Publicado Noviembre 09, 2020
¡Que es menester recobrar la Vida!
Cuerpo
No se justifica bajo ningún punto tener un toque de queda con militares en las calles que no cumplen función alguna más que tratar de acosar y amedrentar con su simbolismo, ni tampoco se justifica ni es aceptable que se estén impidiendo las visitas en el contexto carcelario, ¡más aún cuando todavía tenemos cientos de presos políticos de la revuelta!

La situación sanitaria global y sus correlativas consecuencias económicas y sociales son innegables. Sin embargo, más allá de este fenómeno material, progresivamente la oscuridad de estas horas ha generado que, incluso dentro de ciertas capas progresistas y de lúcidos sectores, vaya introyectándose en la psique social el mandato del Temor; aquel con el que la hacienda capitalista mundial profundiza su dominación que pretende siempre limitar la fuerza de la vida misma.

De ninguna manera quiero decir con lo anterior que la situación sanitaria global sea un asunto menor, pero llegados a este punto de profundidad de la crisis, es necesario interpretar y leer los mecanismos sociales en toda su profundidad política e histórica, comprendiendo, a la vez, que al final del día las respuestas sanitarias que se terminen mostrando como correctas solo  lo harán como el Búho de Minerva del que nos contaba Hegel; centrarse en ello ahora es una discusión infecunda (¡que no deja de ser necesaria!).

El mandato de "¡teme!" echa sus raíces bastante más atrás que la contingencia de salud, pero al calor de esta es que ha medrado exponencialmente en estos aciagos días; súbitamente la gente comenzó a abrazar irreflexivamente el temor al Otro, al movimiento, al virus, ¡ha terminado incluso temiendo a la Vida!, y así, se están normalizando prácticas que no son más que formas de violencia y disciplinamiento, que nada tienen que ver con un fundamento sanitario.

Las ideas anteriores han sido y están siendo exploradas fructíferamente por diversos autores; meramente acá sirven para contextualizar la problemática sobre la que quiero discurrir y polemizar: el Estado de Excepción en Chile, y sus expresiones inmediatas de toque queda y limitación de visitas en el contexto carcelario.

Por una parte y en cuanto al fundamento histórico del mecanismo que significan los Estados de Excepción en el país, no encierra misterio alguno el que su uso, así como la legalidad represiva aneja a estos, ha sido una constante en el devenir de nuestra historia; ha sido empleado siempre de forma privativa y reiterada contra las clases trabajadoras o marginalizadas a través de una construcción discursiva donde las clases propietarias logran identificar sus intereses privados con el interés de la nación; su uso llega a constituir una tradición estratégica de la élite forjada a través de su experiencia de clase.  

Lo anterior nos debe colocar desde un inicio en una posición de alerta que, al mismo tiempo, nos debe hacer abandonar las lecturas ingenuas respecto a la utilización de estos mecanismos: el gobierno lleva ya generando su única gobernanza posible a través de un Estado de Emergencia cuya extensión sobrepasa casi el año. Y más allá de que en los inicios de la pandemia se podrían haber justificado ciertos movimiento de este tipo, la lógica efectiva del Estado de Excepción que ha existido nunca ha dejado de ser una estrategia en defensa del capital: militares en las calles (de sectores no propietarios) que no cumplen ningún rol sanitario, despidos a discreción de las empresas, pauperización de sectores populares al tomar medidas ignorando la realidad efectiva de las economías familiares, constante criminalización de la protesta popular, etcétera.

Esto podría significar nada (tan) nuevo, pero esta vez la hacienda capitalista puja por alienar las subjetividades, generando relatos discursivos donde el temor da vía libre al flujo más descarnado y grosero del capital; bregando por coartar la esperanza de horizontes de un mundo que pueda ser diferente y donde la dignidad y la autonomía sean el fundamento de la experiencia humana.  

Favorablemente Chile vive, a pesar de todo, un momento donde podemos abrigar el optimismo de un Acontecer de distinta especie, ¡y precisamente por esto es que no es tolerable hoy dejar que se normalicen estos disciplinamientos chapuza disfrazados de medidas sanitaras!

Hoy es urgente disputar el hecho de que no se justifica bajo ningún punto tener un toque de queda con militares en las calles que no cumplen función alguna más que tratar de acosar y amedrentar con su simbolismo de muerte nuestra Memoria, ni tampoco se justifica ni es aceptable que se estén impidiendo las visitas en el contexto carcelario, ¡más aún cuando todavía tenemos cientos de presos políticos de la revuelta!

No se trata de impugnar las estrategias sanitarias en sí mismas, ¡es recobrar hoy los espacios que reclama La Vida! Es abrazar(nos) comprendiendo que el Temor no ha de tener cabida si queremos de verdad creer en un nuevo acontecer.

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