Publicado Marzo 26, 2021
Responsibilidad difusa (1) ¿Quién dio la orden? ¿Quién tiró del gatillo? ¿Quién financió las armas?
Cuerpo
El Estado colombiano no puede eludir el juicio ante su responsabilidad (por acción o por omisión) frente a los crímenes cometidos en contra sus ciudadanos. Pues como nos recuerda Arendt, existe una responsabilidad que todo gobierno debe asumir frente a las acciones de sus predecesores y en nombre del Estado por las acciones del pasado.

Un lector desprevenido de la historia política de Colombia debe preguntarse por qué en este país parece inagotable la fuente de violencia colectiva e individual que se “hereda” de una generación a otra. ¿Qué hace que en este país sin una historia de dictadura hayan perecido más de 300 mil personas en una guerra interna entre facciones armadas?, una guerra que ha llegado a provocar la errancia de 6 millones de desplazados internos. En el 2020 se registraron 63 masacres reportadas ante la ONU.

Quizá algunos elementos de respuesta se encuentren en el propio relato de la guerra, en la forma como fuimos aprendiendo lo que originó la guerra: ¿quién disparó primero? ¿Quién murió primero? ¿Quién no es culpable? Cuando analizamos la historia de los orígenes de la guerra en Colombia, rápidamente podemos constatar que durante décadas – de alguna forma- todas y todos nos sentimos responsables del fracaso de nuestra comunidad política. Ello puede explicar por qué mucho(a)s se sintieron incapaces de designar lo(a)s responsables de esta guerra fratricida. Lo anterior contribuyó a que asistiéramos a una responsabilidad difusa de los actos, de las decisiones y de las ordenes que han sembrado de muerte nuestros campos.

La noción de "responsabilidad difusa" procede de la psicología y social, a finales de los años sesenta tras el caso de Kitty Genovese para explicar el “síndrome del testigo” (effet bystander). Según esta noción, ante un acto violento o un delito, a menudo se tiende a dividir la responsabilidad personal por el número de testigos presentes. Así, cuantos más testigos haya, más individuos tenderán a no actuar y a considerar que otro lo hará por ellos. Me atrevo a decir que este síndrome acompañó el análisis de la guerra en Colombia durante más de 40 años dado que en este país tendemos a ….

En Colombia, la teoría de la violontologia presentada en la obra La Violencia en Colombia (1962-1964)1, ampliamente desarrollada a partir de los años 60 construyó un enfoque sociológico que terminó por ofrecer una explicación casi biológica de la violencia como un hecho estructural y casi genético de cierta naturaleza del carácter tanático de la sociedad colombiana. Recuerdo que en los 80 y 90 (siendo adolescente) se hablaba de la “cultura violenta” del colombiano, como si nuestra condición genética nos hubiese condenado a 100 años de guerra. a una guerra infinita?

Este enfoque de "La Violencia" (que no es el que prima hoy en los estudios contemporáneos) provocó una "responsabilidad difusa" respecto de los actos violentos en Colombia. Es decir, la teoría de la Violencia contribuyó (sin ser su intención, sino un efecto "colateral") a que durante décadas fuera posible establecer la responsabilidad individual de los actos criminales (desaparición y desplazamiento forzado, masacres, magnicidios...). Ello se debió a que ante la pregunta "¿Por qué la violencia?" se respondió que existía un “ser violento colombiano"; una "visceralidad subjetiva" y una "ignominia estructural". La sociedad colombiana se presentaba, así, como un cuerpo atacado por un virus y el papel de los científicos sociales sería estudiar y descubrir la enfermedad para encontrar la cura.

Afortunadamente, hoy hemos ido avanzando en la comprensión de las causas de esta guerra. A partir del 2016 -tras la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno nacional y las Farc- se puso en marcha un marco jurídico que incluye los mecanismos de la Justicia Transicional tales como la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas y la Unidad para las Víctimas (UBPD) y Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición (CEV) y desde los cuales se ha ido restableciendo el lento proceso de “exhumación” de los culpables: ¿Quién dio la orden? ¿Quién tiró del gatillo? ¿Quién financió las armas?

