Osorno
Publicado Julio 25, 2020
Salud Mental en Osorno: Estado actual y retos futuros

La pandemia que ha generado impacto en la salud física de la gente, ha traído como secuela impactos emocionales asociados a los cambios de vida y de rutina, afectando tanto a la población infanto adolescente, como adulta y adulta mayor, quienes han debido cambiar la forma de estudiar, trabajar, vincularse, despedir a sus seres queridos y hasta de amar.

Por Nicol A. Barria-Asenjo, Teresa Reyes Gallardo y Pedro Fritz.

Desde temprana data la humanidad se ha visto confrontada con el innegable poder la naturaleza, las generaciones anteriores a la nuestra -específicamente en Chile- tuvieron que generar una suerte de modificaciones importantes en su sociedad, esto en principio se debió a los hitos históricos cargados de pérdidas y sufrimientos humanos.

Las primeras epidemias que tuvieron que enfrentarse en Chile, si bien, dejaron desastres inimaginables y devastadores, sirvieron para que se implementaran diferentes medidas a favor de la salud física y mental de los individuos: programas de higienización, mejoras en las construcciones de los hospitales, implementación de nuevos materiales y medicamentos, etc. Lo curioso es que, en medio de la crisis, los chilenos nos olvidamos de este punto, solo vemos lo negativo e incluso, aunque esto parezca un poco ridículo, en muchos casos se escucha hablar de “la primera” epidemia que ataca y corrompe a la humanidad. Esto no es así, recordemos la conocida “peste bubónica” que duró poco más de 100 años y trastoco todas las esferas que componen a la sociedad del mundo entero. En Chile, contamos con epidemias de sarampión, de influenza, y otras tantas. Efectivamente estamos ante un fenómeno desconocido, pero es unos más de los muchos que han llegado a impactar a la humanidad.

Creemos que el efecto que ha generado a nivel psicológico esta pandemia se produce por el avance del mundo, un mundo globalizado lleno de avances tecnológicos, donde lo habitual es que los habitantes, principalmente del mundo occidental mantengan un correr acelerado, en el cual se creía que el hombre era lo más cercano a una figura de Dios. El choque de esta pandemia llega a demostrar la extrema fragilidad, vulnerabilidad y la debilidad que hay en el hombre contemporáneo. La ciencia y sus avances poco sirven, los avances tecnológicos, quedaron desechados. Al estar inmersos en este escenario en el cual todo el mundo está a la deriva, comenzó a emerger la desesperanza, la angustia, crisis de pánico, estrés.

 Luego…. con el aislamiento social obligatorio, los grupos humanos debieron enfrentarse a sí mismos,  lidiar con sus soledades, tolerar y convivir a diario con compañías obligatorias, con social reducido e incluso prohibido. Lo cotidiano, las vidas que se llevaban se detuvieron abruptamente sin otra opción que permanecer encerrados en casa. Sin respuesta es momento de hacernos preguntas, en palabras de Nicol A. Barria-Asenjo (2020) encontramos: “ Cuando nuestro presente impregnado de angustia, melancolía y desesperanza se transforme en un presente que debe comenzar a construir los cimientos de esa nueva normalidad, cuando el virus deje de andar por ahí causando estragos y cobrando vidas ¿se podrá tener un aprendizaje significativo que pueda heredarse a las generaciones futuras? ¿Este trauma psicosocial que nos toca enfrentar será el causante de otro tipo de crisis psíquicas para esos que vienen después de nosotros? ¿A la luz de nuestros recursos y decisiones internacionales estamos en posición de pensar en un futuro de la humanidad?”.

Otro punto a considerar por el lector es que en medio de la pandemia, un grupo de 19 investigadores de un total de 9 países latinoamericanos, al ver la escasa participación e interés por parte de las autoridades  en el campo de la salud mental, elaboraron un documento titulado “Abordaje Psicológico del Covid-19: Una revisión narrativa de la experiencia Latinoamericana” Donde señalan: “Una década después de la Gripe A (H1N1) estamos enfrentando la segunda pandemia global del siglo XXI: en diciembre de 2019 el nuevo coronavirus (COVID-19) comenzó su rápida expansión cobrando la vida de decenas de miles de personas en todo el planeta2 . Las medidas dispuestas en la mayor parte de las naciones afectadas han puesto “en suspenso” nuestra vida cotidiana, nuestras agendas, nuestros hábitos, por un plazo que resulta difícil de determinar con certeza.

