupación diaria de los administradores de Fondos de Inversión de todo tamaño.

A diferencia del desastre del Presidente Macri y su “reperfilamiento” esta propuesta de renegociación de deuda, le dejaría una “muy buena herencia” al próximo gobierno, con una deuda acordada, previsible y estable, consensuada hasta 2030, e incluso con un ahorro del orden de los 45 mil millones de dólares allá por 2028, en relación a lo comprometido en la actualidad.

Por otra parte, los casi 6 mil millones de dólares de vencimientos en dólares regulados por legislación local, serán mucho más fáciles de renegociar, resuelto el tema de los acreedores de “sede extranjera”.

En definitiva, es bueno recordar ahora, pensando en lo que viene, lo que decía Cristina en Naciones Unidas en 2012 “...creo también necesario, entender que estamos ante un nuevo mundo y un nuevo mundo exige también liderazgos creativos, exige arriesgar nuevas ideas y nuevos conceptos, querer solucionar los problemas que hoy tiene el mundo con las recetas que los provocaron resulta absolutamente absurdo, es necesario decirlo claramente. Es clave que los países desarrollados entiendan la contribución que los países emergentes podemos hacer al resurgimiento de la economía internacional. Si se piensa el mundo como una totalidad, se concibe que no estamos ante un problema económico, sino que estamos ante un problema político, porque para superar una crisis económica de la magnitud que tiene el mundo, ya no estamos ante un problema de la economía ni de los economistas, estamos ante un problema de la política que debe encontrar soluciones, respuestas y nuevos modelos para darle solución a estos problemas…”.

Las buenas ideas, parecen perennes. 

Marcelo Brignoni es analista internacional.