Para lograr la justicia, es fundamental establecer quién o quiénes son los responsables: sus nombres, sus motivaciones, especialmente en el contexto de un proceso de post-conflicto. Sin establecer la responsabilidad no habrá justicia y sin justicia no habrá un proceso de reparación exitoso y sostenible.

Se trata de una exigencia ética y política que no puede ser postergada, pues, como lo recuerda Hannah Arendt2, se trata de reflexiones éticas y morales sobre el deber de una sociedad y de una generación de establecer la responsabilidad política y su capacidad de juzgar las acciones de los demás, ante los crímenes cometidos contra la humanidad. Para lograr lo anterior, hay que superar dos grandes sofismas: el primer sofisma consiste en supone que “ser tentado y ser forzado es casi lo mismo” y el segundo, en presuponer que “nadie puede juzgar” (¿quién soy yo para juzgar?).

Según Arendt, detrás del primer sofisma se oculta la idea de que nadie es libre, de que cada individuo está inscrito o articulado a algo mayor que él mismo y, por tanto, sus acciones no pueden ser enteramente su responsabilidad. La idea del "engranaje del sistema" está muy arraigada en la mente de las personas y siempre nos lleva a culpar a la historia o a las ideologías en boga. En el segundo sofisma se hace presente el ancestral miedo a juzgar, este se acerca a los paradigmas establecidos en las escrituras bíblicas (“el que está libre de pecado que arroje la primera piedra”).

Estos argumentos desarrollados por Arendt nos acercan a la noción de "responsabilidad difusa" en la medida en que durante mucho tiempo los testigos de la guerra colombiana (las y los colombianos) remitieron la culpa a una especie de mano invisible que juega con nuestros destinos; a "una especie de necesidad misteriosa que trabaja a espaldas de los hombres y confiere a todo lo que hacen una especie de sentido profundo" (Arendt, 2009 p. 59) que va más allá de la justicia de los jueces y de los ciudadanos. En cierto modo, la aceptación implícita -en los discursos académicos en torno a la Violencia- de una responsabilidad colectiva tuvo como resultado la absolución eficaz, aunque inesperada, de los que si habían obrado a favor de la guerra.

Por suerte estamos en una nueva época, con los Acuerdo de Paz se inició en Colombia un trabajo de reflexión en torno a la memoria, la reparación y el derecho a la verdad de las victimas del conflicto, y las Cortes de justicia, a nivel interno, han tenido que acoger los lineamientos de la Justicia Transicional (JEP)3. A ello se suman los trabajos adelantados por los centros de investigación, las universidades y la propia sociedad civil (constituida en colectivos y/o asociaciones). De suerte que hoy en Colombia no solo es un imperativo el establecer las responsabilidades individuales, sino también colectivas (empresas y/o gremios) y estatal (agentes del Estado) frente a la violación de los Derechos Humanos.

El Estado colombiano no puede eludir el juicio ante su responsabilidad (por acción o por omisión) frente a los crímenes cometidos en contra sus ciudadanos. Pues como nos recuerda Arendt, existe una responsabilidad que todo gobierno debe asumir frente a las acciones de sus predecesores y en nombre del Estado por las acciones del pasado.

Paris, 24 de marzo 2021

1 Algunos de los más conocidos teóricos de este paradigma explicativo fueron Monseñor Guzmán, Umaãa Luna E., Fals-Borda, Palacio Marcos, Sánchez G., Molano. Una lectura crítica acerca de la obra se encuentra en el artículo de Jefferson Jaramillo Marín ver : http://www.indepaz.org.co/wp-content/uploads/2014/03/6.-Jefferson-El-libro-La-Violencia-en-Colombia.pdf.

2 Arendt Hannah Arendt (2009), Responsabilité et jugement, Paris, Petit biblio Payot.

3 Acerca de la Justicia transicional ver: Gina Kalach, Las comisiones de la verdad en Colombia https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6731090

 

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