Es posible afirmar, recurriendo a las categorías propuestas por Reinhardt Kosselleck (1993), que se ha abierto una amplia brecha entre nuestro espacio de experiencias y nuestro horizonte de expectativas. Los medios de comunicación masiva actualizan permanentemente las cifras de infectados y de víctimas fatales, e informan sobre las medidas que los estados nacionales disponen para enfrentar esta situación que diversos gobernantes han comparado con una guerra contra un enemigo o asesino invisible”

Como no escapara a su atención, la iniciativa por parte de la disciplina psicológica no tardó en intentar dar respuesta o acercarse al dilema, las producciones teóricas y científicas de este saber llegaron casi tan pronto como la pandemia a las tierras chilenas, la contracara de esto, es el nulo aporte a la problemática. Mientras el virus seguía atacando a la ciudadanía ¿realmente importaba que los académicos estuvieran concentrados escribiendo? La respuesta es no. Por supuesto, al menos en el tiempo presente, no hay aporte alguno, sin embargo, para la construcción de la historia del país, los aportes son invaluables.

Luego de este recorrido teórico, o esbozo teórico, es necesario acércanos a la realidad local, y tomar un tema que lamentablemente ha sido poco considerados, la salud mental de los chilenos es un tema que debiera ser foco del gobierno, de los municipios, incluso de los programas, sin embargo, no lo es. Incluso en medio de esta pandemia, cuando la salud mental de todos se ha visto impactada por este enemigo invisible, se sigue poniendo énfasis en otros temas. Los efectos psicológicos de esta pandemia aún están en proceso, las consecuencias de estos periodos de aislamiento, la crisis económica que se viene para el país, tendrá consecuencias en los individuos. Negarlo es intentar tapar el sol con un dedo.

Salud Mental en Chile en Tiempos de Covid

La pandemia del coronavirus (COVID-19) nos ha puesto en una situación nunca antes vivida. Frente a su explosivo avance, gran cantidad de países, incluido el nuestro, han implementado diversas medidas para enfrentar la pandemia y adecuarse a este complejo escenario. Una de las primeras medidas tomadas por las autoridades para proteger a las personas es el aislamiento físico (confinamiento), que según los expertos, es la más eficiente a la hora de evitar los contagios, pero que trae consigo algunos efectos colaterales como modificar las rutinas, actividades, hábitos, produciendo en muchos casos desde estrés hasta cronificar patologías de salud mental pre-existentes.

En general, el mundo globalizado nos expone día a día a elementos que generan estrés, pero la pandemia por Covid-19 se ha transformado en el principal estresor actual, debido a la incertidumbre que genera, ya que es una situación totalmente inédita. Si a esto le sumamos otros miedos tales el contagio, enfermarse, el fallecimiento de personas cercanas, las dificultades socioeconómicas, laborales, la sobrecarga de roles, el trabajo y la educación a distancia, la excesiva exposición a los medios de comunicación, los cambios en el estilo de vida, el confinamiento, la necesidad de distanciamiento físico, entre otros, el sentir angustia, rabia, ansiedad, dificultades para concentrarse y dormir, incluso sintomatología depresiva, no son la excepción a la regla entre los chilenos.

Cuando hablamos de esta pandemia, podemos compararla con un tsunami, que trae varias olas en sí mismo: la primera ola de la pandemia por Covid-19 hace referencia a la enfermedad y mortalidad asociadas directamente al virus (Covid-19), la segunda ola del impacto es la restricción de recursos en patologías urgentes no covid-19, la tercera ola nos habla del impacto en la suspensión que existe en los pacientes con enfermedades crónicas y la cuarta ola nos da cuenta del trauma psíquico, los trastornos mentales, el burn-out y la crisis económica asociada a la pandemia.

Si a esto le sumamos que nuestras tasas de depresión ya son elevadas comparadas con otros países de la región, no es de extrañar que gran parte de la población se encuentre sometida a altos niveles de estrés. Además somos uno de los países que menos invierte en salud mental, por lo que esta cuarta ola se visualiza como una nueva pandemia.

