¡Que cese la represión!

Los casos serán investigados, se dice: pero ya esos jóvenes han fallecido.  ¿Les van a devolver la vida acaso sus asesinos y esos jueces? ¿Hasta cuando el legalismo vaciado lleno de martingalas procedimentales  se hará cómplice de estas situaciones?

Este fue uno de los último llamados que pudo hacer el Arzobispo de los campesinos, los jóvenes y los humillados de San Salvador, Monseñor Arnulfo Romero.  Como profeta del Cristo de hace  más de dos mil años,  siguió su camino y pagó con su vida su compromiso irrenunciable con la vida y su denuncia sostenida de la doble violencia en San Salvador: por una parte, aquella que proviene de las estructuras históricas desiguales de poder, saber y tener; por la otra, la que proviene  del accionar de  las fuerzas policiales y militares que, aliadas con la minoría poderosa y, como no, la embajada de los EEUU,  no trepidaron en torturar, asesinar y perseguir de manera salvaje a su propio pueblo.

Claro, ese Monseñor no sabía lo que se le tenía preparado en la misa habitual del domingo. Los sicarios del régimen cívico-militar de aquella época lo fulminaron en pleno momento de la comunión..

Digo todo esto porque lamentablemente por ahora no tenemos un arzobispo u otra autoridad similar que se sume a ese llamado crucial, y por tanto, siguen habiendo acá, en estos días, ahora mismo,  detenidos, maltratados, negados, humillados, asesinados.  Lamentablemente sus nombres, situaciones vitales, lugares de vida,  no están invitados al cocktail  conservador y oficialista de los programas prefabricados de la televisión, que  hoy – hay que saberlo-, está en manos  privadas, es decir del mismo 1% ¡ .

¿Por qué no hablan claro los políticos y miembros del Parlamento? ¿Por qué no alzan la voz los jueces , tribunales y Cortes en el país? ¿Para qué sirve el derecho entonces, si en sus momentos de prueba, no está capacitado para defender la dignidad de las personas, ponerse del lado de los que sufren  y hacer retroceder la barbarie de los cuerpos armados que financiamos todos?  Es impotencia lo que nos corroe a muchos hoy.  Los casos serán investigados, se dice: pero ya esos jóvenes han fallecido.  ¿Les van a devolver la vida acaso sus asesinos y esos jueces? ¿Hasta cuando el legalismo vaciado lleno de martingalas procedimentales  se hará cómplice de estas situaciones?

Es triste decirlo, pero esto ya lo vivimos en la peor dictadura de la historia del país. Y usted se preguntará, sobre todo los más jóvenes :  ¿y  el poder judicial sufrió mucho desde el golpe militar del 73 en adelante?   ¿Fueron perseguidas sus autoridades máximas, removidas, exiliadas? Respóndase usted mismo indagando un poco sobre todo esto. ¿Para que tenemos derecho si no puede subsanar o limitar la tragedia a ojos vista? Si no puede, no debe o no se atreve a levantar la voz condenatoria de lo que hace el poder político establecido y sus cuerpos armados con su propio pueblo.

No hay que olvidar que el uso de la represión no es al caso. Haca mucho tiempo, y por cierto, asesorados por los humanistas militares de los USA,  se trata de un uso político preciso: destilar y contribuir  al terror selectivo de la población (no se hará en el barrio alto por cierto) , de manera tal que no se atreva a nada después¡¡ Ni a pensar críticamente, ni a reunirse, ni a marchar por las calles, ni a expresarse con voz fuerte. . Así se nos  tuvo a todos en aquellos años negros, de la mano de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA); de comandos especiales (COVEMA),  de la CNI, y de otros grupos represivos directamente ligados a las FFAA y de Orden.  

¿Qué hacían nuestros jueces en esos años? No podían certificar nada, ni a favor ni en  contra, porque la autoridad no “sabía” nada y la autoridad era legal.  ¿Cuántos recursos de amparo se presentaron en esos años? Cuántos de ellos fueron aceptados por nuestros honorables jueces y tribunales?

Los que pueden más, tienen  más responsabilidad institucional ante el país en este tipo de cosas, y tienen que hablar ahora. Después podría ser demasiado tarde y ellos serán , como en el pasado, corresponsables del dolor y sufrimiento da la comunidad nacional.

Ese es el llamado: que cese la represión, que se informe verazmente sobre la situación de muertos, heridos y fallecidos, de los detenidos; que no se intervenga el Servicio Médico Legal¡ Es lo menos que se puede pedir, a toda una una dirigencia política, judicial , empresarial, que ha pretendido vender  en el extranjero (Ocde mediante)  una imagen de desarrollo, civilidad y progreso que, de nuevo, se demuestra ser otra farsa más . .