En datos pre-pandemia, la Encuesta Nacional de Salud (ENS) 2017 indica que la depresión a nivel nacional alcanzaba a un 6,2% de la población, por otro lado, un estudio realizado por Rossi et al. (2019) señala que el 14,4% de los jóvenes entre 15 y 24 presentan sintomatología depresiva, aumentando a un 28% en el contexto universitario. En el caso del adulto mayor, la depresión alcanza los mismos niveles nacionales según Riesco (2015), pero se ven aumentados si estos se encuentran hospitalizados o institucionalizados hasta alcanzar un 20%.

En datos actuales, la encuesta Termómetro Social realizada en conjunto por el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social y el Núcleo Milenio en Desarrollo Social, efectuada en junio de 2020, muestra que un 49,3% de la población cree que su estado de ánimo ha empeorado durante la pandemia, datos que de por sí ya son alarmantes.

Si este resultado lo dividimos por sexo, un 42,8% de los hombres indica un empeoramiento de su salud mental, mientras que en las mujeres la cifra alcanza un 55,6%. Siendo las cifras muy altas en ambos sexos, estas diferencias se explicarían debido a que las mujeres cumplen una multiplicidad de roles, además de ser más pobres, ganar menos y que les afecta de mayor manera el desempleo. Este contexto aumenta sus niveles de ansiedad y cuadros depresivos.

Es por esto que decimos que las condiciones materiales y sociales crean psiquismo. El mantenerse en contextos hostiles de forma sostenida puede aumentar la probabilidad de sufrir patologías tales como ansiedad, depresión, TEPT e incluso riesgo suicida. Situaciones adversas socioeconómicas y culturales a nivel nacional y global, como lo es una pandemia y una crisis económica mundial, son circunstancias que aumentan estás probabilidades. La precarización de los trabajos, la dificultad en el vínculo debido al aislamiento físico e incluso la sobrecarga y desgaste existente, por ejemplo, en los profesionales del sector de la salud, tendrá un gran impacto psicológico y social (Martínez, 2020; Gonzalez-Castro, Escudero-Acha, Peñasco, Leizaola y  Sánchez, 2020).

Este impacto psicológico, se transformará en una nueva pandemia post coronavirus, que generará costos asociados de forma directa (tratamientos psicológicos, farmacológico, entre otros) e indirectas (ausentismo laboral, menor productividad, sobre utilización de los servicios de salud y enfermedades asociadas) (Chisholm et al., 2016). Este aumento de enfermedades mentales significará una mayor demanda de la salud pública, por lo que el sistema de salud debe estar preparado y reforzar estas áreas pensando en la post pandemia.

Es por esto, que se debe implementar un plan de intervención en salud mental eficiente con el fin de prevenir o reducir el impacto generado por el paso del coronavirus, tanto desde una perspectiva individual como social, que de ser gestionado a tiempo se transforma en una inversión en Salud Pública y Políticas Sociales a mediano y largo plazo.

Esbozo de lo Local….Osorno hoy y mañana.

Si se reflexiona en torno a que lo normal es aquello que se considera natural, que es lo común y hasta rutinario, se acepta como parte de la vida cotidiana, estableciendo el modelo de “lo que debe ser”, sin mayores cuestionamientos.

Desde la lógica anterior, es normal ir al centro de salud como usuario, atenderse con su tratante, retirar o no sus fármacos si corresponde y esperar hasta el próximo control según la indicación médica. También es cotidiano para los tratantes atender a su usuario según un plan de tratamiento e ir evaluando los procesos en cada sesión. En ambos encuentros se puede observar una acción casi mecánica.

¿Pero qué ocurre cuando esta norma de funcionamiento tradicional se ve afectada por una pandemia que obliga un repensarse en torno a cómo realizar un proceso terapéutico? ¿Existe la flexibilidad tanto del profesional como del usuario para adaptarse a un cambio en la forma de hacer?

La Salud Mental en la ciudad de Osorno ha pasado por muchos cambios de modelo y ha tenido que irse reinventando periódicamente.

En la década de los ‘70s, cuando se crea el primer Centro de Psiquiatría en la ciudad, con la llegada del Dr. Ricardo Honorato, quien instala un modelo comunitario con la indicación de que las atenciones debían realizarse en el territorio y no en el establecimiento, marcó un cambio a la normativa de las atenciones de salud de la época, lo que culminó con su detención para el Golpe de Estado y posterior incendio y pérdida del edificio en 1973. Donde se fracturó la relación del sistema de salud con la persona atendida al convertir al nuevo Hospital en un centro de detención y tortura.

En los años ‘80s el modelo de salud fue totalmente biomédico, por lo que la población usuaria se adaptó a esta nueva forma de salud con mirada hospitalaria, donde a la persona se le decía lo que tenía y cómo debía proceder, quitándole poder y conocimiento sobre su propia dolencia.

En los ‘90s la salud mental se reinstala con la llegada de la democracia y la creación del Centro de Salud Mental de Osorno, no obstante, el modelo sigue siendo básicamente biomédico con atractivas apuestas de cambio validadas por las agrupaciones de usuarios de aquel entonces.

Ya en la década del 2000, se reinserta nuevamente el modelo comunitario, cuyo llamado es a volver al territorio y pone al sujeto como actor y experto en su problema de salud y que permite, a futuro, la creación de los Cosam Oriente y Rahue en la ciudad de Osorno.

Hoy, cuando la gente sale a la calle, empoderada de sus derechos y canalizada sus demandas a través del estallido social ocurrido el 18 de octubre de 2019 y pareciese que se viene un nuevo cambio en las dinámicas sociales, esta vez propiciado desde las bases, aparece esta pandemia que genera una resignificación en torno al cómo convivir y que obliga a la población a retraerse y encerrarse, donde lo ganado en términos de unión debe dejarse de lado para preservar la vida.

Si se mira la historia de la salud mental en la ciudad, ésta ha cambiado la norma de relacionarse tantas veces, que se podría creer que la adaptación es parte natural de ella, pero cuando el cambio se asocia a riesgo de muerte y al miedo por el contagio, la dinámica se altera y ser funcionario de salud, y de salud mental, cobra una importancia significativa a la hora de intervenir con la población.

La pandemia que ha generado impacto en la salud física de la gente, ha traído como secuela impactos emocionales asociados a los cambios de vida y de rutina, afectando tanto a la población infanto adolescente, como adulta y adulta mayor, quienes han debido cambiar la forma de estudiar, trabajar, vincularse, despedir a sus seres queridos y hasta de amar.

Es acá como la salud mental aparece y se valida como un tema transversal en la vida humana, que va más allá que una política de salud mental para contingencia tardía, ya que el trabajo con las personas debe hacerse paralelamente y no esperar a que aparezca el síntoma, como es el caso del alto consumo de alcohol y otras drogas que se han generado para sobrellevar la situación o las metástasis del cáncer que dejó de ser tratado, porque la persona tiene miedo de infectarse si va a su control al Hospital Base de la ciudad, abandonando, con ello, su tratamiento.

Entonces estamos ante un contexto de dolor, de incertidumbre, de pena, miedo y rabia, todos sentimientos legítimos ante una vaga proyección de cómo será el futuro, por lo que la humanización de la salud y de cómo incorporar a la persona en su propio proceso de sanación es el nuevo camino de acercamiento y vinculación y que se da desde el contexto en que hoy, a diferencia de antes, tanto el usuario como el tratante comparten el mismo riesgo de contagio, por lo que se genera un lenguaje común y de entendimiento del sentir de otro.

Un lenguaje que hace que el equipo de salud vaya a la casa a dejar los fármacos, que incorpore la llamada telefónica, la videollamada o la visita como una forma de hacer salud, entendiendo la posición de esa otra persona que no se atreve a salir de su casa, comprendiendo una historia detrás que le inmoviliza, y que puede estar asociada a dictadura, terremotos, erupciones volcánicas y tantas otras cosas que ocurren a lo largo de este país.

La pandemia ciertamente ha traído mucho dolor asociado al daño por el quiebre de muchos proyectos vitales, muchos de ellos asociados a un modelo neoliberal que no ha permitido otras opciones, que cosifica al ser humano como un objeto de lucro, donde la valía se mide por el recurso económico y no por sobre otros valores, pero también la pandemia, así como la lluvia osornina que limpia y purifica, nos ha mostrado de otras cosas que hace tiempo dejamos de ver como es a quien tenemos al lado y, también, ha permitido verme a mí mismo, con toda mi fragilidad y necesidades.

Hoy, más que nunca, el tratante y el usuario/a somos iguales.

Referencias.

Barria-Asenjo, N. A (2020) Covid-19 en Latinoamérica: Una exploración desde la Perspectiva de Slavoj Žižek. International Journal of Žižek Studies. Recuperado de:  http://zizekstudies.org/index.php/IJZS/article/view/1172

Barria-Asenjo, N. A (2020) Cuando el presente se convierta en recuerdos. Nuestra Republica. Recuperado de: https://nuestrarepublica.org/2020/06/27/cuando-el-presente-se-convierta-en-recuerdos/

Barria-Asenjo, N. A y Žižek, S (2020) Diálogo con Slavoj Žižek:¡ Pandemia! en Latinoamérica. International Journal of Žižek Studies. Recuperado de: http://www.zizekstudies.org/index.php/IJZS/article/view/1180

Scholten, H. ., Quezada-Scholz, V. E., Salas, G., Barria-Asenjo, N. A. ., Molina, R., García, J. E., Juliá Jorquera, M. T., Marinero Heredia, A., Zambrano, A., Gómez Muzzio, E., Cheroni Felitto, A., Caycho-Rodriguez, T., Reyes Gallardo, T., Pinochet Mendoza, N., Binde, P. J., Uribe Muñoz, J. E., Rojas Jara, C., Bernal Estupiñan, J. A., & Somarriva, F. (2020). Psychological Approach to COVID-19: A Narrative Review of the Latin American Experience. Revista Interamericana De Psicología/Interamerican Journal of Psychology, 54(1), e1287. https://doi.org/10.30849/ripijp.v54i1.1287

Chisholm, D., Sweeny, K., Sheehan, P., Rasmussen, B., Smit, F., Cuijpers, P. & Saxena, S. (2016). Scaling-up treatment of depression and anxiety: a global return on investment analysis. The Lancet Psychiatry, 3(5), 415–424

Gonzalez-Castro, A., Escudero-Acha, P., Peñasco, Y., Leizaola, O. y  Sánchez V. (2020). Cuidados intensivos durante la epidemia de coronavirus. Medicina Intensiva. Doi: https://doi.org/10.1016/j.medin.2020.03.001

Margozzini P & Passi A. (2018). Encuesta Nacional de Salud, ENS 2016-2017: un aporte a la planificación sanitaria y políticas públicas en Chile. Ars Medica, Revista de ciencias médicas 43, (1) 30-34.

Núcleo Milenio en Desarrollo Social (DESOC), Centro de Microdatos  (CMD) y Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) (2020). Termómetro Social. Recuperado de https://b6323ffa-7fb7-4415-b07a a0afa49c7f3f.filesusr.com/ugd/a52fe7_8d9420293d9f4566a1f9aa59d337c077.pdf?index=true

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Rossi, J., Jiménez, J., Barros, P., Assar, R., Jaramillo, K., Herrera, L., Quevedo, Y.,… Martínez, F. (2019). Sintomatología depresiva y bienestar psicológico en estudiantes universitarios chilenos. Revista médica de Chile, 147(5), 579-588. https://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872019000500579

Autores de la Columna.

Teresa Reyes Gallardo. Universidad Santo Tomás sede Osorno.

Pedro Fritz. Trabajador Social, Magíster en Psicología Social, mención en Intervenciones Psicosociales, Jefe Cosam Oriente de Osorno

Nicol A. Barria-Asenjo. Columnista en Le Monde Diplomatique Edición Chile y en Nuestra República. Revista Cuadernos de Neuropsicología. Asociación Chilena de Revistas Científicas de Psicología.

Nota: Los tres autores residen en la ciudad de Osorno, Chile. Están fuertemente involucrados e interesados en diferentes temáticas de la salud mental del país. Pueden ser contactados en los siguientes correos electrónicos. 

 Teresa: mtreyesg@gmail.com                        

 Pedro: pedro.fritz@gmail.com

Nicol: nicolbarria05@gmail.com